sábado 28  de  marzo 2026
OPINIÓN

Turismo sobre víctimas

A los visitantes podrán inventarles cualquier historia, pero las voces de las víctimas jamás podrán ser silenciadas

Por NINOSKA PÉREZ CASTELLÓN

“Jamás olvidaré ese silencio nocturno que me privó para toda la eternidad del deseo de vivir. Jamás olvidaré esos momentos que asesinaron a mi Dios y a mi alma y convirtieron mis sueños en polvo.” -Elli Wiesel sobreviviente del Holocausto y Premio Nobel de la paz.

Tal parece que la humanidad no aprende y la crueldad florece en una isla caribeña llamada Cuba sin respeto alguno por las víctimas.

El turismo en Cuba ha disminuido considerablemente, a pesar de los miles de millones de dólares que se han gastado, no en mejorar la infraestructura y los servicios básicos a la población, pero en construir lujosos hoteles. En una Cuba a oscuras, con costosísimos hoteles vacíos por el mal servicio y el olor a represión, el primer ministro del régimen, Manuel Marrero Cruz nos da su versión de porque no hay turismo en Cuba:

“No por gusto los enemigos de la revolución se han empeñado en destruir el proyecto, en desacreditar el turismo porque saben lo que representa un turismo prospero, generando ingresos y además dominan todo el potencial que tiene Cuba como destino turístico.” Así de simple lo dice el compañero Marrero, la culpa no es de ellos, supongo será nuestra.

No importa si un canadiense se ahoga en el mar y dejan su cadáver en la arena bajo el sol durante ocho horas. Ni que su familia pague $10,000.00 a una funeraria para que sus restos sean devueltos a Canadá y el muerto termine en un remoto pueblo en Rusia. Tampoco los asaltos, o la joven a la que le cayó un pedazo de techo en la nariz la noche antes de su boda y lo más visible en las fotos de las nupcias era el vendaje en su rostro y no su vestido. Ni la anciana que se despertó durante la noche y resbalo rompiéndose la cadera porque el suelo de la habitación se había inundado a consecuencia de una tubería rota. Basta leer la prensa canadiense para conocer historias de horror de los que les vendieron a Cuba como un paraíso de ron y sol. Pero según el estado cubano, estas son pequeñeces que no deben impedir que los capitalistas dejen sus dólares en la isla del diablo.

Los ministros están tan agobiados que hablan sin pensar. Me imagino el estrés de buscar soluciones a la inminente crisis. Debe ser por eso, que el ministro de turismo, Juan Carlos García Granda, propuso “visitar castillos” cubanos, (se le olvidó también mencionar las ruinas), pero según él, esto “constituye hoy motivo más que sobrado para quienes en el mundo planifican vacaciones con tintes de historia y cultura como ocurre por estos tiempos en Cuba”. La imagen que acompaña el post del ministro en las redes es la del Castillo conocido como la Fortaleza de la Cabana.

El sugerido destino turístico es precisamente la sede que le gano al nefasto Che Guevara el título del “Carnicero de la Cabana”, porque fue allí donde se instaló al comienzo de la revolución y sin juicios, pruebas, e inclusive con datos irrefutables de inocencia, se sació derramando sangre cubana ante el infame paredón. Los que duden pueden buscar en la internet el video de su comparecencia ante la Asamblea General de Naciones Unidas, en su propia voz cuando desafiante proclamo; “Fusilamientos sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. ¡Nuestra lucha es una lucha a muerte!”

A la invitación del ministro de turismo en la plataforma X le respondí que, porque no aclaraba que en ese castillo donde ahora celebran fiestas y ferias, fusilaron y encarcelaron a miles de hombres y pregunté si se lo informaran a los visitantes. ¿Les contarán a los turistas ávidos de conocer la historia, que cuando los familiares llegaban en las mañanas aún veían la sangre impregnada en los antiguos adoquines de quienes habían fusilado esa madrugada? ¿Les contarán de la angustia de la tajante orden que escuchaban los demás prisioneros al oír los disparos contra el pecho del condenado? ¿Mencionara que gran parte de esos hombres, jóvenes estudiantes en su mayoría, antes que las balas terminaran con sus vidas lanzaban desde lo más profundo de su ser el grito de Viva Cristo Rey? ¿Mencionaran la profunda desolación de los demás presos al escuchar los disparos contra sus compañeros y el final y mortal tiro de gracia? ¿Les contaran de la famosa frase del Che Guevara? Si el acusado había vestido el uniforme del antiguo ejército o policía, hubiese pruebas o no para ponerle fin a su vida, la orden era siempre: “Ese va de a viaje!”

Por supuesto que el ministro me bloqueo en la red X. Censurar, aplastar la verdad, evitar que se conozca el abultado expediente de los crímenes cometidos es parte del macabro juego de las dictaduras. Difamar, calificar de terroristas, desacreditar son las ya gastadas armas a las que acude un régimen decadente como el de Cuba. En Alemania, los que otrora fueron campos de exterminio son hoy sagrados. La solemnidad se respira al pisar el suelo donde hubo tanta crueldad y se padeció tanto dolor. Ahí están para la posteridad, no como centros turísticos para bailar y gozar, pero como eternos recordatorios de lo que sucede cuando se carece de empatía y dignidad humana. No así en Cuba, donde promueven turismo sobre las víctimas, ese eterno carnaval donde la vida no vale nada y ahora pretenden sacar beneficio económico borrando un pasado cruel y sangriento.

A los visitantes podrán inventarles cualquier historia, pero las voces de las víctimas jamás podrán ser silenciadas. El sufrimiento, las torturas, las golpizas, la barbarie y el ensordecedor ruido de los disparos serán los fantasmas que acompañen a los visitantes en el Castillo de la Cabana. Algo así como el recorrido del fantasma del manifiesto del fracasado comunismo que vio el comienzo de su fin en la fuerza de un pueblo que un día decidió un hecho tan simple como el de derribar un imponente y oprobioso muro en una ciudad dividida llamada Berlín.

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