El presidente Donald Trump ha empezado el nuevo año tratando de sortear una de las mayores amenazas políticas desde que asumió la jefatura del país: una oposición que promete sacudir su gestión por los próximos doce meses.

La demócrata Nancy Pelosi es una decana de la gestión legislativa y ahora la voz y personalidad más fuerte de su partido.

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Como presidenta de la Cámara de Representantes, por segunda vez en su carrera, será una crítica acérrima de la presidencia de Trump.

Pelosi, quien es seis años mayor que el mandatario, conoce todos los secretos de Washington y le gana en experiencia tanto a él como a cualquiera de sus asesores estrella.

El inquilino de la Casa Blanca por su parte está plenamente consciente del desafío que tiene por delante y tal vez por eso, sorprendentemente, comenzó tomando un camino conciliatorio, al afirmar que esperaba trabajar con Pelosi para garantizar un gobierno sin contratiempos. Sin embargo, es poco probable que esa premisa se mantenga con el paso del tiempo.

El Presidente se ha puesto en una difícil posición al negarse a considerar cualquier forma de convenio, compromiso, sobre su deseo de construir un muro a lo largo de la frontera con México, mientras la nueva presidenta de la Cámara ya ha indicado que nunca aprobará una financiación mayor para el muro, solo una financiación limitada para mejorar las cercas existentes y la seguridad fronteriza.

El problema para Trump es que Pelosi y los demócratas en el poder en la Cámara tienen buenas cartas para continuar ese arriesgado juego.

Es cierto que Trump puede usar el poder de su veto para impedir que este tipo de ley aprobada por la Cámara tenga, pero si lo hace, cada vez que se enoje con Pelosi, su administración se paralizará.

Todo parece indicar que al final el Presidente tendrá que buscar un entendimiento con los demócratas.

¿Pero habrá un convenio final sobre el muro? A estas alturas del partido, tanto Trump como Pelosi parecen estar interesados en demostrar los alcances de su poder.

Eso puede cambiar en cualquier momento, pero quien retroceda primero perderá influencia política.

A medida que Trump comience centrarse en su campaña de reelección para 2020 querrá evitar socavar el apoyo de sus partidarios más conservadores, quienes están convencidos de que un muro es vital para la seguridad de Estados Unidos.

Mientras tanto, Pelosi, quien cuenta con cuatro años por delante, está al tanto de que como líder de la Cámara, tiene una oportunidad única, no solo para frustrar los sueños políticos del jefe de Estado, sino también para desempeñar un papel crucial a fin de reactivar las esperanzas del Partido Demócrata e impulsar las posibilidades de los potenciales candidatos, de cara a los comicios de 2020, una vez comiencen a lanzarse al ruedo electoral.

La senadora Elizabeth Warren, la primera demócrata en hacer público su deseo aspirar a la presidencia del país en contra Trump, seguramente se beneficiará al tener en su campo a una mujer tenaz y efectiva como Pelosi para luchar en contra del Presidente.

Mucho también dependerá, por supuesto, del liderazgo del Senado, donde los republicanos ahora tienen una mayoría ligeramente mayor, después de las elecciones de mitad de período en noviembre.

Los miembros de la Cámara Alta seguirán siendo leales a Trump pues no tienen otra alternativa. Pero si gobernante se vuelve cada vez más antagónico, amenazando con cierres del gobierno o con la” opción nuclear,” cada vez que no logre salirse con la suya, podría ocasionar que esos mismos líderes republicanos que hoy lo apoyan, empiecen a persuadirlo para que adopte una posición más conciliadora, aunque solo sea para asegurar que la administración pueda avanzar.

Una guerra total con Pelosi y los demócratas en la Cámara podría impactar en la forma en que las personas decidan votar en las elecciones de 2020, especialmente si como resultado de la confrontación política algunas de las promesas clave de la campaña de Trump para 2016 no se materializan, como el muro de México y la reconstrucción de la envejecida infraestructura estadounidense.

El presidente Barack Obama y los demócratas en su momento aprendieron esa lección en 2016, cuando les tocó enfrentar los cierres de gobierno y cuando llegó el momento en que los votantes seleccionaban un nuevo presidente, voltearon los ojos a Trump y los republicanos para que hicieran un mejor trabajo.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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