Las recientes sanciones del Gobierno del presidente Donald Trump contra las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela, denominadas el eje de los “Tres chiflados del narco terrorismo” en América Laina, ha despertado mucho interés en nuestras comunidades, en especial en la diáspora venezolana, quienes presagiamos nuevas medidas más duras, las cuales puedan ser un factor importante en el aceleraramiento del proceso de salida del dictador Maduro.

Frente a este nuevo hecho político de solidaridad con nuestra causa común, por parte del Gobierno de Estados Unidos, debemos hacer algunas reflexiones en voz alta, como una contribución al debate democrático permanente de ideas y sugerencias del ¿Qué Hacer?

Todas las posibles acciones para impulsar la ruptura y caída del régimen deben ser analizadas y tomadas en cuenta, con un criterio de amplitud y de realismo frente a cada una de ellas. Sus posibilidades, factibilidad y desarrollo práctico, viabilidad y reacciones locales e internacionales. Ninguna puede ser vista como la panacea final, sino sumamente estudiada, sin posturas emocionales y sentimentales, a la luz de sus posibilidades de éxito a corto, mediano y largo plazo.

Existe un tema “diabolizado” y manejado sistemáticamente por quienes la utilizan como un factor execrado de ser tomado en cuenta a la hora de cualquier postura política definitiva. Se trata del llamado diálogo, entre factores del régimen y miembros de la oposición democrática en Venezuela. Término fustigado y rechazado por quienes mantienen una posición radical.

Si históricamente el diálogo ha sido un instrumento de búsqueda de soluciones prácticas a las situaciones de crisis en otros países con notable éxito, convirtiéndose en la forma adecuada y más usada en el mundo diplomático, en cada una de sus experiencias mundiales, por qué desecharlo de una buena vez, cuando al final podría ser el desenlace del “juego trancado” en una controversia antagónica y altamente polarizante como la que sufre Venezuela.

Cito algunos ejemplos de actualidad. La posibilidad de una tercera guerra mundial producto de un enfrentamiento bélico, con el uso de armas letales nucleares, entre Corea del Norte, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos, que tuvo al mundo en vela y angustia durante varios meses, fue disipado y minimizado, gracias al diálogo fructífero entre el presidente Trump y el líder norcoreano King Jong-un, apoyados por los líderes de Japón, Corea del Sur y la República Popular de China comunista. Hoy se desarrollan y se implementan los acuerdos políticos alcanzados entre estas naciones. No hubo muertos, ni herido alguno y el mundo sigue feliz en paz. Feliz Diálogo.

Las relaciones diplomáticas y comerciales entre las potencias Estados Unidos, Rusia y China se mantienen normales, con algunos altibajos, pero en positivo y armonía, a pesar de las profundas diferencias ideológicas y políticas. Se impuso el diálogo permanente.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) suscrito entre USA, México y Canadá, a pesar del triunfo del candidato izquierdista López Obrador, se logró un acuerdo final, gracias al diálogo fructífero y positivo entre los representantes de los gobiernos, en especial con la comisión mexicana del nuevo presidente López Obrador. Algo que parecía derrumbarse, por las presiones ejercidas en ambos sentidos. Triunfó el diálogo.

El caso venezolano es muy típico, la experiencia histórica de los dos últimos “diálogos” entre el régimen madurista y la oposición democrática, ha sido deprimente y fatal para el país, su democracia y para ambos sectores que sufren las consecuencias de la manipulación y el engaño preconcebido por los “dialogueros de Zapatero”. Un fracaso total.

En béisbol cuando un lanzador esta fuera de la zona de “strike’ y le batean con facilidad, traen otro que ponga control sobre el juego y lo gane. En este orden de ideas, creo que el escenario de un diálogo real y verdadero, con agenda y reglas claras para la discusión, debe cambiar de escenario y protagonistas de inmediato.

En tal sentido, pienso que la responsabilidad de dirigir y convocar este diálogo constructivo debe ser de la comunidad internacional. No deben ser los mismos actores políticos de oposición, ni del Gobierno, ellos están desgastados y venidos a menos en su credibilidad y confianza. Mucho menos con la presencia de Zapatero.

Una comisión integrada por altos representantes de la ONU, la OEA, el Vaticano, la Comunidad Económica Europea, el Grupo Lima y la organización de expresidentes IDEA, deberían ponerse de acuerdo y hacer las gestiones previas, consultas y consideraciones de las opiniones de los diversos sectores de la oposición fragmentada venezolana, para producir en territorio neutro, las conversaciones con los representantes del régimen.

Temas para discutir vinculantes: Elecciones libres y transparentes, con nombramiento de un nuevo CNE, paritario y equilibrado, observación internacional de todo el proceso. Enmienda constitucional. Acuerdo de respeto a los resultados finales. Esta acción evitaría más sangre, víctimas inocentes y la posibilidad cierta de recuperar la democracia en Venezuela. Todas las encuestas nacionales expresan que si hay elecciones libres en Venezuela el 75% rechaza a Maduro, lo que garantiza un triunfo opositor. ¡Yo siempre he opinado que prefiero contar votos y no muertos! ¡Manos a la obra!

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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