viernes 22  de  mayo 2026
OPINIÓN

Voz de su generación

“El verdadero hombre no mira de que lado se vive mejor, sino de que lado esta el deber.”- José Marti

Por NINOSKA PÉREZ CASTELLÓN

Fue parte de una generación irrepetible. Se forjaron en tiempos convulsos, vivieron la mayor parte de sus vidas desterrados y no perdieron la fe, ni la pasión por ver a Cuba libre.

Siempre conscientes de que no podían apartarse de sus principios. Siempre del lado opuesto al opresor. Aceptaron un destino que no eligieron, sino que les fue impuesto por una mala jugada de la historia. En ese difícil camino que es vivir la mayor parte de sus vidas como exiliados, siempre estuvieron dispuestos a rechazar, como decía su gran amigo Jorge Mas Canosa, “la frase popular o la postura acomodaticia, y a asumir la posición que respondiera a los más altos intereses del bienestar del pueblo de Cuba”. Esa era la generación de Pedro Roig. Ese fue su compás moral.

Hombre de familia, abogado, educador, escritor y mentor de tantos de nosotros. Hombre para quien la amistad tenía una dimensión insuperable. En el recordatorio de la misa fúnebre aparece el poema: Epitafio de Merrit Malloy.

El poema habla de querer dejar algo mejor que palabras o sonidos. “Búscame en las personas que he conocido o amado.” Ahí estará Pedro siempre en todas las vidas que tocó. “El amor no muere, las personas sí, así que cuando todo lo que quede de mí sea amor, regálame”. Que bien lo describen esas palabras. Regalaba su alegría, su sonrisa, su cariño y su sabiduría.

Santiaguero hasta la médula, su pedazo de la isla era el más hermoso, con montañas cubiertas de mantos de esmeraldas. Su isla no era rodeada, sino acariciada por azules aguas que se reflejan en un cielo esplendoroso. Sus palmas las más altas. De ahí venimos los cubanos, de una tierra de leyendas y fantasías donde la aurora y el crepúsculo son pintados por la mano de Dios.

Durante los últimos 4 años, todos los viernes, sin falta, llegaba Pedro a la Poderosa para un programa que hacíamos juntos que inevitablemente el tema era Cuba, su historia, su actualidad y buscarle solución a la tragedia que aún vive el pueblo cubano. Para ese objetivo, siempre partía de la premisa de que tenía que desaparecer el partido comunista. Mucho antes que la administración de Trump encausara a los culpables del drama cubano, ya Pedro los había identificado y señalado. Con ellos no había solución posible. Cuando hace dos años los sicarios cubanos me pusieron de nuevo en la lista de terroristas, me llamó para felicitarme: “Estás ahí porque eres efectiva y los golpeas donde les duele, ¡no bajes la guardia!” Su orgullo al ver a Marco Rubio llegar a ser el jefe de la diplomacia americana era el ejemplo vivo de la fe que tenía en las nuevas generaciones y el potencial que representaban para Cuba.

Era un hombre que creía a cabalidad en la reverencia a la patria. A ella le dedico horas escribiendo su historia, por ella también se unió a la Brigada 2506, y por ella lloró amargamente cuando no le permitieron desembarcar y el barco en que navegaban hacia Cuba se alejó de aquel compromiso que había contraído de pelear por ella con armas en mano. La siguió honrando durante su larga vida, cuando hablaba de ella, cuando educaba a sus alumnos sobre una tierra mítica que necesitaba ser rescatada al otro lado del mar. Supo siempre que las derrotas pueden convertirse en victorias. Al final solía decir: ganamos. Los perdedores son los que han destruido a Cuba, nosotros la hemos preservado para la posteridad y la vamos a reconstruir. Sabía que la distancia es desdicha, por eso recreaba a Cuba cada vez que la mencionaba, para que doliera menos.

A pesar de ambos morir en el destierro, pudo ver junto a Jorge Mas Canosa, la caída de la Unión Soviética. De aquel viaje a Moscú regresaron cargados de ilusiones. Ya habían vivido lo que añoraban para Cuba. Por eso partía de la premisa de que había que erradicar el comunismo, “esa maldición foránea y criminal” del suelo cubano. Se preguntaba con frecuencia: “Cómo cayó Cuba en las garras del comunismo teniendo las enseñanzas de José Martí”? Entonces repetía la frase de Juan Jacobo Rousseau: “Yo te voy a hacer libre, aunque yo te tenga que obligar a ser libre.”

Tuve el honor junto a Álvaro Alba de presentar su último libro: “Cuba, la Guerra de Independencia”. Nos impresionó el amor y admiración de sus hijos y familiares allí presentes. Una vida bien vivida. Pedro hizo que su pasión por Cuba ardiera en corazones ajenos. Mantuvo viva la llama, “peleo la buena pelea”.

Los años no lograron doblegarlo. La semana antes de morir, me llamó para decirme que estaba en el hospital, pero que haría el programa desde allí. Le pidió a su hijo Gustavo que le llevara su laptop para estar preparado. Cuando su prima Gloria me llamó para decirme que estaba en las últimas, al llegar a verlo le pidió que me llamara para decirme que no me preocupara, que estaba listo para el próximo programa. Murió dos días después en su casa junto a su entrañable Alina y su mayor orgullo, sus hijos.

En un viaje que di a la Base Naval de Guantánamo en 1994, el avión no estaba autorizado a volar sobre Cuba y el viaje que nos llevó bordeando la isla tardó horas, finalmente pude ver el famoso Oriente. Vi sus majestuosas montañas entre cielo y mar y bandas de gaviotas blancas como almas libres levantar vuelo. Cuando se lo conté me dijo: “Esa es mi tierra.”

El Padre Vigoa al hablar de Pedro Roig habló de una libertad más importante que todas las otras, “la libertad del alma”. Así me imagino su alma, como aquellas blancas gaviotas, emprender vuelo hacia esa isla donde él estaba seguro de que volvería a escucharse el grito de los mambises: “Independencia o muerte!”.

Adiós Pedro, Cuba será libre y sé que al regreso allí estarán Roberto, Jorge y tú esperándonos, con impecables guayaberas blancas. Ya no habrá presos políticos ni desterrados, ni más esperanzas truncadas. Gracias por haber mantenido el sueño vivo. Cuba será libre.

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