Cuando Donald Trump asumió la presidencia del país se ganó la confianza del poder establecido en Washington DC, al nombrar a un grupo de respetados militares para su gabinete y ser asesorado. Sin embargo, al parecer, el entusiasmo por ellos pasó porque ahora no queda ninguno dentro de su gobierno.

La salida de James Mattis como secretario de Defensa, de H.R. McMaster como consejero de Seguridad Nacional y de John Kelly como jefe de Gabinete han sido algunos de los mayores cambios en la estructura de la administración del mandatario, y haciendo un repaso a sus primeros dos años al frente de la Casa Blanca es válida la pregunta ¿Qué lo hizo perder la fe en esos personajes que ya habían servido al país de manera exitosa en campos de batalla tan distantes?

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Cada vez era más obvio que Trump rechazaba sus consejos y sorprendentemente empezó a traer asesores que sirvieron bajo el mandato del presidente George W. Bush.

En otras palabras, cambió la experiencia militar por la experticia política.

La renuncia del general James Mattis como secretario de Defensa elevó a cuatro el número de generales que fueron favorecidos y que ahora han regresado a la vida civil.

El teniente general Michael Flynn, exasesor de Seguridad nacional de Trump, fue el primero en abandonar el cargo después de admitir había mentido al FBI y al vicepresidente, sobre sus reuniones con el embajador ruso en Washington durante la campaña electoral.

Pero si no se hubiera visto obligado a renunciar, ¿cuánto tiempo habría sobrevivido bajo la égida de Trump?

El general HR McMaster, consejero de Seguridad nacional, tampoco duró mucho tiempo. Trump lo había elogiado por su brillantez como comandante estratégico para operaciones castrenses, pero sus personalidades son tan diferentes que el magnate neoyorquino no tardó en decir que McMaster no era el hombre adecuado para el cargo.

El general John Kelly, exsecretario de Seguridad nacional de Trump, que más tarde fue ascendido a jefe de personal de la Casa Blanca, parecía ideal para administrar un gobierno sui generis como el de Trump. Pero después de unos meses, hubo informes de que al gobernante le molestaba la forma que Kelly le impedía ver a quien quisiera en la Oficina Oval.

No hace mucho, Trump se mostraba orgulloso al mencionar las reuniones que tenía con “el gabinete y sus generales” pero ahora la estrategia ha cambiado.

Durante los próximos dos años, probablemente veremos a un Trump que confiará más en asesores políticos con experiencia en el Congreso.

Por ejemplo, Mick Mulvaney, que reemplazó al general Kelly como jefe de Gabinete, tiene mucho que ofrecer como excongresista republicano, además de que su filosofía política es mucho más cercana a la de Trump que la del general Kelly.

Por otra parte, John Bolton, quien es el tercer asesor de Seguridad nacional de Trump, está más en sintonía con la agenda exterior y de seguridad que McMaster en su momento.

La elección para reemplazar a Mattis seguramente recaerá en alguien más conservador, al estilo de Patrick Shanahan, que es el actual jefe encargado del Pentágono.

En este sentido, al menos el futuro es previsible.

Y así, aunque el punto de partida sea que Trump siempre reclame tener la razón, ahora cuenta con numerosos excolaboradores de la dinastía Bush para impulsar su administración.

En esta nueva lista se incluye a William Barr, nominado para ser el próximo fiscal general, para reemplazar al despedido Jeff Sessions. Barr fue igualmente fiscal general bajo la presidencia de HW Bush.

Dos recientes reclutados para unirse al equipo legal de la Casa Blanca,son Mike Purpura y Pat Philpin, que también proceden de la administración de George W. Bush.

Otros antiguos funcionarios de la familia Bush han sido reclutados para trabajar en diferentes departamentos gubernamentales.

Ahora que el Partido Demócrata toma el control de la Cámara de Representantes, se espera que estos burócratas de la era Bush desempeñen un activo papel en calidad de negociadores, a fin de que los planes de la Casa Blanca cuenten con la aprobación necesaria en el Congreso.

Lamentablemente para el equipo saliente de generales, tratar de frenar a Trump los convirtió eventualmente en resistencia política y por eso cayeron en desgracia y tuvieron que irse.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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