Las ciencias del mañana se manifiestan hoy en el desarrollo exponencial de novedosas aplicaciones tecnológicas aún muy dispersas entre ellas. El 2017 será el año de las fusiones de sistemas para crear productos que satisfagan las necesidades de los cada vez más sofisticados consumidores.
La inmersión en la realidad virtual es ya un hecho gracias a Oculus Rift. En 2016 los gamers experimentaron la sensación de entrar a nuevos entornos recreados artificialmente para su deleite. El otro fenómeno protagónico del año fue la realidad aumentada que alcanzó su mayor esplendor con Pokémon Go. El mundo entero persiguió a las raras criaturas que se movían intrépidamente por nuestro entorno real. El futuro próximo va de la mano de la fusión de estas dos tecnologías, no sólo para uso comercial, en juegos y entretenimientos, sino que proliferarán aplicaciones industriales en el sector de la medicina, la investigación, la educación.
Precisamente en la rama del conocimiento y el aprendizaje vienen pisando fuerte las Machine Learning. Esas inteligencias artificiales que aprenden y nos ayudan a hacer análisis a nivel de experto aportando soluciones inmediatas.
Hemos visto la evolución de la conducción sin chóferes. Sabemos de la existencia de instituciones que utilizan secretarias artificiales para responder mails de los usuarios y conocemos que estas inteligencias participan en campañas promocionales con la tarea de crear nuevas ideas y transmitir emociones que influyan en nuestro comportamiento. Lo inmediato y lógico es que las máquinas de aprendizaje se acoplen a nuestras vidas y las veamos como algo habitual diagnosticando en las consultas médicas y recurramos a ellas para recomendaciones de viajes o para que nos asesoren en la compra de un producto.
El mundo de la información sería imposible sin la clasificación de los datos existentes. El Big Data trata de recopilar, ordenar y sacar utilidad de las informaciones que se generan todo el tiempo. Los seres humanos, por ejemplo, a lo largo del día generamos cientos de datos medibles y analizables. Dejamos nuestras huellas en los programas que vemos en la televisión, en el lugar donde estemos, en los artículos que compramos, en los ingresos que recibimos, en las personas con quien nos relacionamos, en las páginas webs que visitamos y esos datos son útiles para el mercado.
Los aparatos de nuestro entorno generan también miles de información, los automóviles, los relojes, las computadoras, los scanners médicos, incluso los nuestros de aires acondicionados y hasta las lavadoras. Sólo los teléfonos móviles producen cerca de mil cuatrillones de mensajes anuales. Desde el punto de vista industrial la idea es medir cada paso de los procesos. Los barómetros miden constantemente la presión atmosférica, los satélites crean patrones de las corrientes marinas. Las Compañías de Televisión miden y analizan la audiencia porque quieren saber cuántos son, quienes son, qué edad tienen, qué ven, cuándo se desconectan. Necesitan de esos datos para crear sus estrategias y vender sus productos.
Las compañías de transporte controlan sus cargas con sensores, que a su vez son medidas y controladas por otras instituciones como las aduanas Se establece un ecosistema donde conviven millones de millones de datos necesarios y ahora controlados por las grandes empresas especializadas en el Big Data. La tendencia normal del mercado es que el 2017 afronte el reto de la humanización del Big Data y traduzca en soluciones prácticas esa enorme información para ponerla a disposición de los usuarios comunes.