MIAMI.- LAURA RIVERA
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Cómo sacar a Donald Trump del camino es el gran desafío que persigue la élite republicana ante el vertiginoso avance y liderazgo que está logrando este candidato en su carrera por la nominación del partido. Pero parece que los millones de dólares que ha puesto el grupo en maniobras y campañas publicitarias en su contra no están dando resultados. La gran pregunta ahora es qué chances reales hay de detenerlo, si existen, en el último tramo de las elecciones primarias.

“Todavía hay posibilidades de que lo bajen”, opinó Eduardo Gamarra, profesor de política en la Universidad Internacional de la Florida, entrevistado por DIARIO LAS AMÉRICAS. “Depende de los resultados de estos días y principalmente de los que se obtengan en la Florida, el próximo 15 de marzo”, estado que será “clave”, según el politólogo y la mayoría de los analistas.

En territorio floridano, el ganador de las primarias republicanas se llevará 99 delegados, o un 8% de los delegados necesarios para que un candidato consiga la nominación. Si a este porcentaje lo ganara el candidato cubanoamericano y nativo del estado, Marco Rubio, podría lograr que Trump se quede sin la mayoría necesaria para obtener la nominación.

Si Rubio fracasa, el partido deberá considerar si opta por apoyar a Ted Cruz, que ha triunfado en varios estados, aunque es una posibilidad difícil de digerir ya que el senador por Texas ha labrado su carrera política desafiando al “establishment” y alentando al movimiento ultraconservador del “Tea Party”.

La realidad es que la élite del partido, que al principio apostó por el exgobernador de Florida Jeb Bush, no parece muy convencida entre Cruz y Rubio, quienes siguen después de Trump en número de delegados ganados, pero ve a Marco como un candidato con más posibilidades de vencer a los demócratas que Ted. La razón es que este último es un riguroso conservador muy alejado de las posiciones mayoritarias en derechos sociales.

Jugada riesgosa

La posibilidad más viable hasta ahora para los varones republicanos en la búsqueda de bajar a Trump es apostar por alguno de los dos senadores de origen cubano e incrementar la campaña de ataques al magnate, de manera que ningún candidato logre la mitad más uno del total de los delegados (o sea 1.237), cantidad necesaria para obtener la nominación.

De esa forma, el nominado republicano se decidiría en julio en una Convención Nacional disputada, en la que al no tener nadie la mayoría, los delegados asignados en el proceso de primarias tienen libertad para votar por el candidato que quieran.

Si en esa votación gana un candidato que no es Trump, el partido se arriesga a que el magnate se presente como independiente, llevándose a todos sus seguidores, o a que sus votantes castiguen al partido en las elecciones generales por haber maniobrado contra el multimillonario.

Si por el contrario, Trump se lleva la nominación del partido, solo quedaría la opción de que los republicanos compitan mediante un tercer partido, pero los analistas conservadores consideran que, por cuestión de plazos, esa opción debería consensuarse tiempo antes de la Convención, según explica la agencia Efe.

Con este complejo panorama por delante, la mejor esperanza del aparato republicano es que el fenómeno Trump se desinfle en varios estados de las decisivas primarias del 15 de marzo: Florida, Ohio, Carolina del Norte, Illinois y Misuri. Al menos se espera que Rubio gane en Florida y Kasich lo haga en el estado del que es gobernador, Ohio, según apuntó el profesor Gamarra.

Con esa gran cita, habrán votado 24 estados más el Distrito de Columbia en las dos primeras semanas de marzo, mientras que en las siguientes cinco semanas sólo lo harán cuatro estados.

Crisis republicana

El hecho de que la élite republicana esté poniendo todos sus recursos para desalentar a uno de sus propios aspirantes dentro de una elección primaria es algo nunca antes visto, destacó Eduardo Gamarra.

“El ‘establishment’ está obrando de una manera antidemocrática para frenar a un candidato que es un poco antidemocrático”, dijo el politólogo y comparó el fenómeno del magnate con otros de la historia mundial en los que personajes con el mismo perfil que Trump -nacionalista, populista y autoritario- utilizaron la democracia para llegar al poder. Un ejemplo extremo es Adolf Hitler, y otros más moderados son Hugo Chávez, Evo Morales y Daniel Correa.

“El gran riesgo de la democracia es que las masas se comportan a veces de manera irracional. La democracia elitista suele estar más comprometida con la democracia que las masas, que son autoritarias y más intolerantes –como se está viendo en los que eligen a Trump-”, añadió el politólogo.

El periodista David Brooks escribió en un artículo en el New York Times que lo que está pasando en el partido republicano “va más allá de la disputa por ganar la Presidencia en 2016. Se trata de algo mucho más grande. Cada 50 o 60 años los partidos sufren una transformación. El GOP está pasando por ese momento. Lo que ocurre este año marcará la trayectoria del partido por décadas”.

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