sábado 21  de  febrero 2026
INSPIRACIÓN

Ana Victoria Gomezleyva: Cuando construir también significa pertenecer

Sus proyectos nacen desde la observación paciente: del clima, de la vegetación, del modo en que las personas se relacionan con el mar, con la sombra, con el tiempo

Por REDACCIÓN/Diario Las Américas

En tiempos donde las ciudades crecen más rápido que las conversaciones sobre cómo queremos vivir, la arquitectura se ha convertido en un terreno donde se cruzan las decisiones urgentes y las preguntas necesarias. ¿Qué significa construir con propósito? ¿Qué papel juega el contexto? ¿Cómo se equilibra lo privado con lo colectivo, lo funcional con lo emocional?

Desde la costa sur de México, Ana Victoria Gomezleyva ha venido explorando esas preguntas sin estridencias, pero con una claridad cada vez más reconocible. Su trabajo en Puerto Escondido, Oaxaca, no se limita al diseño de espacios habitables: propone una forma distinta de mirar el territorio, de escucharlo y, sobre todo, de construir en sintonía con lo que ya está.

Lo que Ana Victoria ha aprendido —y hoy defiende— es que no se puede hablar de arquitectura sin hablar del entorno.

En sus palabras:

“Cada lugar tiene una energía propia. Y esa energía se debe respetar. Puerto Escondido no necesita que lleguemos a transformarlo, sino que sepamos convivir con él”. “Cada lugar tiene una energía propia. Y esa energía se debe respetar. Puerto Escondido no necesita que lleguemos a transformarlo, sino que sepamos convivir con él”.

En esa línea, sus proyectos nacen desde la observación paciente: del clima, de la vegetación, del modo en que las personas se relacionan con el mar, con la sombra, con el tiempo.

Una de sus propuestas más representativas es Villa Kelmar, una residencia donde el paisaje no es un fondo, sino un actor principal. Ubicada en un punto donde la vegetación tropical se encuentra con el océano Pacífico, esta casa fue concebida como una extensión natural del terreno. La disposición de los espacios, los materiales empleados y la orientación de la construcción obedecen a un principio básico: permitir que la naturaleza entre, sin forzarla.

proyecto - Cortesía
Uno de los proyectos de arquitectura realizados por Ana Victoria Gomezleyva.

Uno de los proyectos de arquitectura realizados por Ana Victoria Gomezleyva.

Pero hablar de Villa Kelmar es apenas una puerta de entrada. Lo verdaderamente distintivo en el enfoque de Gomezleyva es su convicción de que el diseño no debe imponer, sino adaptarse. Esto implica integrar saberes locales, aprovechar los materiales del lugar, trabajar de la mano con artesanos y proveedores que conocen mejor que nadie los secretos del clima y la tierra. “

Aquí no hay fórmulas prefabricadas”, comenta. “Cada proyecto requiere un proceso de escucha distinto. Y eso lleva tiempo. Pero es la única forma de hacer que un espacio tenga alma”.

Su firma, GleM Arquitectura, se ha posicionado en Puerto Escondido como un referente de diseño consciente. No por la cantidad de proyectos, sino por su profundidad. A diferencia de otras firmas que replican modelos de desarrollo rápido, el trabajo de Ana Victoria es una invitación a la pausa: a pensar en cómo queremos habitar y en cómo nuestras decisiones constructivas impactan no solo en nosotros, sino en la comunidad y el entorno.

Este enfoque ha resonado especialmente entre quienes buscan establecerse en la costa oaxaqueña desde una perspectiva más comprometida. Muchos de sus clientes son personas que, después de una vida urbana acelerada, encuentran en Puerto Escondido un espacio para reconectar con otras prioridades: la naturaleza, el silencio, la simplicidad. Y descubren que la arquitectura puede ser una aliada en ese proceso, cuando se piensa desde el respeto.

Para Gomezleyva, construir también es una forma de pertenecer. Y pertenecer no significa poseer, sino asumir un compromiso con el lugar. Esto ha hecho que su trabajo trascienda lo estrictamente arquitectónico y se convierta, en cierto modo, en un puente entre culturas: la de quienes llegan, con expectativas e ilusiones; y la de quienes han vivido ahí desde siempre, con saberes, técnicas y formas de vida que merecen ser reconocidas.

Más allá de la estética —que, sin duda, caracteriza cada uno de sus proyectos— lo que queda es una manera de hacer arquitectura que no busca visibilidad, sino coherencia. Que no se define por grandes volúmenes, sino por pequeños gestos. Que no pretende impresionar, sino acompañar.

En un momento donde muchas regiones de América Latina enfrentan desafíos urbanísticos y ambientales cada vez más complejos, ejemplos como el de Ana Victoria Gomezleyva aportan una perspectiva esperanzadora. No porque tengan todas las respuestas, sino porque están dispuestos a formular las preguntas correctas. Y a hacerlo desde lo local, con atención, con paciencia, con profundidad.

Al final del día, sus proyectos no son solo casas. Son espacios de encuentro, de contemplación, de arraigo. Son un recordatorio de que la arquitectura también puede ser un acto de humildad. Y de que, cuando se hace bien, construir es también cuidar.

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar