miércoles 1  de  julio 2026
CUBA

Viendo llover en La Habana

Detrás de los trágicos resultados de las recientes lluvias en la capital cubana, que dejaron un saldo de tres muertos y más de 40 derrumbes, asoma una realidad extremadamente penosa y rotunda: La Habana es una ciudad en ruinas que, tras más de cinco décadas bajo la pésima administración de los hermanos Castro, está literalmente cayéndose a pedazos.

Diario las Américas | EDITORIAL DIARIO LAS AMÉRICAS
Por EDITORIAL DIARIO LAS AMÉRICAS

Detrás de los trágicos resultados de las recientes lluvias en la capital cubana, que dejaron un saldo de tres muertos y más de 40 derrumbes, asoma una realidad extremadamente penosa y rotunda: La Habana es una ciudad en ruinas que, tras más de cinco décadas bajo la pésima administración de los hermanos Castro, está literalmente cayéndose a pedazos.

Como relata nuestro corresponsal en La Habana, Iván García, las tormentas tropicales se han convertido en verdaderas pesadillas para los residentes de la metrópolis.

“Hace un año y medio, dos vecinos míos fallecieron al desplomarse el techo de su casa. El estruendo al caerse el techo en medio de la noche fue tremendo. Parecía una bomba. Ahora, con las lluvias del pasado 29 de abril, numerosas casas y cuarterías de Pueblo Nuevo sufrieron afectaciones", aseguraron dos entrevistados para la nota que hoy encabeza nuestra portada.

Las cifras de la desatención del régimen cubano a la ciudad son espeluznantes. Alrededor del 70% de las viviendas en los municipios de Centro Habana y Habana Vieja, dos regiones con la mayor concentración de habitantes de la ciudad, se encuentra en regular o mal estado.

Desde que tomó el poder a punta de fusiles, a Fidel Castro, primero, y ahora a su “heredero” y hermano, Raúl Castro, parecen importarles poco los principales problemas que aquejan a La Habana y, en última instancia, ya no tienen respuesta para solucionarlos.

Los ancianos gobernantes cubanos nunca han podido saldar sus deudas con la población en temas tan acuciantes como la falta de vivienda, el deterioro de las redes de alcantarillado, el casi nulo mantenimiento de los inmuebles, las tan necesarias nuevas construcciones y el lamentable estado de la infraestructura vial de la urbe. Los Castro llegan al ocaso de sus vidas y parecen dispuestos a arrastrar junto a ellos a toda una ciudad.

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