LA HABANA.-IVÁN GARCÍA
Especial

Una cafetería por moneda dura en la barriada de La Víbora. El dependiente tiene desabrochado los primeros botones de su camisa blanca. Por el rostro, las axilas y la espalda le corren gotas de sudor.

A las moscas y el humo de los cigarros se une el bullicio. A gritos, los parroquianos piden una cerveza tras otra. Con el calor de espanto que en estos días asola La Habana, el dependiente está a punto de explotar.

“Del carajo trabajar así, mi hermano. Tener apagado el aire acondicionado es una tortura”, dice.

A partir del 1 de julio, la empresa Palmares, que en Cuba administra cientos de cafeterías, restaurantes y bares, ordenó apagar sus equipos climatizados hasta después de las tres de la tarde.

Para el Estado verde olivo, las altas temperaturas que afectan a clientes y trabajadores es algo secundario. “Una de dos socio, o se ahorra en el sector estatal o tenemos que hacer recorte en el sector domiciliario”, expresa un funcionario de rango medio de la empresa eléctrica.

‘Recortes en el sector domiciliario’ es un eufemismo para camuflar la palabra apagón. Las nuevas medidas de reducción de un 50% en la asignación de combustible a un abanico de empresas estatales, ha generado una ola de rumores entre la población y la prensa internacional acreditada en la Isla.

Eduardo ha hecho dinero vendiendo ropa traída de Ecuador y sacos de detergente robados la noche anterior de los almacenes de la fábrica Sabatés. En su opinión, se acerca una versión discreta de un nuevo Período Especial.

“El Gobierno no dice nada para no inquietar a la población. Pero ya desde hace un tiempo, por una causa u otra, se vienen sucediendo apagones. A veces hasta de ocho horas, y que según la empresa eléctrica fueron reparaciones. Es de truco, con el calor que está haciendo, aguantar un apagón”, comenta Eudardo, sentado en un minúsculo banco de madera en la puerta de su casa en Atarés, un barrio del municipio Cerro, que el martes 5 de julio sufrió apagones de seis horas por mantenimiento en el tendido eléctrico.  

Lorenzo, chofer de la terminal de ómnibus de Lawton, afirma que “las salidas y frecuencias de todas las rutas han sufrido cambios. Los viajes se recortan en algunas rutas hasta en un 40 por ciento. La confronta se adelanta a las nueve de la noche. Los choferes que queden cesantes pasarán al Ministerio de Salud Pública, a fumigar contra el dengue”.

Luisa, economista de la empresa metalúrgica Antillana de Acero, ubicada en El Cotorro, explica que “las medidas en su empresa van más allá de apagar los aires acondicionado en las oficinas. A muchos trabajadores les están adelantando las vacaciones. Y se espera por una reunión de los factores-partido comunista, sindicatos y administrativos, para reducir la producción en áreas que no se consideren imprescindibles al país”

Fernando, empleado del ministerio de comunicaciones, señala que las asignaciones de combustible se recortaron drásticamente. “Ya hace dos años se habían efectuado recortes. Te daban 100 litros de petróleo para todo el mes. Ahora lo rebajaron a 70 litros. Con esa cantidad es imposible distribuir a las zonas postales el montón de paquetes que la gente envía desde el extranjero”.

En el céntrico hotel Habana Libre se daba un caso curioso. El lobby y servicios para huéspedes, extranjeros en su gran mayoría, no sufrieron recortes, pero en la galería de tiendas, situada en la zona posterior del hotel, varios comercios trabajaban sin aire acondicionado. “Después de las tres y media de las tarde dicen que lo vuelven a poner”, le aclara una dependiente a un cliente enojado por el calor.

Fuentes del gobierno en el municipio Diez de Octubre, el más poblado de la capital, aseveran que “por el momento no se prevén apagones de gran intensidad. Los que están se produciendo son debido a roturas imprevistas o reparaciones. Las medidas de ahorro y algunos recortes de servicios solo afectarán al sector estatal. Aunque es cierto que en el caso de tiendas, cafeterías o bares, también afectará a la población”.

Benito, ingeniero de la empresa eléctrica, con voz calmada, para salirle al paso a los rumores callejeros, repite que “el sistema electro energético nacional utiliza combustible de producción nacional. Incluso si se diera el caso de que Venezuela no pudiera suministrarnos una gota de petróleo, se verían afectadas varios sectores, pero no el de distribución eléctrica”.

El prestigioso académico cubano Jorge Piñón, radicado en Estados Unidos, en declaraciones recientes dijo que los recortes tendrían que ver con una estrategia del gobierno para aumentar sus reservas de petróleo ante un hipotético período de vacas flacas.

La crisis económica, social y política en Venezuela, que pudiera provocar la salida de Nicolás Maduro del poder, y con probable llegada de la oposición a Miraflores, podría derogar los acuerdos energéticos firmados por Hugo Chávez y Fidel Castro en 1999, mediante el cual a Cuba se le suministran 90.000 barriles diarios de crudo.

Guillermo, funcionario de CUPET, empresa petrolera local, subraya que “por ahora no se han afectado las importaciones de petróleo venezolano. En el supuesto caso de que se vean afectados, el gobierno se vería obligado a efectuar recortes más drásticos, que por efecto dominó perjudicaría a varios sectores económicos”.

Cecilio, economista jubilado, piensa que un cambio de gobierno en Venezuela, “suscitaría una nueva etapa de recesión económica en la isla, incluso retrocesos, tal vez no tan graves como el Período Especial en los años 90, pues el país ha diversificado sus relaciones económicas y exportaciones. Pero el Estado no tiene el dinero suficiente para comprar en otros mercados la cantidad de petróleo que Venezuela dejará de enviar”.

Al dependiente del café habanero que atiende al público en condiciones extremas, no le interesa conjeturar sobre las nuevas medidas de ahorro de electricidad y combustible.

“Dentro de seis meses me voy tumbando de Cuba. Viajaré a Rusia, por el Estrecho de Bering entraré a Canadá y luego salto pa'la yuma. Esta jodedera que se la dispare otro”, dice, y se sienta anegado de sudor en una silla plástica.

“Y todavía faltan dos horas para poder prender el aire acondicionado”, comenta.

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