viernes 10  de  abril 2026
REPORTAJE

Revisarán la sentencia de Michael Hernández

El joven, que ahora tiene 25 años, cumple una condena de cadena perpetua por asesinar con un cuchillo a su compañero de clase Jaime Gough, en el baño de la escuela el 3 de febrero de 2004 

Cuando Joe Carrillo conoció a Michael Hernández, entonces condenado a cadena perpetua por el asesinato de su mejor amigo, Jaime Gough, el joven no dijo una sola palabra.

 Al escuchar las preguntas del Carrillo, el adolescente solo asintió o negó con la cabeza. Sin embargo, tras pasar 600 horas trabajando juntos, la barrera emocional que los separaba se desmoronó, y surgió una amistad entre ellos.

Aunque no ha conversado con Hernández recientemente, Carrillo se mantiene en contacto con la familia del muchacho, y garantizó en diálogo con DIARIO LAS AMÉRICAS que nadie conoce al joven como él.

“Los psicólogos, que no tenían el tiempo que yo tenía con él, me dijeron que no confiara en Michael, y yo siempre confié”, detalló.

“Mi trabajo era acercarme a él y sacarle la verdad, y yo logré eso”, añadió.

Condena anulada

En el 2004, Hernández le propinó 42 puñaladas a Jaime Gough en un baño del Southwood Middle School, donde ambos estudiaban. Un mes después, Carrillo ofreció sus servicios a la familia de Hernández porque se sintió interesado por su situación.

“Les dije a los padres de Michael que quería ayudarlo porque yo tenía un hijo de la misma edad y por eso entendía el sufrimiento de ellos,” narró.

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El joven recibió la pena máxima en el 2008, pero el caso fue revisado cuando la Corte Suprema de los EEUU decretó que no impondría más cadena perpetua a menores de edad. Cinco años después, en el 2013, la Corte del Tercer Distrito de la Florida eliminó la condena. Actualmente, una audiencia para dictar una nueva sentencia en el caso de Michael Hernández está programada para el 14, 15 y 16 de octubre.

Por su parte, Carrillo se mostró a favor de la ley que le dio otra oportunidad a Hernández, pues asegura que ya  el joven, que ahora tiene 25 años, no es la misma persona que cometió el crimen.

“Hoy, Michael no es un asesino”, dijo Carrillo.

“No puedes automáticamente sentenciar de por vida a un muchacho que mató a otro a los 14 años, porque hay circunstancias que han cambiado”, puntualizó.

Circunstancias y consecuencias

El detective privado confesó saber la razón detrás del asesinato de Gough, pero se niega a compartirla, pues explicó que Hernández se la contó en secreto.

“Lo que tengo entendido es que ni a los abogados se lo ha dicho, pues fue una cosa de confianza”, dijo.

“Él estuvo muy serio en lo que me dijo, me habló con mucho detalle”, comentó.

Para Carrillo, durante el juicio, la fiscalía y el juez debieron haber considerado su testimonio, pues él poseía información exclusiva sobre Hernández, como fruto del tiempo que había pasado a su lado.

“Yo le dije al juez que Michael no piensa como los hijos suyos o los hijos míos”, relató.

Una fotografía de Jaime Gough a los 10 años

 

“Dije que debía haber un mecanismo entre la corte, la fiscal y los psicólogos en donde pudiéramos ayudar a una persona como Michael, porque él no es como los hijos de los otros”, subrayó.

No obstante, lo que pesó más al final fue la declaración de un psicólogo que estaba pagado por el Estado, afirmó Carrillo.

Según el investigador, Hernández había estudiado cómo ser un asesino en serie, y entrenó para matar personas. Sin embargo, Carrillo reseñó que el psicólogo del Estado tuvo que decir que ese hecho formaba parte del comportamiento normal de un niño de su edad, descartando la posibilidad de que tuviera algún padecimiento mental, y en consecuencia le dictaron la sentencia de cadena perpetua.

El Michael de hoy      

En la opinión de Carrillo, Hernández logró cambiar su rumbo en la vida incluso antes del juicio. Después de la  sentencia comenzó a trabajar dentro de la Institución Correccional de Columbia en Lake City, donde ofreció ayuda a otros reclusos en sus casos ya que adquirió destrezas como paralegal.

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“Nosotros nunca pedimos que Michael se vaya de vuelta para su casa”, apuntó.

“Simplemente le sugerimos a la corte que estudie la mentalidad, lo que le pasa a él en su cabeza, y que traten de ayudarlo”, enfatizó.

Manny Hernández, padre de Michael, contó a DIARIO LAS AMÉRICAS que su hijo ya no trabaja asistiendo a otros reos como paralegal desde que fue transferido a la cárcel del condado de Miami-Dade.

“Él se mantiene entretenido con los libros que le mandamos, y nos llama todos los días”, dijo.

Asimismo, admitió sentirse nervioso por la audiencia prevista para octubre, pues aseguró que no hay nada que pueda hacer para alterar la decisión de la justicia.

“Todo esto está fuera de nuestras manos, así que estamos a la misericordia del juez”, finalizó.

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