MONTEVIDEO.-DINO CAPELLI
Especial
Los militares acusados por delitos sexuales se relacionan con los cuerpos de paz, y por ende con la ONU. Y los antecedentes escapan a Haití
MONTEVIDEO.-DINO CAPELLI
Especial
La presencia de fuerzas militares en Haití ha recibido sonoras críticas, y estas se han acentuado luego del informe brindado por la Oficina de Servicios de Supervisión Interna de las Naciones Unidas (OSSI), en el cual se mencionan cientos de casos de explotación sexual. Entrevistas realizadas a mujeres haitianas que arrojan como resultado testimonios dando cuenta de casos de violaciones no reportados en las misiones de la ONU.
Las entrevistas a 235 haitianos se concretaron hace poco más de un año, y se filtraron a los medios a través de la agencia AP. Los testimonios son crudos y citan “relaciones sexuales transaccionales con personal de la MINUSTAH por diversas razones”. Los abusos sexuales por parte de los soldados que trabajan en los cuerpos de paz no son nuevos, y datan del año 2005. El informe Zeid reveló al mundo la pasmosa convivencia de soldados, ciudadanos del país devastado por la guerra civil y el abuso sexual.
¿Qué lleva a este paroxismo? Las mujeres rurales citan “el hambre, la falta de vivienda, artículos para el cuidado del bebé, medicamentos y artículos para el hogar, necesidad incesante”. De esta manera, se producen relaciones sexuales a cambio de algún elemento que los soldados pueden proveer. Ya en las ciudades, las mujeres acceden al sexo a cambio de “joyas, zapatos para la iglesia, vestidos, ropa interior de lujo, perfumes, teléfonos móviles, radios, televisores y en menos ocasiones, ordenadores portátiles”.
Cuando muchos analistas pensaban que las relaciones sexuales a manera de intercambio por artículos, tenían lugar excluyentemente en Sudán del Sur, aparecen estas denuncias, acerca de la realidad de Haití.
Soldados con cascos azules de la ONU saludan a un niño mientras caminan por un barrio de Haití (CORTESÍA)
Según el reciente informe OSSI, un total de 480 denuncias fueron recibidas entre los años 2008 a 2013, todas por abuso sexual y todas con personal de la ONU como ejecutantes. Se agrega textualmente que OSSI reportó “más de un tercio de estos abusos tenían a un menor de edad como víctima (…) No hubo confusión ni resistencia. Las relaciones sexuales entre el personal de las Naciones Unidas y los beneficiarios de la ayuda, en tanto que se basan en dinámicas de poder inherentemente desiguales, socavan la credibilidad y la integridad de la labor de las Naciones Unidas y están fuertemente desalentadas”, expresaba el boletín en su momento.
Uruguay, uno de los países que mantiene presencia militar en Haití desde hace años, sufrió en carne propia los límites del abuso sexual. Militares de este país de América del Sur atravesaron un largo juicio, luego de que un joven haitiano denunciara violación a manos de varios funcionarios de las FFAA. Este y otros casos han llevado a que la opinión pública tenga renuencia a la continuidad de la presencia uruguaya en tierras de Haití. En 2010, la ONU reconoció que “se debatió repetidamente con el personal de la agencia sobre los límites del boletín y, en particular, que el uso de la frase 'fuertemente desaconsejado' permitió que prevaleciera el juicio individual de cada uno. El personal con más experiencia en las misiones sostiene que había una opinión general de que la gente podía tener ciertos derechos románticos y planteó la cuestión de la sexualidad como un derecho humano”. La conclusión a que llega la OSSI varios años más tarde y violaciones mediante, es que “esto sigue siendo un tema sin resolver”.
Sin ocupación
Durante el último mes (del 16 de septiembre al 15 de octubre), el Consejo de Seguridad debatió sobre la continuidad y el mandato de la Misión de las Naciones Unidas para la Rehabilitación de Haití (MINUSTAH). Algunos países de América decidieron retirar de Haití gran parte de sus tropas –es el caso de Argentina, Bolivia, Ecuador–, otros optaron por recortar los presupuestos. En Uruguay los movimientos sociales se manifiestan públicamente a favor del retiro. "Que se retiren todas las tropas y que cese la ocupación ya", escribió alguien en un muro de Montevideo.
“Desde hace más de 11 años hemos escuchado las excusas que ofrecen para intentar justificar la supresión de la soberanía del pueblo haitiano y la violación de su derecho a la autodeterminación. Es hora de dejar de lado las mentiras y el autoengaño y escuchar la voz de las comunidades y organizaciones haitianas que reclaman respeto por su dignidad, sus derechos, su capacidad.
"Haití no es una amenaza a la paz y la seguridad hemisférica, como afirma el Consejo de Seguridad cada 15 de octubre cuando renueva el mandato de la MINUSTAH. Ni es la MINUSTAH una misión de paz o una misión humanitaria, como suele ser presentada. Es una fuerza de ocupación tercerizada a las Naciones Unidas y en especial, a los países del Sur que han aceptado servir de esta manera a los intereses de los países más poderosos, como EEUU, Francia y Canadá, que durante más de dos siglos y a través de diversas formas de ocupación, siguen buscando someter a Haití y hacerle pagar la osadía de ser el primer pueblo en liberarse de la esclavitud y universalizar los derechos humanos”.
Este texto fue firmado por decenas de organizaciones sociales y de Derechos Humanos de toda América, y se remitió a la ONU horas atrás. Y dedica un capítulo a las vejaciones cometidas por el personal militar. “La MINUSTAH también ha sido, y sigue siendo responsable de innumerables violaciones a los derechos humanos de la población, entre ellas la violación y abuso sexual de mujeres, niñas, niños y jóvenes, y la introducción del cólera que ha resultado, hasta la fecha, en la muerte de más de 8000 personas y la infección de otras 700.000. Peor aún es la excusa de la ‘inmunidad diplomática’ tras la cual las Naciones Unidas y todos los gobiernos e instituciones intervinientes, se auto otorgan impunidad por sus crímenes”, concluye la misiva que repercutió en varios territorios del sur.
Acusaciones de larga data
Los militares acusados por delitos sexuales se relacionan con los cuerpos de paz, y por ende con la ONU. Y los antecedentes escapan a Haití y se trasladan a la República Democrática del Congo, Sudán y Burundi. No son todos, pero son muchos.
“La evidencia de los dos países de misión de mantenimiento de paz demuestra que el sexo transaccional es bastante común. El número de personal que recibe pruebas voluntarias y confidenciales para el VIH sugiere que las relaciones sexuales entre las fuerzas de paz y la población local fuera común”, puntualiza el informe.
Los números no permiten mentir. Las denuncias de abuso sexual contra trabajadores de la ONU por parte de mujeres haitianas en 2013 fueron 66, y en el año 2014 totalizaron 51.
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