sábado 4  de  abril 2026
ELECCIONES ANÁLISIS

Argentina, Brasil y Venezuela: El centrismo en sus partidos de centro-derecha

Las ajustadas campañas electorales en estos tres países han forzado a sus gobernantes a resucitar al llamado ‘fantasma neoliberal’ de los 90

ALEIDA YANES
Especial

Argentina, Brasil y Venezuela son hoy los únicos países en América Latina que ya superan ampliamente la década con gobiernos nacionales de izquierda, sin que haya habido alternancia de partido. En los últimos meses, se encuentran también en una coyuntura marcada por una crisis económica aguda y una transición política que anuncia un posible regreso de la derecha.

Las ajustadas campañas electorales en estos tres países han forzado a sus gobernantes a resucitar al llamado ‘fantasma neoliberal’ de los 90. Lo que se traduce en acusaciones a los candidatos de derecha como representantes de grupos de élite que planean privatizar al país y eliminar programas sociales para los más pobres.

Una campaña propagandística que tuvo éxito en Brasil (2014) y Venezuela (2013), con excepción de Argentina este año. El temor de muchos sectores de estas sociedades a un pasado intemporal, esgrimido como concepto ideológico, confunde a un electorado que divide al mundo entre el presente y un período de 12 o 16 años antes; ofuscando al verdadero análisis que debe comparar el crecimiento y garantías sociales de países contemporáneos en la región.

Además, una mirada más cercana hacia aquellos candidatos de centro-derecha que han triunfado en elecciones presidenciales (Argentina) o han terminado detrás del candidato oficialista con menos de 4% de diferencia (como en Venezuela y Brasil), señala que sus propuestas y autoidentificación como fuerza política presentan más matices que aquellos que se esperarían de partidos de derecha.

Por ejemplo, el partido Primero Justicia de Capriles en Venezuela, el PRO de Macri en Argentina, y el PSDB de Neves en Brasil, rechazan ser identificados en un continuo de centro-derecha, prefiriendo enunciar programas concretos para reducir la polarización de los votantes.

En 2012 Capriles usó “Hay un camino” como slogan de campaña, mientras que en 2015 Macri habló del ‘cambio’ y del “país que merecemos”. En 2014, Neves lanzó una campaña en contra de la inflación. Y todos han identificado niveles crecientes de violencia y tráfico de drogas como prioridades.

En sus discursos reconocen algunos de los logros sociales de los partidos de izquierda en el poder, pero denuncian el clientelismo que ha inflado a la burocracia, ejemplificado en grupos de base como La Cámpora en Argentina. Proponen un estado más pequeño pero sólo para hacerlo más eficiente y manejable, y no para moldearlo siguiendo una concepción conservadora del estado mínimo.

Son liberales que creen en un estado menos intervencionista; sin embargo, no planean revertir la nacionalización del sector público. Su visión incluye responsabilidad fiscal y política, mayor independencia de instituciones como el Banco Central, y en el caso de Argentina y Venezuela un sistema judicial fortalecido para investigar a la clase política.

Ni Capriles, ni Macri, o Neves plantean la eliminación de programas de asistencia social. Capriles ha declarado que, de hecho, expandirá algunas de las ‘misiones’ chavistas; mientras que Neves apoya la continuidad de Bolsa Familia. Macri ha diseñado un plan para desarrollar el norte de Argentina y permitirá que las madres que reciben la Asignación Universal por Hijo, puedan trabajar sin perder este subsidio.

Un distanciamiento más inmediato con los gobiernos actuales de izquierda tendría lugar a nivel internacional, ya que Primero Justicia, el PRO y el PSDB rehúsan heredar el discurso antiamericano de sus predecesores y buscarían un acercamiento con países desarrollados. Neves y Macri han declarado que avalarían un acuerdo comercial con la  Unión Europea, aunque también creen en la protección de la industria doméstica.

Después de una hipotética victoria, su centrismo sería reafirmado al tener que gobernar en coaliciones como la MUD de Capriles, el Cambiemos de Macri, y el cosmos de pequeños partidos brasileños. Además, la izquierda social-demócrata o la izquierda populista mantendrían el poder en el congreso y gobiernos regionales.

El 6 de diciembre, la MUD tendrá que ganar al menos una mayoría (100) para impulsar cambios tangibles en el parlamento venezolano. En Argentina, la mayoría de los gobernadores y congresistas serán kirchneristas o peronistas de diferentes facciones. Y el PSDB tendrá que negociar con el PMDB, entre otros.

De igual forma, si llegaran a ganar, estos partidos de centro-derecha tendrían que encontrar soluciones a corto plazo en el marco de una crisis económica, sin una base popular claramente definida y con una vaga convicción ideológica.

A pesar de todos estos retos, los partidos de derecha se convertirán inexorablemente en una alternativa más relevante de lo que han sido en la última década, puesto que un temor mayor que aquellos manufacturados por los arquitectos de las campañas del miedo se extiende a través de la región.

Venezuela, cuna de la marea rosada, también se ha convertido en su tumba. Cada vez más se puede escuchar de parte de los agraviados argentinos y brasileños la reiteración de una frase simple, “no nos queremos convertir en Venezuela”.

LEA TAMBIÉN:

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar