LA HABANA.- Ni siquiera la amenaza de lluvia acompañada por una ligera brisa costera amaina el terrible calor que asola este verano en La Habana. La gente en la calle está de mal humor.

El Sol quema, los servicios públicos ineficientes como siempre y las cazuelas vacías movilizan a miles de capitalinos a hurgar provisiones en desabastecidos agromercados o tiendas en moneda dura (dólares o su cuc) que permita una comida caliente.

En Cuba se vive al día. Las sobras de la cena de la noche anterior sirven de almuerzo la mañana siguiente. La primera prioridad nacional es la comida. Luego, entre otras cosas, escapar de la insoportable canícula refugiándose frente a un ruidoso ventilador chino.

Es lo que hace Mario, jubilado, quien después del mediodía, mientras los nietos retozan en la calle y en el apartamento contiguo un chivo berrea antes de ser sacrificado como ofrenda en una fiesta de santería, mira con indiferencia Telesur, canal que con una narrativa periodística descaradamente pro chavista describe el ambiente en Caracas el día después de las elecciones para la Asamblea Constituyente.

A la mayoría de los cubanos el tema de Venezuela le suena a disco rayado. Es como revivir ese pasado de marchas combatientes frente a la sede de la otrora Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana reclamando cualquier capricho de Fidel Castro.

RAUL MADUROX
Raúl Castro y Nicolás Maduro, durante un encuentro en La Habana.
Raúl Castro y Nicolás Maduro, durante un encuentro en La Habana.

Al jubilado habanero, Venezuela le trae una sensación de deja vú. “Es la misma mierda, pero con diferente collar. Pobre los venezolanos. Si se dejan meter la Constituyente esa, que se amarren los pantalones. Por donde pasa el socialismo estilo cubano no queda títere con cabeza. Estos sistemas son empobrecedores por naturaleza propia. Solo generan discursos seudo patrióticos, ofensas a los que piensan diferentes y la polarización de la sociedad”.

Mario tiene una hija que “presta misión en Venezuela. Ella está en Carabobo y me cuenta que allí también hay protestas. Con los venezolanos que habla, aunque no apoyan a la oposición, tampoco quieren saber nada de Maduro. Es que el hombre es un pesado. Con esas camisas estilo Mao que se pone y sus discursos queriendo imitar a Chávez. Aquello va reventar como un siquitraca. A Maduro no lo quieren ni en su casa. Lo malo para nosotros es que cuando se joda Venezuela el petróleo que nos regalan quedará colgando de un hilo”.

A ciencia cierta, las personas consultadas para DIARIO LAS AMÉRICAS, entre ellos cuatro cubanos que trabajaron como cooperantes en Venezuela, desconocen de qué forma la Constituyente puede rescatar a la nación sudamericana de la crisis económica, política y social que atraviesa la nación.

“Yo esa muela de la Constituyente no la entiendo. ¿Pa’que es esa cosa?”, pregunta asombrada Miladys, que acaba de regresar de Guanabo, playa del litoral este de la capital.

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La mayoría de los cubanos de la isla viven ajenos a la crisis política que enfrenta hoy el pueblo venezolano.
La mayoría de los cubanos de la isla viven ajenos a la crisis política que enfrenta hoy el pueblo venezolano.

Durante dos años y medio, Asniel fue entrenador deportivo en el Estado de Cojedes. “Aquello está de tranca. Por la noche no se puede salir a la calle. La pobreza es descomunal. Regresé hace un año y creo que Venezuela, con sus colas, escasez, drogas y violencia, está mucho peor que Cuba. Hay tremenda corrupción entre los gobernantes. La mayoría de los venezolanos están disgustados con Maduro, aunque muchos tampoco confían en la oposición, porque la mayoría de los opositores son de la clase pudiente”.

Un matrimonio venezolano que reside en el Estado de Vargas cuenta que suelen viajar cinco o seis veces al año a Cuba para vender “pacotillas, electrodomésticos y teléfonos inteligentes. Somos mulas. Con los chavitos (divisa cubana) que ganamos compramos dólares y luego los revendemos en Venezuela”, apunta el hombre y añade:

“La situación en Venezuela está fea, hermano. Mucha gente pasa hambre, pues solo hace una comida al día. Muchas personas han bajado de peso. Yo era chavista, pero tampoco votaría por los pelucones (opositores). El país está podrido de arriba abajo. A los funcionarios del gobierno lo único que les interesa es hacer dinero robando y lucrando con los bienes del Estado. La delincuencia es brutal. Por cualquier cosa te la arrancan, pues. Si Maduro sigue en el poder aquello puede terminar en una guerra civil. Los que tienen dinero buscan emigrar, los pobres se ripian entre ellos”, subraya el matrimonio venezolano sentado en un parque al oeste de La Habana.

Delia, enfermera, tiene malos recuerdos de Venezuela. “Regresé en diciembre del año pasado. Aquello no tiene arreglo. Tú ves a los niños de 13 y 14 años con pistolas y hasta ametralladoras. En Venezuela la vida no vale nada. Te matan por cualquier cosa, un teléfono móvil, quitarte el dinero o solo por matar. Los chavistas que conocí son unos enchufados y oportunistas de primera clase. Se meten en las instituciones del Estado para resolver sus problemas. En los cerros hay colectivos que apoyan el gobierno, pero algunos de esos tipos tienen pinta de sicarios. Andan en motos y armados hasta los dientes. Apoyan a Maduro a cambio de impunidad. Venezuela es un país muy lindo, pero la crisis económica y el empecinamiento de Maduro lo han jodido”.

Josué, un anciano que se dedica a barrer parques, sonríe con cierta timidez cuando se le pregunta su opinión sobre la Constituyente en Venezuela. “Supongo que Maduro armó todo ese plan para asegurarse en el poder y gobernar durante largo tiempo, como el Fifo. Oye, cuando tu escuches a alguien hablar de socialismo y justicia social huye, pues lo que quiere es estar en el trono toda una vida”.

Laura, ingeniera, cree que la Constituyente de Maduro va a traer la ‘paz’ de una manera simple, “desmontando la Asamblea Nacional, metiendo presos a la mayor cantidad de los opositores y destituyendo a la fiscal Luisa Ortega. Él [Maduro] quiere imitar a Fidel Castro, quien implantó una constitución estilo soviético por los siglos de los siglos”.

Para muchos en la Isla, por las similitudes entre los procesos sociales de Venezuela y Cuba, resulta un fenómeno homogéneo. Se parece tanto a lo que hemos vivido que asusta.

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