viernes 18  de  septiembre 2026
ANáLISIS

EEUU y China: Las dos potencias que rediseñan el Nuevo Orden Mundial

El presidente Donald J. Trump recibirá el miércoles 23 de septiembre a su homólogo chino Xi Jinping en la base Andrews, y al día siguiente se reúnen en la Casa Blanca

Por Leonardo Morales

El presidente Donald J. Trump recibirá el miércoles 23 de septiembre en la base aérea Andrews a su homólogo de China, Xi Jinping, invitado por el jefe de la Casa Blanca en su última visita a Pekín.

Un día después, ambos mandatarios dialogarán en la Casa Blanca sobre temas cruciales: geopolítica, guerra contra Irán y el conflicto en general en Medio Oriente que ha afectado directamente a China, estrategias y desarrollo sobre tecnología en especial la Inteligencia Artificial y acerca de los últimos acuerdos en el comercio mundial y entre las dos principales potencias económicas del planeta.

El encuentro ocurre en un momento particular de la guerra en Medio Oriente, extendida con el apoyo a Irán de los terroristas hutíes de Yemen que se enfrentan directamente a Arabia Saudita, un aliado de la Casa Blanca y principal exportador de crudo a China junto con el régimen de Teherán.

Teherán ha entrenado, financiado y suministrado todo tipo de armas a los hutíes como parte de su estrategia -desde que en 1979 los ayatolás tomaron el poder- para desestabilizar el Medio Oriente y captar aliados utilizando el terror y la fuerza.

Los hutíes han bombardeado puntos estratégicos y fuentes de energía sauditas, que ha afectado el suministro de crudo por el Mar Rojo, la alternativa al Estrecho de Ormuz hasta ahora para mantener el flujo del “oro negro” hacia Pekín.

Jinping entre cuerdas

Más que a Trump, a Xi Jinping le interesa un acuerdo de urgencia con Washington respecto a Teherán para reducir al máximo las afectaciones en las importaciones de hidrocarburos por parte de China y del gas natural licuado procedente de Catar. Irán es, además, el mayor productor de gas natural en la región, del que se nutre también el gigante asiático mediante bajos precios a cambio de respaldo diplomático, financiero y militar en las últimas tres décadas.

La estabilidad del Medio Oriente resulta clave para China, envuelto en estos momentos en varias crisis que van desde la política interna y la energía hasta sectores fundamentales de la economía como el inmobiliario y la sobreproducción de bienes exportables.

A todo lo anterior se agrega la pujante carrera por conquistar el campo de la Inteligencia Artificial (IA), en el que EEUU avanza con amplia ventaja en la delantera respecto al resto de los competidores a nivel mundial.

Desde la llegada de Trump a la Casa Blanca para su segundo mandato, el jefe de la Oficina Oval ha promovido e impulsado como prioridad la inversión en Inteligencia Artificial, resaltando su enorme importancia para continuar en la cima del mundo mediante el dominio de la tecnología, el espacio y las comunicaciones satelitales, que conducen además al desarrollo moderno de la economía y la poderosa industria militar estadounidenses.

Más que un simple encuentro entre mandatarios, Trump y Jinping redimensionan un Nuevo Orden Mundial al dejar a China parte del control de Asia y Medio Oriente para su supervivencia; y al otro lado del Atlántico, EEUU con el mando sobre el Hemisferio Occidental y también el Medio Oriente con una alianza histórica asociada a la Casa Blanca, como el caso de Arabia Saudita, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Pakistán y Turquía. En el otro flanco, Israel, el aliado histórico y vigoroso de Washington.

A pesar de que los últimos 30 años, el poder de China se expandió por toda Europa, los golpes de Trump y la guerra de Rusia contra Ucrania, han dejado al Viejo Continente en modo casi dependiente del poderío económico y militar de EEUU frente a la amenaza de Moscú y Pekín, aunque la presidenta Úrsula von der Leyen declara lo contrario y defiende la “autonomía” europea junto a sus colegas.

EEUU más fuerte

En estos momentos, Europa sufre como nunca antes los embates y las consecuencias nefastas de una emigración masiva descontrolada con una alta cuota de islamismo radical antioccidental y agendas “progresistas” (socialistas) y globalistas que han puesto al borde del colapso las economías y las bases sociopolíticas y culturales de países como Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica y Suecia, además de provocar un cierto y ya visible repliegue frente a la expansión del gigante asiático, después de la grave crisis energética en Europa -sin una solución viable por ahora- y en la que China también es parte afectada de manera sustancial.

A diferencia de esa situación, Trump ha sentado a Estados Unidos en sobre las reservas de petróleo más grandes del planeta (Venezuela) y ha firmado un histórico acuerdo energético que le entrega para explotación y exportación casi el 30% de los yacimientos minerales, junto al potencial energético de reservas e infraestructura de Estados Unidos, además del Esequibo en Guyana.

El presidente Trump generó otro enorme contrato de tierras raras con Ucrania para contrarrestar a China.

EEUU despojó a China de su influencia en el control del Canal de Panamá, una importante vía que conecta el comercio del Atlántico con el Pacífico. Además, ha concretado o prepara convenios con Brasil, Chile, Argentina y Ecuador para la explotación de recursos naturales y sobre abastecimientos estratégicos de aluminio, cobre, níquel, cobalto y acero, entre muchos otros.

El combate expandido contra el narcotráfico y el resto del crimen organizado en la región no es un asunto aislado, sino un eslabón del megaplan de la administración Trump para frenar un serio problema para EEUU: la emigración masiva por el acecho constante de muerte, pobreza y falta de esperanza en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe.

Washington busca en estos momentos que China consolide su apoyo al último gran paquete de sanciones a países que sustentan, dentro y fuera del Medio Oriente, al régimen de los ayatolás. Este último movimiento es parte de la estrategia de la Casa Blanca para terminar de asfixiar la economía y los sistemas financieros y comerciales de Irán, en especial los que hacen sobrevivir el brazo armado del régimen: la llamada Guardia Revolucionaria.

El ajedrez

En otro orden de asuntos, se encuentra Taiwán, un tema central para China y en el que EEUU ha cedido cierto terreno para llegar a un consenso de sentido común en la nueva redistribución global de poder, que significa el eje para evitar un conflicto a gran escala -tanto económico como militar- entre las dos potencias.

Trump juega al ajedrez con China, Rusia, Irán, Europa y los aliados del Medio Oriente, mientras extiende su influencia sin precedentes en un Hemisferio Occidental que en términos reales de acción ha puesto en el centro de su agenda geoestratégica “América First” o “América Primero”. Y la guía ha sido sin dudas, como él ha reconocido públicamente, la vasta experiencia política y la preparación del secretario de Estado Marco Rubio.

El exsenador Rubio, también asesor de seguridad nacional en el actual gabinete, ha sido la figura preponderante en la política exterior de Trump en su segundo mandato, con amplias posibilidades de llegar a la Presidencia o la Vicepresidencia de EEUU.

Rubio, quien ha tenido contactos previos con el ministro chino de relaciones exteriores antes del arribo de Jinping a Washington, es la mano derecha del Presidente junto a JD Vance en casi todos los temas medulares de la administración.

Vance por su parte, anunció que en los próximos dos meses habrá cambios importantes en la guerra contra Irán, lo que deja entrever nuevas estrategias finales o la probable terminación del conflicto bélico.

Pulso global

De acuerdo con algunos expertos de tendencia izquierdista, posiblemente ambos líderes se limiten a prolongar una tregua relativa en vez de concretar resultados, como cuando Xi recibió a Trump en Pekín hace cuatro meses.

"En muchos sentidos, esto será una recapitulación de la visita de Trump a Pekín en mayo pasado, donde el foco estuvo en la sintonía entre los dos líderes", opina Jonathan Czin, del Instituto Brookings.

Del lado conservador, los analistas consideran que Trump y Jinping avanzan de forma acelerada en posiciones mutuas para concretar acuerdos verdaderos y bien sustentados en un futuro cercano. De ahí la importancia de estos encuentros personales, donde cara a cara se discuten asuntos clave para mantener la estabilidad global y evitar un conflicto a gran escala que ninguna de las dos potencias desea actualmente.

China y EEUU siguen midiendo el pulso del poder global. El líder republicano y negociador por excelencia ha convencido de concesiones impensables al mandatario chino y al Partido Comunista que rige el destino del país, como es el caso de la mesura de China frente a la gran ofensiva estadounidense contra el régimen de Irán, un histórico y fiel aliado de Pekín y ficha de valor para la economía del gigante asiático.

El inquilino de la Casa Blanca ha mantenido bajo control a China, a Rusia y a Corea del Norte respecto a las determinantes acciones contra Irán, Venezuela y Cuba, otros dos cercanos “compinches” de los tres enemigos de Norteamérica.

La presencia de China, Rusia e Irán en el Hemisferio Occidental ha quedado prácticamente anulada con las acciones de la administración Trump y el notable ascenso al poder de gobiernos de derecha en la región. Se espera que en octubre se sume Brasil con la victoria del senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.

Ascenso de la derecha

Flávio aspira a la presidencia de la nación carioca con fuertes posibilidades de derrotar al socialista Luis Inacio Lula Da Silva, de acuerdo con las encuestas.

Colombia, Perú, Argentina, El Salvador, Costa Rica, Panamá, Ecuador, Chile, Paraguay y Bolivia se han unido en colaboración estrecha con Washington, mientras Venezuela permanece bajo control y seguimiento de la Casa Blanca, mientras Cuba sigue en la mira y bajo constante presión.

En medio de este panorama, Trump y Jinping se sentarán a negociar sobre aspectos decisivos, cuando existe un margen preelaborado para un posible acuerdo sobre aranceles o al menos la estocada final.

El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, se reúne con su homólogo chino, He Lifeng, este fin de semana, para conversaciones previas al encuentro entre ambos mandatarios, en las que se incluyen las sanciones financieras al régimen de Teherán.

Con las perspectivas de que los republicanos mantengan el control de la Casa Blanca en 2028, Trump y su gabinete trazan líneas divisorias de seguimiento con Jinping, quien también ha salido victorioso de enfrentamientos internos dentro de la cúpula comunista y bajo la tensión de fuerzas radicales que exigen más acción frente a EEUU.

De cualquier manera, cada encuentro de tregua o avance entres los líderes de las dos potencias más poderosas del mundo representa estabilidad, sensatez y respeto mutuo en el rol que cumplen en la historia universal.

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FUENTE: Con información de AFP, EFE y otras fuentes.

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