Y quizás no exista mejor lugar para hablar de los males del comunismo que Miami, y particularmente ante los hombres de la Brigada 2506.
Allí, frente a hombres que hace más de seis décadas estuvieron dispuestos a arriesgarlo todo para recuperar la libertad, los que escogieron ir a luchar por Cuba.
Porque para nosotros los cubanos, el comunismo no es una teoría más en un libro de texto.
Es una doctrina nefasta y sus víctimas tienen nombre y apellido. Es un país viviendo en la miseria. Padeciendo escasez, falta de luz y agua, porque los que se creen capacitados para decidir por ellos optaron por gastarse los recursos del Estado en hoteles de lujo, ignorando viviendas, escuelas y hospitales.
Las víctimas también tienen rostros. Y el presidio político los conoce bien.
La lista de los fusilamientos es larga y dolorosa.
Las familias separadas son reales.
Es todo parte de millones de cubanos que han tenido que partir al exilio, fragmentando el núcleo familiar.
Hay una palabra que explica gran parte de la tragedia: escoger.
El ser humano nace con la necesidad de escoger.
Esa capacidad es inseparable de la dignidad humana y el comunismo comienza precisamente aplastándola.
En nombre de una supuesta igualdad, el Estado termina decidiendo qué puede producir el individuo, cuánto puede ganar, qué puede poseer, qué puede decir y hasta qué puede pensar. La promesa es que nadie tendrá demasiado. El resultado histórico ha sido que unos pocos terminan teniéndolo todo: el poder, los privilegios y la capacidad de decidir sobre la vida de los demás.
El comunismo tiene como prioridad desaparecer al individuo.
Convertirlo en una pieza más de una maquinaria colectiva.
Y cuando el ciudadano pierde su individualidad, el Estado deja de ser su servidor y se convierte en su dueño. Nadie sabe esto mejor que los cubanos que me escuchan en la isla.
Esa es la diferencia fundamental entre una sociedad libre y una sociedad sometida a la nefasta doctrina del comunismo, que va contra la naturaleza humana.
El comunismo va contra la naturaleza humana y dondequiera que ha llegado, no ha sido más que una gran estafa.
Porque la libertad no consiste en que el gobierno tome las decisiones correctas por nosotros. Consiste en que nos permita tomar nuestras propias decisiones.
Y en Cuba sucede exactamente lo contrario.
Durante 67 años, el régimen ha presentado la obediencia como virtud y la discrepancia como delito. El Estado decide por ti, te ordena a obedecer.
El que protesta es llamado mercenario. Quien discrepa, contrarrevolucionario. Quien exige libertad puede terminar en una prisión.
Y así se llega a una de las grandes paradojas del comunismo: una ideología que nació prometiendo liberar al ser humano termina controlando prácticamente cada aspecto de su existencia.
¿De qué sirve que te hablen de igualdad si no la tienes?
¿De qué sirve proclamar que el pueblo es soberano si no puedes escoger quién te gobierna?
La libertad es tener opciones.
El comunismo no necesita quitarte todo de una vez.
Empieza quitándote pequeñas cosas.
Primero te quita la propiedad y si no la tienes, te quitará la posibilidad de tenerla algún día.
Tronchará tu iniciativa y después la posibilidad de decidir y la libertad de expresarte.
Y finalmente te quitará hasta la capacidad de imaginar una vida diferente.
Ese es el verdadero triunfo del totalitarismo: conseguir que el individuo termine creyendo que no tiene futuro.
Las nuevas generaciones bajo el comunismo deben conocer la verdad porque quienes no conocen el pasado pueden ser fácilmente seducidos por las palabras que siempre acompañan las utopías totalitarias: justicia, igualdad, pueblo, revolución.
Palabras hermosas. Pero los resultados han dejado una estela terrible, y Cuba es uno de los mejores ejemplos.
El comunismo desde el siglo XX dejó un legado de sangre y víctimas imposible de ignorar. Las estimaciones varían según las definiciones y las fuentes, pero el Libro negro del comunismo calculó entre 85 y 100 millones de muertos atribuibles a regímenes y políticas comunistas durante el siglo XX; carniceros como Stalin, Mao, Pol Pot y no pueden quedar fuera Fidel y Raúl Castro, que no ganarán en números porque somos un país pequeño, pero sí sus crímenes son comparables en proporción y crueldad.
El verdadero contraste es que el comunismo te dice que el Estado determina lo que tú necesitas.
La libertad te dice: tú eres quien decide.
El comunismo te impone el colectivo.
En democracia: el individuo tiene derechos que el gobierno no puede arrebatarle.
El comunismo te obliga a obedecer.
La libertad te deja: escoger.
Y quizás esa sea la lección más importante que podamos aprender para no dejarnos engañar.
La libertad no es un regalo que nos otorga el gobierno. Es algo que nos pertenece, un derecho por el que hay que luchar si es necesario.
La individualidad no es un inconveniente que deba sacrificarse por una supuesta utopía.
Todos tenemos derecho a disentir, a soñar y a escoger nuestro propio camino.
Porque cuando un gobierno consigue quitarle al ser humano la posibilidad de escoger, ya no hay que quitarle mucho más.
Le ha quitado lo que verdaderamente importa en la vida: la capacidad de decidir y qué hacer con ella.
Para nosotros los cubanos, el comunismo no es una discusión académica. Es algo tangible, extremadamente dañino, lo hemos vivido, el miedo y los daños son permanentes.
Porque el comunismo no necesita quitarte todo de una vez, pero después que lo haga te quitará hasta la capacidad de imaginar una vida diferente.
Ese es el verdadero triunfo del totalitarismo: conseguir que el individuo termine creyendo que no tiene derecho a escoger.
Que termines pidiendo permiso para existir.
La libertad no consiste en garantizar que todos pensemos igual.
La libertad consiste precisamente en permitirnos pensar diferente.
Y eso es lo que el comunismo no puede tolerar.
Porque la individualidad representa una amenaza para cualquier sistema que pretende controlarlo todo.
Un hombre que piensa por sí mismo es peligroso para un Estado totalitario.
Porque el comunismo necesita controlarlo todo, incluyendo la historia. No permitas que nadie controle tu presente, porque inevitablemente querrán controlar tu futuro.