SAN JOSÉ.- Ni fotografías ni entrevistas, una que otra llamada telefónica contestada y algunos mensajes vía Whatsapp. La joven cubana Marisleidy Castro Arrebato, de 27 años, quien asegura estar teniendo un embarazo múltiple, ha decidido pasar al anonimato y evitar cualquier contacto con periodistas para no seguir exponiendo su caso al público, lo que a la postre, podría afectar su estado emocional.

“Decidió coger una tutoría específica porque los medios de prensa la están sofocando, se ha estresado un poco y en este momento no está para atender a cualquiera”, explicó Odalis Ramos Casimiro, una sicóloga, maestra de preescolar, cubana, que le ha estado sirviendo de consejera durante los últimos días a Marisleidy.

Castro Arrebato es parte de un grupo de cientos de cubanos que llegó a Costa Rica entre fines del año pasado y principios del actual. La condición de varados en Centroamérica de estos migrantes es mucho más compleja, dado que Estados Unidos eliminó en el mes de enero la política de pies secos/pies mojados que les favorecía su ingreso al país del norte.

El caso de Marisleidy es aún peor. Asegura estar embarazada de sextillizos, condición que le detectaron centros médicos particulares y públicos durante su travesía desde Venezuela, país al cual llegó hace unos 5 años procedente de su natal Pinar del Río, Cuba. Oficialmente Costa Rica sigue sin verificar su embarazo múltiple, porque ella se ha negado a someterse a exámenes en el sistema de seguridad social del país.

DIARIO LAS AMÉRICAS visitó La Cruz, el pueblo costarricense fronterizo con Nicaragua donde está el grupo de cubanos varados, pero no encontró a Marisleidy. Escuetamente vía celular dijo que no está en la dirección antes indicada, en el centro de la localidad, y por su estado de embarazo justificó que no podía dar su ubicación.

“No pienso decirle a nadie donde estoy. No quiero que nadie hable de mi historia, yo la estoy escribiendo en un libro para contársela al mundo. Estoy cansada de que me utilicen cada vez que he dicho dónde estoy. Los periodistas no respetan la privacidad y no confío en nadie”, fueron los mensajes de Marisleidy vía Whatsapp.

“Mi embarazo no lo haré público. Es mejor no conversar con nadie para no tener problemas y tener un buen embarazo. Me estoy chequeando con médicos capacitados, especialistas. Es todo lo que puedo decirle y mis bebés (en el vientre) están bien, mi azúcar (diabetes) ya mejoró. Cuando nazcan mis hijos sabrán”, añadió la joven cubana, artista de profesión.

Según Ramos, Marisleidy se ha trasladado a vivir con ella en un hotel de San José, capital del país, pagado con fondos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Antes de llegar a San José, Marisleidy estuvo viviendo en casa de una maestra de La Cruz. “Aquí vino una cubana y me contó que había una muchacha en el albergue que iba a tener seis niños, entonces pensé que las condiciones que ella tendría no eran muy buenas y le dije que me la trajera. Le dije que se quedara aquí, que la iba a cuidar, le di un cuartito y una camita donde dormir”, expresó la educadora María del Carmen Mairena.

Ramos está en Costa Rica desde el pasado mes de octubre. No pudo continuar su travesía a Estados Unidos porque la asaltaron en la frontera con Panamá. Perdió todos sus recursos y ahora vive de la colaboración de este organismo, dado que solicitó refugio en ese país.

“El embarazo de Marisleidy es un caso atípico. Por ser mayor que ella y mi gestión de refugio, la directora de migración me sugirió que sirviera de tutora para su embarazo, darle apoyo moral, sicológico y espiritual. Quien la está atendiendo en todos los sentidos soy yo”, añadió Ramos.

Sin ampliar detalles, la tutora o consejera añadió que un ginecólogo privado está atendiendo a Marisleidy y sus recomendaciones se siguen al pie de la letra. No obstante, buscan el criterio de un especialista más en Costa Rica, dijo. Añadió que el objetivo principal de la joven embarazada es poder llegar a Norteamérica, y ojalá pueda ser por las vías legales.

Ramos explicó que la situación económica de ambas es precaria. Además del pago de alquiler de parte de ACNUR, la tutora o consejera recibe ayuda económica de familiares y amigos radicados en Estados Unidos, pero no es suficiente para darle una buena alimentación a la embarazada. La preocupación es que el apoyo en algún momento termine.

“Ella necesita un solo tipo de alimentación y ahí es donde no tenemos recursos. No sé cómo proceder en ese mecanismo para obtener recursos”, clamó Ramos.

FUENTE: Especial

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