LA HABANA.- La Cuba de la televisión oficial es diferente. En el noticiero se ven palas mecánicas recogiendo desechos, brigadas de linieros eléctricos reparando los postes derribados por el poderoso huracán y ciudadanos optimistas ‘confían en que la revolución no los dejará desamparados’.

Pero la Cuba real es otra cosa. La recogida de desechos se realiza a paso de tortuga. No pocos poblados del interior del país estarán un mes sin electricidad y el servicio de agua potable es deficiente.

Pasado el mediodía del miércoles 13 de septiembre, en el barrio habanero de Santos Suárez, centenares de personas iniciaron una protesta callejera en reclamo de electricidad y agua. Los vecinos tiraron a la calle alimentos descompuestos, exigieron reparación en sus viviendas y solicitaron a las autoridades una mejor gestión gubernamental.

Llamémosle Eduardo. Participó en la espontánea manifestación callejera y considera que “el Gobierno debiera hacer una rebaja considerable de precios en las tiendas por divisas, en la venta de materiales de construcción y los elevados aranceles de la Aduana a los paquetes enviados por nuestros parientes desde el extranjero”.

A Eduardo, Irma le desgajó el techo de su precaria habitación en un solar de la Calzada Diez de Octubre y la lluvia le destrozó el colchón, el televisor y una arrocera eléctrica, enseres de su propiedad.

“El Gobierno subsidia los materiales que les vende a quienes sufrieron daños en sus casas, pero solo en un 10 o 15 por ciento. Hay que ser discapacitado físico o un jubilado que exclusivamente depende de su pensión, para que las autoridades lo sufraguen íntegramente. Incluso con rebaja, el cemento, áridos y tejas resultan demasiado caros en el caso de los que trabajamos para el Estado, porque ganamos salarios miserables”, señala Eduardo.

En los municipios costeros de Playa, Plaza, Centro Habana, Habana Vieja y Habana del Este, donde se produjeron penetraciones del mar, seis días después de que el huracán Irma provocara inundaciones de hasta un metro de altura, todavía se mantiene la mugre y siguen con afectaciones del servicio eléctrico y el agua potable.

Germán, residente en el barrio pobre de San Leopoldo, es un tipo de “mecha corta” [carácter explosivo] que al hablar gesticula con sus manos y suelta palabrotas a ráfagas. “Men, si esta p…. no se resuelve, te juro que voy a tirar los muebles pa'la calle y me pondré a gritar consignas contra el Gobierno. Esto es un relajo. Los tipos de la luz y el agua te dicen una mentira tras otra y mi paciencia ya se está agotando”.

DIARIO LAS AMÉRICAS preguntó sobre una mejor gestión después del desastre, a una veintena de hombres y mujeres que sufrieron daños por el huracán Irma.

Carla, reside en Cojimar y perdió su casa: “Lo primero es que los altos cargos del Gobierno deben dar la cara y explicar sin medias tintas ni “teques” [charlas vacías] el estado real de la situación. Ellos deben escuchar lo que opina la gente. Y la gente quiere que rebajen los precios inflados de los alimentos y las mercancías de las 'shoppings' [comercios donde sólo se aceptan moneda convertible o dólares].

Que los familiares radicados en el exterior te puedan mandar, sin costo aduanal en divisas, sábanas, toallas, colchones, electrodomésticos... También, entregar cuotas extras de alimentos y materiales de la construcción, gratuitos, a los que sufrieron destrozos”.

Un funcionario de la Defensa Civil que prefirió el anonimato alega que "lo ideal sería que el Estado pueda ofrecerle a la población alimentos y materiales de la construcción, gratuitos. Pero en Cuba la economía no levanta cabeza. El presupuesto destinado para las afectaciones por huracanes y desastres naturales es limitado. Mientras Estados Unidos dispone de miles de millones de dólares cuando se producen catástrofes originadas por la naturaleza, el Gobierno cubano dispone de unos pocos millones de pesos”.

Según cifras oficiales, en caso de desastres naturales, el presupuesto estatal dispone de una reserva de 200 millones de pesos, unos 8 millones de dólares al cambio actual.

Jorge, economista, considera que “ese presupuesto no alcanza ni para empezar en el caso de este huracán. Aunque oficialmente no se ha informado, la cuantía total de los daños dejados por Irma en el territorio nacional, pudiera ascender a miles de millones de dólares. De las 16 provincias que hay en Cuba, cuatro de ellas (Camagüey, Ciego de Ávila, Villa Clara y Sancti Spiritus) fueron afectadas directamente y en otras también dejó estragos. Casi la mitad de los 169 municipios sufrieron con mayor o menor intensidad las consecuencias del paso del huracán por la isla".

En su opinión, "sería razonable aplicar con inmediatez rebajas de precios en todo el comercio en divisas y no sólo de alimentos que por falta de electricidad se podrían echar a perder, como acaban de hacer algunas tiendas en La Habana, las cuales rebajaron en un 70% muchos de sus productos refrigerados. Igualmente, una amplia moratoria a los artículos que se permiten importar por los viajeros cubanos así como los enviados por cubanos residentes en el exterior a sus familiares en Cuba. Otros problemas a resolver a mediano plazo es crear empresas de seguros que puedan resarcir los daños por desastres naturales y acabar de soterrar las redes eléctricas en las grandes ciudades. Y por supuesto, construir viviendas más robustas, capaces de soportar los embates de un ciclón. A los perjudicados por Irma y futuros huracanes, los bancos deberían entregarles créditos bancarios amplios y con bajas tasas de interés".

En Cuba existe una sola compañía aseguradora, ESEN, pero solamente brinda cobertura a empresas estatales y cooperativas agrícolas (aunque en su página web informa que también asegura autos y otras propiedades particulares).

Pero el cubano de a pie desconoce su funcionamiento. Además de trámites engorrosos para obtener un crédito bancario, éstos solo se permiten hasta 20.000 pesos (800 dólares). Y debido a la inflación y alto costo de la vida en la Isla, esa cantidad no alcanza para poner un techo nuevo. Si acaso, reparar puertas y ventanas dañadas por el huracán.

En varios barrios de La Habana y la Cuba profunda ha habido manifestaciones públicas provocadas por la mala gestión gubernamental tras el paso de Irma. “Lo que ocurrió en Santos Suárez se expandió como la pólvora por todo el país. La gente de otros lugares también lo va a intentar. Saben que no habrá sanciones legales y con prontitud te van a reponer el servicio eléctrico y el agua”, afirma un vecino de La Víbora, barriada colindante con Santos Suárez.

En diversas zonas de La Habana junto a troncos y ramas de árboles, sobre todo en las esquinas, se han ido acumulando toda clase de desechos, donde pululan roedores y cucarachas, sin contar moscas y mosquitos.

“Cinco o seis veces al día llamo al Servicio de Comunales y nadie coge el teléfono. Si no acaban de higienizar la ciudad, en cualquier momento se desata una epidemia. En el periódico Granma, una doctora del centro provincial de higiene y epidemiología dijo que 'sanear la ciudad es una responsabilidad de cada ciudadano'. Parece que ella no sabe que para ese tipo de limpiezas se necesitan equipos y guantes. Y las escobas y recogedores que la gente tiene para limpiar sus casas no los puede coger para eso", explica Sara, vecina de Lawton.

La sensación que se percibe entre los cubanos es que se ha llegado a un límite. Que el régimen no escucha a la gente y es indiferente a las quejas. Entonces deciden gritar su irritación en la vía pública. Consideran que ya no tienen nada que perder.

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