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@IlianaLavastida

Ataviados con uniforme de guerrilleros los presentadores habituales de la televisión cubana, el 16 de noviembre pasado saludaron el aniversario 497 de fundación de La Habana, con un llamado a la guerra.

Respaldados en un supuesto ejercicio militar denominado “Bastión 2016”, los comunicadores del régimen retomaron la retórica defensiva que resulta un tanto contradictoria después de que el general de ejército Raúl Castro tuvo a bien felicitar en un mensaje al nuevo presidente del país que supuestamente, constituye una amenaza perenne contra la pequeña isla.

Con el distanciamiento que normalmente sucede entre el discurso oficialista y la realidad cubana, mientras Castro saludaba a Donald Trump por los resultados electorales, un pánico general se apoderaba de la población, que si bien desconoce en detalles el manejo político en el país vecino del norte, repite a pie juntillas los versos que a diario les recitan.

Según los medios de la isla, si ganaba Hillary Clinton, con la continuidad de las políticas implementadas por Barack Obama hacia Cuba, la ley de embargo continuaría debilitando sus bases hasta quedar apenas como un símbolo que por decantación sería finalmente reprobada de una vez por el Congreso.

En cambio, al conocer el resultado electoral y la victoria de Donald Trump el 8 de noviembre en las presidenciales estadounidenses, los cubanos ven venirse sobre sí una nueva etapa de incertidumbres con la especulación de que serán prohibidos nuevamente los vuelos entre EEUU y la isla y el comercio será otra vez restringido.

Las medidas que pueda implementar la nueva administración de EEUU respecto a Cuba, no sólo dependerán de la voluntad del presidente ni el interés que los miembros de su gabinete experimenten por el destino de la isla.

Como nación sustentada en los principios democráticos, donde el poder ejecutivo sólo está facultado para acometer las leyes que apruebe el poder legislativo, el actuar de EEUU hacia Cuba durante los próximos cuatro años que permanezca Donald Trump en el poder dependerá de lo que por votación decidan los congresistas y senadores estadounidenses.

Sin embargo, a sólo 90 millas de distancia geográfica, el pueblo que hace casi 60 años ha visto sus destinos supeditados al pretexto de un embargo económico, mientras escucha un nuevo llamado de su Gobierno a la guerra, se pregunta cuánto de cierto habrá en que el actuar de la nueva administración republicana impida la continuidad del respiro que significó para los cubanos de a pie la política de acercamiento.

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