Para saber lo que ocurre en Cuba, sin velos ni medias tintas, pero sí con una óptica singular, es aconsejable la lectura del blog de Enrisco. El propio autor confiesa que es un blog “casi tan íntimo como una enfermedad venérea y pensado también para liberar al pueblo cubano, aunque sea del aburrimiento”.

Enrique del Risco (La Habana, 1967) se graduó de Historia en la Universidad de La Habana, y más tarde hizo un Doctorado en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Nueva York. Entre los libros que ha publicado destacan Obras encogidas (1992), Lágrimas de cocodrilo (1998), El Comandante ya tiene quien le escriba (2003), Leve Historia de Cuba (2007), Elogio de la levedad y ¿Qué pensarán de nosotros en Japón? (2008), Siempre nos quedará Madrid (2012) y Enrisco para presidente (2014).

DIARIO LAS AMÉRICAS entrevistó a del Risco para acercarnos a su visión de la Cuba republicana: el período que abarca desde 1902 hasta que triunfara eso que los libros recogen como la “Revolución”.

De los presidentes de la República, ¿quién, en tu opinión, era más líder?

Todos los que tenían un carácter autoritario terminaron siendo dictadores, como es el caso de Gerardo Machado o Fulgencio Batista, o forzaron un segundo mandato como es el caso de Mario García Menocal.

Ciertas concepciones machistas tienden a ver como débiles a presidentes con un talante más dialogador y democrático, pero Alfredo Zayas y Ramón Grau San Martín fueron extremadamente inteligentes y hábiles.

La incapacidad de Carlos Prío Socarrás para reaccionar ante el golpe de estado de Batista lo ha condenado como un presidente débil, no estoy seguro si con justicia.

Y por muchas vueltas que se le dé, especialmente en los últimos tiempos, el último mandato de Batista (1952-1958) tuvo un carácter más económico y criminal, que político o social, como sí lo fue en el período que va de 1934 a 1944.

¿Qué piensas de la intelectualidad cubana durante la época republicana?

Lo que le da justo la complejidad y riqueza al período republicano es esa diversidad que lamentablemente hemos perdido. Y el nivel, que tan bien se refleja en los debates intelectuales y políticos, incluidos los de la Constituyente de 1940.

El escritor y periodista Jorge Mañach y el partido ABC, ¿fueron una oposición peligrosa para Gerardo Machado?

El ABC solo se constituye como partido luego de la caída de Machado. Y sí, fue decisivo en crear la inestabilidad que llevó al debilitamiento de Machado y su posterior caída. Y lo consiguió con varios de los atentados más sonados de la época, como el que hicieron al presidente del Senado, Clemente Vázquez Bello. Dicho atentado iba a servir de cebo para un atentado posterior a Machado en el Cementerio Colón que no llegó a producirse porque la familia decidió enterrar a Vázquez Bello en Santa Clara.

Jorge Mañach ha trascendido como ideólogo del ABC, pero la dirección política y terrorista estaba en otras manos: las de Joaquín Martínez Sáenz, líder de la organización.

¿Por qué Fidel Castro prefirió ignorar la Constitución de 1940?

Porque habría limitado su poder de una manera que nunca estuvo en sus planes.

Si se atiende a sus principales decisiones estratégicas desde mucho antes de la caída de Batista (cómo fue desbancando al resto de los líderes del Movimiento 26 de Julio y la manera en que se comportó con otras organizaciones opositoras e impuso a Manuel Urrutia como presidente provisional), se puede ver con bastante claridad que su plan desde el principio era hacerse con todo el poder.

Los años de la Cuba republicana, ¿podían haber tenido otro final que Fidel Castro?

Por supuesto que pudieron haber tenido una continuidad. La única manera en que pudo imponerse Fidel Castro fue gracias a la crisis política que creó Batista, primero con su golpe de Estado, y luego con nulidad de su gestión para salir de dicha crisis.

Pero una vez que llegó al poder en las condiciones en que lo hizo, con el Ejército de la República totalmente desmoralizado y descabezado y con los partidos de oposición prácticamente disueltos, más la voluntad desmesurada de poder que tenía Fidel Castro y su total falta de escrúpulos para llevar a cabo sus planes, su acaparamiento del poder resultaba inevitable.

En tu libro Enrisco para presidente comentas acerca de que el pasatiempo nacional de quienes nacimos en la isla es buscar solución para los problemas de Cuba. ¿Por qué parece como si todo se quedase en palabras?

No siempre hubo palabras. Para bien o mal la solución armada dominó durante las primeras dos décadas del régimen, un régimen que supo elevar su capacidad represiva a unos niveles que lo hizo parecer invulnerable a cualquier oposición armada.

La inviabilidad de la oposición armada fue lo que dio paso a la oposición pacífica que heroicamente ha conseguido mantenerse en pie todos estos años.

La estructura represiva totalitaria que conserva el régimen impide que dicha oposición se convierta en una opción real de poder. Eso, la falta de solidaridad del mundo democrático, y la profunda desesperanza en la que han crecido generaciones de cubanos que no vemos otra solución que la muy personal de escapar de allí.

Pero no se olvide que Enrisco para presidente es un libro de humor. Y los humoristas tratamos de ser tan sutiles, que muchas veces parecemos decir lo contrario de lo que en realidad decimos.

Esta vez, sin embargo, trataré de decirlo sin circunloquios: nunca como ahora –en vísperas de que el castrismo renueve su dinastía- veo al país más lejos de los ideales republicanos que lo fundaron. La forma más optimista que tengo de decirlo es esta: si es por oscuridad nunca el amanecer habrá estado más cerca.

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