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Para definir lo que ocurre en Venezuela en materia sanitara y alimentaria ya no es suficiente –desde los indicadores internacionales- catalogarlo como una crisis. “Venezuela está viviendo una emergencia. En términos alimentarios estamos enfrentando una crisis severa que se expresa como una emergencia nutricional por el nivel de desnutrición y las muertes que se están registrando“, sentencia Susana Raffalli, nutricionista, experta en seguridad alimentaria, y riesgos de desastres.

Luego de haberse cumplido 14 meses de la creación de la Gran Misión Abastecimiento, programa ideado por el presidente Nicolás Maduro para combatir la “guerra económica“ a través de “los motores” agroalimentario, farmacéutico e industrial, Venezuela ha pasado de una crisis alimentaria en la que la situación se había vuelto atípica por el aumento de enfermedades, niños desnutridos y el desabastecimiento de alimentos a un escenario de emergencia humanitaria en la que el Estado ni siquiera con recursos excepcionales puede dar una respuesta, pues ya no está en capacidad de garantizarle bienestar a la nación.

El pasado 15 de septiembre la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, (FAO, por sus siglas en inglés) presentó su informe sobre el estado de nutrición global entre 2014 y 2016 en el que determinó que Venezuela pasó del 10,5 al 13% en la prevalencia de desnutrición, siendo la cifra más alta para el país caribeño en 25 años.

La insuficiencia en la dieta alimentaria por cantidades ingeridas o la escasez de nutrientes saltó de 2,8 millones de personas entre 1990 y 1992 a 4,1 millones de venezolanos entre 2014 y 2016.

El pasado 11 de septiembre la presidente de la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente, Delcy Rodríguez, reconocía en una entrevista para Al Jazeera que ha habido una disminución de la oferta calórica en el país. Es decir, un máximo representante del Estado está diciendo que no pueden garantizar suficiente comida para todos sus habitantes.

Entre el monitoreo que realiza Caritas Venezuela, organización que coordina Raffalli, sobre los niños desnutridos en 32 de las parroquias más pobres del país -ubicadas en cuatro entidades: Distrito Capital, Miranda, Vargas, y Zulia- se comprobó que de cada 100 niños atendidos (medidos y pesados) 68 presentan riesgo nutricional, 15 tienen una desnutrición moderada y severa, y de ellos 4 están en una situación de desnutrición grave, que amerita que se les refiera a un hospital, por estar en riesgo de muerte.

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La especialista afirma que el Estado ha desarrollado un programa de vulnerabilidad nacional, en el que han establecido como indicador de selección del niño a atender a aquel que esté en condición de desnutrición severa, es decir, se enfocan en tratar a 4% de los infantes vulnerables, lo que a su juicio es un enfoque equivocado, porque no se trata sobre la protección de los menores.

"Un niño en situación de desnutrición grave llega a esta condición luego de seis semanas de hambre. Nutrirlo cuando éste en ese estado le salvará la vida pero no le va propiciar una vida libre de hambre y sufrimiento", explica la nutricionista, quien además afirma que en la medida en que más niños en desnutrición moderada sean atendidos por el Estado se logrará descomprimir la tensión que está causando sobre el sistema de salud nacional.

En cuanto al tratamiento para la atención de los infantes, la experta explica que los niños con desnutrición moderada se pueden alimentar con un suplemento nutricional, una barra, vitaminas y minerales, su recuperación cuesta entre 20 y 38 dólares. Aquellos con desnutrición grave necesitan soluciones de estabilización, alimentos terapéuticos, e incluso algunos ameritan alimentación por sonda (no pueden masticar), para ellos se requieren unos 260 dólares.

Factores que agudizan la situación venezolana

Lo que hace más grave la desnutrición en Venezuela es que se presenta en paralelo con una crisis sanitaria sin precedentes, en la que no se garantizan los insumos médicos mínimos para atender los casos de desnutrición, sumándose las epidemias que han reaparecido en el país: sarampión, malaria, difteria como factores que a su vez contribuyen al decaimiento nutricional de la población.

De acuerdo a un informe presentado por las organizaciones no gubernamentales Provea y la Coalición de Organizaciones por la Salud y la Vida (Codevida) ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA este mes se advierte que “el sistema sanitario público venezolano atraviesa un proceso de profunda desestructuración institucional y destrucción de su infraestructura en un contexto altamente complejo por causas políticas y de fragilidad institucional y económica (…) causando devastadores impactos en la salud colectiva e inminentes peligros para la vida y la integridad de miles de personas“.

Además destacan que “la precariedad del sistema de salud público ha causado el retiro de más de la mitad del personal capacitado, el cierre o abandono parcial o total de la mayoría de los ambulatorios y hospitales", agrega.

"Los centros de salud públicos representan 90% de los entes prestadores y concentran 70% de las camas. 80% de estos centros en todos los sistemas existentes, niveles y estados del país, reportan graves condiciones de precariedad. En la mayoría existen reportes de 70% de escasez en insumos básicos y médico-quirúrgicos; 80% de desabastecimiento en medicinas; 60% de paralización de equipos de diagnóstico y tratamiento, y fallas constantes de energía eléctrica y agua”.

Raffalli alerta que no hay país que aguante una crisis de salud y una crisis de alimentación juntas. "Los niños que se están muriendo ahorita de diarrea fueron posiblemente los niños desnutridos de octubre que entraron a esta estación de desnutridos y no la aguantaron", dice.

Para que Venezuela llegase al estado de emergencia humanitaria actual se presentaron varios factores que hacen más grave la desnutrición:

  • Crisis de salud
  • Violencia e irrupción del orden público
  • Falta de agua segura
  • Falta de energía eléctrica
  • Debilidad institucional
  • Movilidad humana
  • Pérdida del espacio para la integración por miedo y desgaste

Sobre el miedo y el desgaste de la población Raffalli fue enfática en señalar que las dos características de la emergencia en Venezuela están determinadas por su instalación lenta, “no fue un terremoto ni un huracán que arrasaron con el país, en donde los sobreviviente se levantan con capacidades, sino que fue trabajada por desgate, con la desesperanza de la población. Ese miedo producido es una estrategia que opera desde el Estado“, afirma.

Pero además apunta que lo que padecen los venezolanos "se define como una emergencia política o una emergencia humanitaria compleja. La emergencia como la que vive Venezuela es producto de una política de Estado por acción u omisión, cuando ocurre una pérdida del Estado de Derecho que no se puede predecir", indica.

Estrategias para superar la emergencia

Caritas Venezuela además de medir la desnutrición infantil también se realiza una encuesta familiar sobre las estrategias que están aplicando los venezolanos para enfrentar la emergencia humanitaria.

  • En septiembre de 2016, 73% de los venezolanos se estaba adaptando a su nueva realidad sin causar daños, cambiaba el lugar donde compraba comida por uno más económico, pedía prestado e incluso mendigaba pero igual comía. Esta situación no implicaba una privación alimentaria ni un daño. Un año después 80% reporta una privación alimentaria.

  • Frente la situación 67% consideraba en septiembre de 2016 que había visto deteriorar la satisfacción de sus necesidades alimenticias, disminuyendo el número de comidas diarias, algún miembro de la familia comenzó a dejar de comer para que otro lo hiciera, miembro de la familia pasó algún día sin comer, y fueron eliminados de la dieta alimentos que tienen gran valor nutricional o incluyen unos que usualmente no comían. Hoy la cifra aumenta al 85% de los consultados.

  • La estrategia más radical es la que implica la destrucción (separación) del grupo familiar, la venta de activos para comprar comida (instrumentos de trabajo, bienes materiales: taxis, tanques de agua, neveras). Sobre este punto, 34% había reportado en septiembre de 2016 la venta de algún objeto para comer o la partida de un miembro de la familia (niños enviados a casa de un familiar) para disminuir la presión del consumo. Hoy la misma respuesta la ofrece 42% de los encuestados.

El deterioro de la población venezolana comienza a afectar a la región. La experta afirma que ante la incapacidad del Estado para reaccionar ante la crisis, ésta se convirtió en emergencia humanitaria, y aunque intenten encubrirla no la van a poder contener. “Ya exportamos malaria a Guyana, generamos una presión inusual y excesiva sobre los mercados alimentarios de Cúcuta, y Trinidad y Tobago. Exportamos fiebre aftosa que afectó el ganado colombiano. Estamos exportando riesgos humanos, animales, pero además estamos exportando ilegalidad (con la prostitución y trata de blanca)", señala Raffalli.

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