MIAMI.- La ciudad de Miami ilustra muy bien cómo los hijos de inmigrantes, sobre todo de exiliados, terminan adoptando la cultura de sus padres y sintiendo la pérdida de la tierra de sus antecesores, aún sin haberla conocido.

Alina Zerpa, 21 años de edad, que pronto se graduará de periodismo y sicología en University of Miami, supo de la existencia de una isla llamada Cuba, donde sus padres nacieron, crecieron y vivieron sus respectivas juventudes hasta que tuvieron que emigrar, cuando apenas cumplían 21 años, para continuar sus vidas en otra tierra.

“Al comienzo, cuando era pequeña, no entendía bien lo que me contaban. Me hablaban de la belleza de las playas y las ciudades. Me mostraban fotos en las que veía cómo vivían y disfrutaban la niñez. Aquello me parecía como una gran ‘película’ que no comprendía. No entendía por qué tuvieron que dejar aquello hasta que crecí y pude entender por qué mis padres tuvieron que irse de Cuba”, reflexionó.

Hoy, muy cerca de ser periodista y sicóloga, Alina optó por “preguntar” sus inquietudes a la isla de Cuba, a través de una carta que publicó en la revista estudiantil universitaria Distraction, luego de acudir a un encuentro de estudiantes universitarios con la filóloga y periodista cubana Yoani Sánchez, que ha alcanzado notoriedad mundial por sus reportajes y críticas al Gobierno de los Castro.

“Cuando Yoani Sánchez dice que escribe, que publica sus artículos en internet, que viaja, que entra y sale de Cuba, pienso que eso es muy diferente al país en el que mis padres vivieron y mi abuelo estuvo a punto de ser fusilado”, comentó la joven estudiante con los ojos visiblemente llorosos.

“Le pregunté cómo ella puede viajar y hablar, cuando mi abuelo también pensaba diferente al Gobierno y no lo dejaron viajar ni hablar. Me dijo que los tiempos cambian y que ahora lo permiten, pero sentí que mi pregunta no fue contestada”, opinó.

Luego Alina reconoció que los tiempos pueden haber cambiado en la isla y que ahora las tácticas de la dictadura podrían ser diferentes. “Me alegro que los opositores puedan hablar algo ahora, pero eso también me hace pensar en todo lo que mi familia pasó allí y cuánto sufrió mi abuelo en la cárcel”, destacó.

“Siento que mi pobre abuelo, que estuvo a punto de ser fusilado, no tuvo la oportunidad de expresarse como Yoani Sánchez lo hace hoy, y fue a parar a la cárcel por varios años”, recapituló.

Ternura y sentimiento

Alina habla de Cuba con la ternura y el sentimiento de quien nació en la isla, creció en ella y la perdió en contra de su voluntad. Le duele la pérdida. De hecho, la siente porque aprendió a sentirla en el seno de la familia.

Habla español con ese componente tan particular que define a muchos jóvenes miamenses: la riqueza bicultural lingüística que los caracteriza.

“Prefiero escribir en inglés pero el español forma parte de mí. Crecí escuchándolo y hablándolo, al mismo tiempo que aprendí muchas otras cosas”, resaltó.

La joven cubanoamericana tituló la carta “To an island so closed, yet so far”, o a una isla tan cercana, y a la vez tan lejana: “No te conozco en persona pero crecí escuchando relatos que los siento como parte de mi vida”.

Incluso recordó capítulos de la historia reciente que muchos tienden a olvidar: “Sé cómo mami fue expulsada de la escuela de música por ser la hija de un preso político, delante de maestros y alumnos, cuando era aún muy joven para haber tenido la primera humillación de su vida”.

Y luego mencionó conocer de “familias separadas por ideologías, que discutían tratando de convencerse cuál era la mejor…sacerdotes y monjas expulsadas porque a un hombre vestido de verde olivo dijo que no podían permanecer allí”.

“No puedo olvidar la imagen de mi madre llorando porque veía a prácticamente todo el mundo ir a verte (Cuba), cuando su nombre sigue en la lista de los que no son bienvenidos”, subrayó.

“No puedo parar de pensar en abuela y cuán contenta se pone cuando recibe un email de sus primos y se entera que están bien. No paro de recordar los moretones y cicatrices en la espalda de mi abuelo, que nunca se curaron, de todo el tiempo que estuvo en prisión”, meditó.

Reflexiones

Para concluir la carta, Alina se refirió a lo que parece ser su mayor deseo: “Tal vez algún día el régimen termine y mami pueda ir finalmente para ver lo que queda de su casa en La Habana. Por ahora, tendré que conformarme con leer en la prensa que tienes la sala de prensa más lenta del mundo, que sólo el 5% de la población tiene acceso directo a internet y que el hombre vestido de verde olivo no acepta la ayuda de Estados Unidos, aunque el pueblo la necesite después del azote del huracán Matthew”.

Para quienes no comprendan cómo una muchacha de 21 años puede seguir creciendo entre dos culturas y defenderlas como si fuera una sola, Alina planteó que suele decir “pertenezco a una generación muy peculiar. Del grupo de mis amigas, yo soy una de las pocas que los padres nacieron fuera de Estados Unidos. La mayoría de los padres de mis amigas nacieron aquí, o sea que forman parte de una segunda generación que nació aquí y por eso tal vez perciben sus orígenes de otra manera. Pero yo me siento más cerca del lugar donde nacieron mis padres, ya que ellos lo vivieron (en primera persona) y pudieron transmitirme todo lo que conocieron. Por eso, siempre he sentido que mis raíces son cubanas”.

Considera además una suerte haber vivido en los Estados Unidos, “sin tener que ocultar las ideas o pensar en que nos pueden quitar lo poco que tenemos. Esas cosas me molestan mucho. Es muy duro ver cómo viven en Cuba. No me concibo ver algo así y no sentir dolor”.

Sobre la visita del presidente Barack Obama a Cuba, el pasado mes de marzo, cuando medio mundo vio con optimismo el acercamiento entre ambos países, la estudiosa joven opinó que “conociendo la historia reciente de Cuba, la manera de proceder del Gobierno de los Castro, la visita no tenía sentido, aun cuando las intenciones del Presidente podrían haber sido las mejores”.

Alina no pierde la esperanza de un cambio profundo

No obstante, Alina sigue apostando, deseando, un cambio profundo en la isla que aún no conoce, lo mejor para el futuro de los cubanos, lo mejor: “Me gustaría ver un país que progrese, sin censura, libre, donde la gente no tenga miedo hablar”.

Como estudiante de periodismo, que pronto podrá practicar la profesión, Alina apuesta por la investigación y hacer uso de la sicología “para poder analizar las personas y hacer las preguntas que me permitan obtener las respuestas”.

Y hablando de respuestas, las recientes elecciones presidenciales en los Estados Unidos ocupan un lugar entre sus preocupaciones: “Hay gente que dice ‘me voy si está Trump’, y yo me pregunto cómo será si tienen que irse. Todo eso me ha puesto a pensar. Me ha hecho entender lo que mis padres y abuelos pasaron cuando tuvieron que salir de Cuba”.

Alina no imagina, ni quiere imaginar, tener que perder la casa donde creció, sus estudios y ahorros, e irse del lugar donde nació y creció, como sucedió a sus padres, a merced de la piedad del país que la quiera recibir.

“Ahora, que tengo 21 años, la edad a la que mi mamá tuvo que dejarlo todo y salir de Cuba, me doy cuenta de muchas cosas. Cuán duro podría ser para mí dejar todo lo que tengo, mis estudios, para irme a otro país sin saber qué pasará”, recalcó.

Sin embargo, esta joven cubanoamericana, a la que sólo hay que mirarle los ojos para entender lo que siente, no pierde la fe: “Confío en el sistema democrático de EEUU, en el balance de poderes, para que no suceda lo que ha pasado en otros países”, concluyó.

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