jueves 26  de  marzo 2026
OPINIÓN

Lealtad política y la vara del veto de Trump

Trump ha dicho en innumerables ocasiones que ama a sus generales, especialmente a Jim Mattis, su secretario de Defensa. No obstante, no tuvo reparos en rechazar a la candidata presentada por Mattis para un cargo en El Pentágono
Diario las Américas | SONIA SCHOTT
Por SONIA SCHOTT

El presidente Donald Trump dejó claro, desde los primeros días de su gestión, que quería conformar un gabinete constituido por mentes decididas e independientes, que se sintieran en libertad de expresar sus pensamientos a la hora de aconsejarlo.

Sin embargo, a dos meses de su presidencia todavía hay puestos claves que están vacantes, luego de que Trump y sus asesores más cercanos en la Casa Blanca vetaran una serie de propuestas hechas por esas mismas personalidades, independientes y decididas de su gabinete.

Las dos carteras ministeriales más afectadas por las exigencias del Presidente son el Departamento de Estado y El Pentágono, donde radica la secretaría de Defensa.

Trump ha dicho en innumerables ocasiones que ama a sus generales, especialmente a Jim Mattis, su secretario de Defensa. No obstante, no tuvo reparos en rechazar a la candidata presentada por Mattis para uno de los mejores cargos en El Pentágono, ya que descubrió que se opuso a él durante la campaña electoral.

El general Mattis quería que Mary Beth Long ocupara el cargo de subsecretaria de política, una de las posiciones más importantes en la secretaría de Defensa. Long, como veterana funcionaria desde la administración de George W. Bush, está altamente calificada para asumir esa responsabilidad.

El problema estuvo en que Long fue una de las 100 expertas en seguridad nacional, republicanas, que firmó una carta abierta contra las aspiraciones de Donald Trump, en marzo del año pasado, por considerarlo no apto para ser presidente, y aunque más tarde cambió de parecer, el daño ya estaba hecho.

Trump, bajo indicación de Steve Bannon, su principal asesor estratégico, le dijo a Mattis que su elección había sido vetada y que escogería a Mira Ricardel para el cargo.

Ricardel, tras la elección de Trump, sirvió en el equipo de transición del presidente electo.

Éste no es el único caso en El Pentágono. El general Mattis se ha visto obligado a pasar más tiempo luchando en la Casa Blanca, para obtener luz verde para los nombramientos de su equipo, en vez de dedicarse a diseñar las nuevas estrategias de seguridad para definir la participación de militares estadounidenses en Afganistán, Irak o Siria, por ejemplo

El secretario de Estado, Rex Tillerson, enfrenta al mismo desafío.

El ex-director ejecutivo de Exxon Mobil, tenía sus ojos puestos en Elliott Abrams para ser su segundo a bordo.

Abrams es un curtido en las lides diplomáticas, que formó parte de las administraciones de Ronald Reagan y George W. Bush, pero al parecer tampoco pasó el severo escrutinio de Bannon por hacer comentarios críticos en contra de Trump.

El titular de Relaciones Exteriores está teniendo tantos problemas por no poder concretar su plantilla de confianza, que su posición en Washington se está debilitando aún más.

La contrapropuesta de Trump para Abrams sería inicialmente John Bolton, el ex embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, quien fuera uno de los asesores más temidos del presidente George W. Bush, aunque todo puede variar a último momento.

Más de 4.000 empleos gubernamentales en Washington cambian cuando hay un relevo en la administración de la Casa Blanca, pero en este caso, la búsqueda de candidatos que satisfagan al presidente Trump, puede dar la impresión de ser una tarea casi imposible, sobre todo si no está clara la diferencia entre lealtad política y sumisión.

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