Los artistas cubanos protagonizan un éxodo silencioso. No sale en cifras, no ocupa titulares, pero Cuba se queda sin creadores (otra vez). Algunos son jóvenes, rebeldes y han protagonizado los recientes episodios de disenso en la Isla. Como el que se vivió el 27 de enero de 2021 cuando varios miembros del 27N se acercaron al Ministerio de Cultura de Cuba (MINCULT) para dialogar, pero en vez de eso fueron agredidos, según un artículo de Lien Carrazana para DIARIO DE CUBA. Reproducimos el texto.

"Para mí en lo personal, eso fue un parteaguas", señala al medio indepenidnte Julio Llópiz-Casal, uno de los artistas presentes ese día. "En aquel momento todavía albergué esperanzas de que se diera algún tipo de diálogo, con el que siempre estuve de acuerdo; no porque quienes tienen el poder en Cuba se lo merezcan, sino por el simple hecho de que soy un intelectual, y no voy a dar golpes ni quiero sacar por las armas a nadie del poder… Y por eso fue un parteaguas", dice el creador, que ha dedicado su obra reciente a visibilizar la situación de los presos políticos cubanos.

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Tras vivir la experiencia del 27N (cuando formó parte del grupo de intelectuales que entraron al MINCULT a exigir derechos y diálogo), Llópiz-Casal creía que sabía a qué atenerse con las autoridades. "Ese día sentía que podía terminar mal, pero nunca pensé que fuera a terminar con el manotazo y la guagua del terror", reconoce.

El primer agredido ese día fue el periodista de DIARIO DE CUBA Mauricio Mendoza, que desde entonces carga con la incómoda "notoriedad" de ser quien recibió un manotazo del ministro Alpidio Alonso.

"No solo el manotazo, todo lo que pasó después, demuestra la degradación del país, y en esa degradación están incluidos sus funcionarios", opina Mendoza desde La Habana, "funcionarios cada vez más incompetentes" y "sin ética", apunta el periodista de DDC, quien espera librarse algún día del estigma de ser "el del manotazo".

"Prefiero seguir mostrando la realidad, seguir haciendo reportajes, y que el manotazo sea una historia más, una anécdota", dice.

Aunque para ello quizás falta tiempo (y democracia). A un año del suceso, la represión es más aguda, no solo contra los artistas sino contra el pueblo cubano en general. Desde entonces el 27N ha pedido la destitución del ministro Alpidio Alonso y de otras autoridades culturales que participaron en la represión, aunque no han tenido éxito, como reconocen en una declaración publicada hoy donde piden que "no olvidemos el manotazo" y se reafirman en su demanda. Pero los funcionarios cubanos en vez de dimitir se afianzan en sus cargos.

"Los dirigentes de Cultura no han dimitido, y con ello han debilitado a las instituciones culturales", señala la artista Tania Bruguera en conversación con DIARIO DE CUBA.

Ese día Bruguera fue interceptada por la Seguridad del Estado e impedida de asistir a un homenaje a José Martí organizado por el 27N.

"Lo que es evidente es que en Cuba no hay ni meritocracia, ni un proceso de selección transparente para que puedan competir personas con un proyecto cultural. Ese Gobierno sigue eligiendo a los burócratas regido por una sola condición: su disposición de acatar las órdenes sin cuestionarlas, como si cada ministerio fuera militar, y por el nivel de desvergüenza que tengan, para seguir mirando hacia otro lado mientras la injusticia recorre cada capa de nuestro país”, afirma Bruguera, que estuvo bajo arresto domiciliario durante los últimos diez meses antes de salir de Cuba hacia EEUU.

Para Bruguera desoír la "demanda popular" de destituir a Alonso "fue una oportunidad perdida por Díaz-Canel".

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"Es por eso que hoy, en mi caso personal, ya no pido la dimisión del ministro, pido la dimisión de Díaz-Canel", dice Bruguera, quien en 2021 fue reconocida con el Premio Velázquez del Ministerio de Cultura de España, considerado el equivalente del Cervantes de Literatura, galardón que la creadora utilizó entonces como "la mejor respuesta al manotazo".

Lejos de producirse tal dimisión, el suceso parece olvidarse. La represión contra los artistas cubanos también deja de ser del interés de la opinión pública. El rapero Maykel Osorbo, presente ese día frente al MINCULT pidiendo "respeto" para los artistas, gana un Latin Grammy con el tema "Patria y Vida" mientras sigue injustamente encarcelado.

La solidaridad no alcanza cuando condenan a decenas de cubanos en juicios colectivos por protestar pacíficamente el 11 de julio, y la represión comienza a parecer "normal" de tanto convivir con ella.

Pero no es normal que encarcelaran al artista Hamlet Lavastida ocho meses sin juicio por una "idea artística" que no llegó a realizar. Tampoco es normal que lo empujaran al destierro a él y a su pareja, la poeta Katherine Bisquet, también obstinada desde su participación en el acuartelamiento del Movimiento San Isidro.

No es normal que la dictadura siga, 63 años después, apoderándose de todo, decidiendo quien entra y quien sale de la isla-cárcel, expulsando a periodistas incómodos, impidiendo a madres reencontrarse con sus hijos, obligando a millones de cubanos a decidir entre su libertad y Cuba.

En cambio, el artista Luis Manuel Otero Alcántara, detenido desde el 11J, prefiere quedarse en Cuba, así sea a morir en una mazmorra mientras hace otra huelga de hambre. "No me voy, no me conocen, yo me muero aquí", dijo a su tío desde prisión recientemente.

Con su actitud parece decirnos: "Prefiero morir peleando, en mi patria, pero sin amo", como dice el rapero Maykel Osorbo en una estrofa del tema "Estamos conectados", dedicado a Otero Alcántara cuando este estuvo detenido y bajo un proceso judicial en 2020.

La violencia: el lenguaje de los que no tienen lenguaje

“Lo más importante de que eso haya sucedido es que simbólicamente habla, no del poder cultural, sino del poder en general en Cuba: son gente que no conoce otro lenguaje que no sea el de la violencia”, señala Llópiz-Casal.

Después del 27 de enero de 2021 —si a alguien le quedaban dudas—, la posibilidad de diálogo se esfumó frente a funcionarios que, además de no cumplir su función de servir, actúan como trogloditas. Lo que queda es una lección muy dura, opina Bruguera: "El activismo en Cuba ha logrado arrebatarle al Gobierno todos los argumentos que usaban en la propaganda, y los han llevado a enseñar su verdadero rostro: la violencia política".

Para Llópiz, el 27E retrata la represión constante a la que se enfrentan los cubanos en dictadura, sean artistas, intelectuales o ciudadanos de a pie. "Los artistas en Cuba tienen miedo porque si el ministro de Cultura es capaz de hacer eso, del aparato represivo podemos esperar literalmente cualquier cosa. Ese manotazo es la confirmación de que vivimos en un régimen carcelario de quinta categoría que no tiene ningún interés en ser diferente", concluye el creador.

Aunque aparentemente el terror se impone ahora en la Isla, el 27E forma parte de esa cadena de eventos que marcan un antes y un después en las luchas recientes de la sociedad civil cubana. Después de ese día muchos más artistas han hecho públicas sus opiniones y han sumado su voz a la lucha por libertad para Cuba. Y eso puede parecer poco, pero es la punta de un iceberg.

FUENTE: DIARIO DE CUBA

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