jueves 11  de  abril 2024
AMÉRICA LATINA

Celebrar Navidad es un lujo para la mayoría de los cubanos

Con un nuevo año al doblar de la esquina, sin esperanzas de cambios ni de mejorías para el pueblo
Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

ESPECIAL
@DesdeLaHabana

LA HABANA.- En víspera de la Nochebuena, Elena, 68 años, enfermera de un policlínico en la zona antigua de La Habana, Cuba, confecciona galletas caseras para su hijo mayor, un exfuncionario de una empresa estatal sancionado a 10 años de prisión por malversación.

La visita de su hijo es el 24 de diciembre. Al amanecer, junto con su nieto, cargarán pesadas jabas de alimentos y artículos de aseo.

“Los que tienen familiares presos conocen el sacrificio que se hace para llevarles comida, jabones, cigarros o una máquina de afeitar. Lo más difícil es comprar comida”, comentó.

“Si en la calle la gente está pasando hambre y necesidades, por falta de alimentos y medicinas, en la prisión las privaciones son peores. Mi hijo, que ha bajado más de 60 libras de peso en el año y medio que lleva preso, me cuenta que le dan una cucharada de arroz sucio y mal cocinado y un poco de agua con chícharos. A veces, un trocito de mortadela echada a perder. Pasan muchísima hambre. En las cárceles, el azúcar y las tostadas de pan son oro molido. Ya ni te cuento la leche en polvo”, aseguró Elena.

La mujer cuenta que preparar “una jaba con galletas, refresco instantáneo, tostadas y azúcar, para ellos guardar, y llevarle cocinado una ración de arroz, frijoles negros y carne de puerco, para comer durante la visita y dejar para comer en la noche, supera los 10.000 pesos (400 dólares). Mi salario de enfermera es de 4.000 pesos (menos de 25 dólares en el mercado cambiario informal) y tengo que hacer milagros para poder subirle una jaba a mi hijo. Por eso yo misma hago las galletas, pues en la calle un paquete cuesta 250 pesos”.

Celebrar las navidades es un lujo en casa de Elena. “Cuando era niña, diciembre era el mes más lindo y esperado del año. Cualquier familia, por pobre que fuera, podía comprar una pierna de puerco o un pavo completo y si no tenía horno, lo mandaba a asar en la panadería del barrio. Con la llegada de Fidel (en 1959), la cena de Nochebuena se consideró un prejuicio pequeñoburgués. Claro, para el pueblo, pues ellos sí la celebraban y la siguen celebrando”.

En su opinión, en 2022 “los cubanos tuvimos demasiadas tristezas, separaciones familiares y descontento popular por la incapacidad de los gobernantes, de los actuales y de los anteriores”.

Luego de haberse pasado el 24 de diciembre cargando jabas en camiones atestados de pasajeros y almorzando frugalmente con su hijo en un banco de cemento, cuando Elena y su nieto regresen a su casa, comerán arroz congrí y una tortilla de cebolla.

Otros

Andrés, dueño de una cafetería al sur de la capital, desde hace un mes compró dos piernas deshuesadas importadas de España en una tienda en internet: “Las dos pesaron 16 kilogramos y me costaron 145 dólares. Una será para Nochebuena y la otra para el 31 de diciembre. Aunque el negocio apenas me está dando ganancias, gracias a un dinero que fui ahorrando y unos dólares que me envió mi familia en Miami, además del puerco, pude comprar turrones, una caja de cerveza y una botella de sidra”.

Tanto Andrés como Elena reconocen que los dos últimos años han sido muy duros, por la pandemia de coronavirus, la inflación y una crisis económica a la que nadie puede augurar el final.

"Incluso con dólares en la billetera cuesta conseguir lo que buscas. Las tiendas MLC (con dólares) son una vergüenza. Están desabastecidas y los precios son un atraco a mano armada. Pero por la fe cristiana y porque debemos mantener una tradición que al gobierno nunca le ha interesado conservar, los cubanos, si su economía se lo permite, debemos celebrar las navidades”, aconsejó Andrés.

Andrés clasifica entre las excepciones. La mayoría de la población en Cuba no podrá cenar el 24. Algunos, si acaso, harán una comida familiar el 31 para esperar la llegada del nuevo año.

Una fecha u otra

Olga, arquitecta, afirmó que “ni con el salario promedio de 4.000 pesos, ni ganando 20.000 pesos al mes un cubano puede sufragar los gastos de unas navidades con carne de cerdo o de res, pavo, dulces, turrones, cerveza, vino o ron”.

“Las familias se decantan por una fecha: el 24 o el 31. Y casi todas escogen el 31. Si en Cuba desayunar, almorzar y comer es un lujo, que solo se pueda dar una minoría, imagínate festejar en Nochebuena y el fin de año”, confesó Olga.

Braulio, chofer de ómnibus urbano, considera que “esas costumbres se han ido perdiendo por culpa del gobierno. En la etapa de 1960 a 1990 era mal visto tener arbolito de Navidad, comer turrones españoles o asistir a la misa del gallo en la iglesia. Decían que iba contra el manual comunista y los principios de Fidel. Se priorizaba que la gente cortara caña y se movilizara a la agricultura. Y si autorizaron el 31 es porque el fin de año coincide con un nuevo aniversario del triunfo de la revolución. Los mayimbes siempre han celebrado la Navidad. Como dice el refrán: haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.

Carne dura

Desde hace más de una semana, miles de cubanos se aglomeran en las afueras de los mercados estatales con la esperanza de comprar un trozo de carne de cerdo.

Aimara, empleada bancaria, lleva seis días en la cola. “Tengo el número 311. Con suerte podré comprar la carne el lunes 26 o martes 27, y el 31 podremos esperar el nuevo año. En vez de venderla barata, esos descarados del gobierno la están vendiendo a 250 pesos la libra y tienes que comprar la pieza completa. Hay partes que pesan veinte o treinta libras y cuestan de 6.000 a 8.000 pesos".

Y como no todo el mundo tiene esa cantidad de dinero, la solución, aclaró Aimara, “es comprar la carne entre tres o cuatro personas y después compartirla.

En algunas carnicerías están vendiendo la carne dura, en otra media podrida y con mal olor. Pero la gente la hierve y luego la fríe en grasa bien caliente o la asa en el horno. Los estómagos de los cubanos están a prueba de intoxicaciones alimentarias. Comemos carne de Pascuas a San Juan y no podemos andar con remilgos”.

Mientras Elena viaje en un incómodo y destartalado camión a visitar a su hijo en la cárcel, en el elegante restaurante del Hotel Packard, muy cerca del Malecón, se anuncia una cena de Nochebuena a 250 dólares el cubierto. Cuba es un país atípico. Lo anormal es normal y viceversa.

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