SANTIAGO.- Las casillas cerraron en este domingo de elecciones presidenciales en Chile mientras en el país se vivía la mayor incertidumbre de las últimas tres décadas: ¿podría darse una segunda vuelta encabezada por un ultraderechista y un izquierdista apoyado por el Partido Comunista?

Es la primera vez desde la recuperación de la democracia en 1990 en Chile que los candidatos presidenciales con las mayores preferencias en las encuestas están más lejos del centro, lo que ha generado inquietud política y económica. Si los sondeos de días previos fueran acertados, la sucesión del presidente centroderechista Sebastián Piñera se disputaría entre José Antonio Kast y Gabriel Boric. El primero, de 55 años, es un admirador de la dictadura militar (1973-1990) que fue cuatro veces diputado por un partido conservador oficialista. El segundo, de 35 años y egresado de leyes, es un exdirigente de las protestas estudiantiles de 2011.

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Kast —que compite por el Frente Social Cristiano, un pacto entre dos partidos conservadores— tuvo que explicar durante su campaña electoral algunas de sus controvertidas propuestas de gobierno, como la que pretende derogar la ley de aborto en tres causales, vigente hace cuatro años, y cavar una zanja en la frontera para impedir la llegada de inmigrantes. “La zanja es para un control fronterizo”, explicó, y dijo que los inmigrantes indocumentados van a ser invitados a salir o sino, “en algún momento les vamos a poner transporte”, para que retornen a su país de origen.

El ultraderechista —que recientemente dijo que no era un candidato “extremo”— promete recuperar el orden público, achicar el Estado con el despido de 20.000 empleados y rebajar impuestos por hasta 8.800 millones de dólares, entre ellos bajar de un 19% a un 17% el impuesto al valor agregado, el que más recauda; de un 27% a un 17% los gravámenes a las empresas; impuesto cero a las pequeñas empresas y rebajas impositivas a quienes ganen entre 400 y 800 dólares mensuales.

Por su parte Boric, que representa a Apruebo Dignidad, una alianza entre el izquierdista Frente Amplio y el Partido Comunista, propone una reforma tributaria para recaudar 8 puntos del PIB, con más impuestos a los súper ricos, a los ingresos mensuales superiores a los 5.400 dólares, “impuestos verdes” y elevar los tributos a la gran minería del cobre, entre otros, así como eliminar las Administradoras de Fondos de Pensiones, (AFP), criticadas transversalmente porque otorgan bajas pensiones.

El más joven de los siete candidatos también propuso crear un Fondo Universal de Salud para evitar que Chile siga teniendo dos tipos de salud, una de las cuales discrimina por ingresos. También impulsa una reactivación económica que incluya una subvención al empleo femenino y la defensa de los derechos de la población LGBTIAQ+. Además plantea crear un cupo laboral de 1% en empresas públicas y privadas para personas transgénero.

Los otros candidatos en Chile son Yasna Provoste, de centroizquierda; el independiente oficialista Sebastián Sichel, el cineasta progresista Marco Enríquez-Ominami, el izquierdista Eduardo Artés y el economista Franco Parisi, quien compitió desde Estados Unidos por redes sociales.

Cualquiera sea el nuevo presidente, el panorama económico para 2022 será complejo. Chile crecería un 11,5% en 2021 para caer en torno al 2% el próximo, y seguiría con una inflación --por factores externos e internos-- que cerraría el año cerca del 6%, algo no visto en 13 años por los chilenos, que ya no tendrán los 50.000 millones de dólares que giraron de sus fondos de pensiones ni los subsidios estatales por la pandemia, que desataron el consumo.

Chile fue remecido en 2019 por masivas protestas contras las desigualdades sociales y económicas y este año una Convención Constitucional escribe una nueva institucionalidad por una mayoría de miembros alejados de los partidos tradicionales, mientras la sociedad no cesa en sus demandas de cambios.

A diferencia de elecciones pasadas, el domingo se formaron largas filas en las primeras horas de la votación, incluso, algunas de varias cuadras de extensión, en tanto miles de personas esperaron bajo un fuerte sol. “Hay más gente que otras veces porque todos estamos cansados”, dijo a The Associated Press Marie Arias, de 55 años, quien esperó largo rato antes de poder votar.

A partir del cierre de urnas, el Servicio Electoral (SERVEL), inicia el conteo de los sufragios y no tiene horarios fijos para entregarlos. El sufragio es voluntario y también pueden votar los chilenos en el exterior. El padrón electoral lo integran 15 de los 19 millones de chilenos.

FUENTE: Con información de AP

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