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MIAMI.- El Ejército de Liberación Nacional (ELN) siempre fue considerado el segundo grupo guerrillero después de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), organización con la que el entonces presidente colombiano Juan Manuel Santos suscribió un acuerdo de paz que varios analistas no consideran exitoso.

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Para conversar sobre el proceso negociación con el ELN, que quedó en un limbo después de que esa agrupación perpetró un ataque terrorista contra la Escuela de Cadetes de la Policía General Santander, en enero de 2019, DIARIO LAS AMÉRICAS entrevistó a la senadora colombiana María del Rosario Guerra, miembro del Partido Centro Democrático que orienta el expresidente Álvaro Uribe.

Guerra estima que no existe la posibilidad de llevar a cabo unas conversaciones que sean “creíbles” con el ELN, resalta la postura del Gobierno y de su colectividad política de exigir la extradición de los negociadores de esa guerrilla que aún permanecen en Cuba y ahonda sobre el proceso de paz firmado con las FARC que, a su juicio, no ha logrado la anhelada paz en Colombia.

-Los líderes de la guerrilla de ELN aún continúan en territorio cubano tras el fracasado diálogo de paz con esa organización. Su partido, el Centro Democrático, ha fijado una posición y le ha pedido al régimen cubano que extradite finalmente a estas personas. ¿En que ha fallado ese trámite y por qué finalmente no están estos guerrilleros ya en Colombia?

Si ustedes recuerdan el año pasado, en el mes de febrero el ELN explotó una bomba en uno de los sitios más queridos por los colombianos, que es en la escuela de formación de nuestros jóvenes policías. Ahí fallecieron 21 jóvenes en ese ataque terrorista y a raíz de ese hecho cualquier posibilidad de acercarse a una conversación con el ELN hubo que cerrarla. El presidente Iván Duque cuando se posesionó [en el cargo] fue muy claro y dijo que el ELN primero tenía que cesar las actividades terroristas. Segundo, que tenía que devolver los secuestrados y, por supuesto, tercero, que tenía que demostrar que realmente no quería seguir un proceso de rearme, sino un proceso de reintegración a la vida civil. Tristemente, nada de esto se ha cumplido y lo que saturó cualquier posibilidad [de diálogo] fue ese ataque terrorista. Hoy, entonces, lo que uno aspira es que Cuba, que los tiene en su país, los extradite y no lo ha hecho bajo el argumento de que existe una mesa de diálogo. Eso se acabó, entre otras cosas por ese reprochable y miserable ataque terrorista que hubo en contra de la escuela de formación de nuestros policías, pero, además, porque continuaron su actividad terrorista y se ha ido fortaleciendo y, adicionalmente a ello, tiene una estrecha relación con el narcotráfico. Entonces, si un país como Cuba dice ser un país amigo de Colombia, y entre comillas “amigos del diálogo”, pues ha debido extraditarlos.

-El grupo se ha fortalecido en los últimos tiempos. Vemos que tiene presencia en Venezuela y allí manejaría muchos recursos y tendría territorios asignados por el régimen de Maduro. ¿Usted cree que ya esa posibilidad de que se dé un acuerdo de paz con esta guerrilla se esté descartando por completo?

Si somos coherentes, mientras no se cumplan esas condiciones de cesar todo acto terrorista, devolver a los secuestrados que no han devuelto y, además, no se separe de ese negocio ilícito que tanto daño le ha hecho a los colombianos y a la economía colombiana, pues para qué sentarse [con el ELN]. Nosotros no queremos repetir lo que se vivió con las FARC, que nos dijeron que el acuerdo con esa guerrilla, que iba a ser primero para resarcir a las víctimas, no se ha cumplido. Ni una sola víctima ha sido resarcida con recursos de las FARC. Segundo, dijeron que no iba a haber impunidad con las FARC y las vemos. Hoy ninguno de los cabecillas de las FARC que cometieron delitos de lesa humanidad ha sido condenado ni ha pagado un día de cárcel. Por el contrario, están en el Congreso de la República, en el Senado y la Cámara. Tercero, también nos dijeron que las FARC iba a entregar todos esos bienes que tenía en su haber. La misma FARC habló de cerca de 950 mil millones de pesos colombianos y la Fiscalía General habló de que las FARC tenía bienes para extinción de dominio por 2.5 billones de pesos colombianos. Pues no han entregado sino el equivalente a 30 mil millones de pesos y ha sido una burla en ese sentido. Las FARC dijo que iba a entregar cerca de 15 mil hombres que se iban a desmovilizar y al final no fueron sino 13 mil, y lo que sí hemos visto en paralelo es que las disidencias de las FARC y el ELN se han fortalecido durante este periodo.

Por eso es que creemos que [el Gobierno] no debe sentarse a una mesa [con el ELN] mientras aquí no cesen esas condiciones mínimas que planteó el presidente Iván Duque.

-Teniendo en cuenta ese proceso de paz con las FARC que, finalmente, por lo que vemos, no ha sido muy o nada conveniente para el pueblo colombiano, ¿valdría la pena hacer un experimento similar con el ELN?

Siempre uno puede estar dispuesto [a dialogar] porque Colombia ya ha tenido la experiencia con el EPL, PRT, M-19, Quintín Lame. Siempre hay que tener la posibilidad de que si se quieren reintegrar a la vida civil, sujetándose a la Constitución y la ley, se pueda hacer, pero es que aquí hay grupos como el ELN y las FARC que siempre jugaron con la buena disposición de los gobiernos y eso es lo que hastía al pueblo colombiano que los gobiernos han sido generosos, que han abierto las oportunidades, pero ellos [los grupos guerrilleros] al final no han cumplido. Ese es el temor con el ELN que no ha mostrado ninguna voluntad real, un grupo que estaba diezmado, que se decía que tenía menos de 2.000 hombres hasta hace muy poco, y resulta que hoy el ELN podría tener más de 4.000 o 5.000 hombres. La única verdadera paz es la que se haga con el pueblo colombiano, que está ajustado a la Constitución y a la ley, este pueblo trabajador y luchador que no puede seguir teniendo mensajes de que ser guerrillero, narcotraficante o criminal paga [es conveniente]. Esa es la sociedad que no queremos. Queremos una sociedad respetuosa de la ley, solidaria, que cierre brechas sociales, que abra oportunidades. Por eso hoy no veo ninguna posibilidad de que el Gobierno pueda tener un diálogo serio, creíble, con el ELN.

-Tras el acuerdo con las FARC, el presidente de entonces Juan Manuel Santos obtuvo el Premio Nobel de Paz, y una parte de la sociedad colombiana aplaudió ese pacto para la pacificación del territorio colombiano. ¿Hoy Colombia es un país en paz?

Tristemente tengo que decir que han hecho un mal uso de la palabra paz. Nosotros vivimos una verdadera paz durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, que estaba basada en la seguridad. No hay nada más importante para un ciudadano y los empresarios que sentirse seguros para trabajar, estudiar o salir [a las calles] y eso lo vivimos y lo recuperamos con el gobierno del presidente Uribe, de la mano de nuestras fuerzas militares y de policía, de la mano de la Constitución y la ley, pero también vivimos la inversión social porque tienen que ir de la mano el bienestar y la mejoría de las condiciones de vida. Hoy hay una realidad en Colombia: la situación de inseguridad y de violencia que vive el país está permeada por el narcotráfico y mientras no combatamos el narcotráfico va a ser muy difícil. En el gobierno de Juan Manuel Santos, con la palabra paz, nos hicieron creer que definitivamente esto iba a ser diferente y no hay tal porque han mentido en cuanto a los cultivos ilícitos. Cuando llegó al gobierno Santos, en el año 2012, cuando comienzan las negociaciones con las FARC, en el país había 78 mil hectáreas sembradas de coca. En el 2016 Juan Manuel Santos firma con las FARC ese acuerdo y ya había 160 mil hectáreas sembradas, pero a ello súmele también que en ese período se negó la aspersión aérea para erradicar las plantas de coca y también se nos dijo que lo más importante era la sustitución voluntaria. Si no combatimos el negocio el narcotráfico asociado a la siembra de coca difícilmente estas estructuras criminales pueden ser combatidas y si nosotros no damos un mensaje claro de que la criminalidad hay que combatirla pues es muy difícil que aquí haya confianza. Yo estoy de acuerdo con que todos aquellos que quieran entregar las armas y reincorporarse a la vida civil que se desmovilicen y hay que apoyarlos. De hecho, en el gobierno del presidente Duque ya va un buen número de personas del ELN que han entregado sus armas y se están reincorporando voluntariamente, como lo vimos en el gobierno del presidente Uribe cuando se desmovilizaron 56 mil hombres de la guerrilla y cerca de 34 mil de los paramilitares. Esto sí es posible, pero en el caso de Juan Manuel Santos creo que tuvo mayor afán por ganarse un premio como el Nobel que en preocuparse por la institucionalidad y la democracia colombiana y nos las dejó heridas, diezmadas, y nos dejó un grupo envalentonado que no le ha cumplido al pueblo colombiano.

dcastrope@diariolasamericas.com
@danielcastrope

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