sábado 7  de  febrero 2026
POLÍTICA

Costa Rica: Triunfo de Laura Fernández marca el inicio de la transición interna

La heredera de Rodrigo Chaves arrasó en las elecciones del domingo con 48,33% de los votos, superando con creces el diferencial para evitar la segunda vuelta

Por Estefani Brito

MIAMI — Costa Rica, tradicionalmente reconocida como una de las democracias más estables del hemisferio, entrará de la mano de Laura Fernández, heredera del presidente saliente Rodrigo Chaves, en un complejo proceso de transición interna, marcada por la penetración del crimen organizado y el desgaste de las estructuras políticas tradicionales.

La candidata del Partido Pueblo Soberano (PPSO) se impuso en las elecciones de este domingo con 48,33% de los votos, superando con creces el apoyo que requería en la primera vuelta y con una amplia ventaja de su principal contrincante, el abanderado del socialdemócrata Partido Liberación Nacional, Álvaro Ramos, que alcanzó el 32,12% del sufragio. Ninguno de los 18 candidatos restantes consiguió hacerse ni con el 5% del apoyo, según las cifras ofrecidas por el Tribunal Supremo Electoral (TSE).

“El mandato que me da el pueblo soberano es claro, el cambio será profundo e irreversible”, expresó la politóloga de 39 años, que fungió como ministra de la Presidencia y de Planificación del presidente Chaves, en su primer discurso como presidenta electa, en el que se comprometió a no permitir “nunca” el "autoritarismo" y la "arbitrariedad" que "nadie quiere" en Costa Rica.

Las felicitaciones por parte de Washington no se hicieron esperar. A través de un breve comunicado, el secretario de Estado Marco Rubio celebró la “contundente victoria electoral” de Fernández, confiando en que bajo su liderazgo “Costa Rica seguirá impulsando prioridades compartidas, como la lucha contra el narcotráfico, el fin de la inmigración ilegal a Estados Unidos, la promoción de la ciberseguridad, la seguridad de las telecomunicaciones y el fortalecimiento de los lazos económicos”.

Con este triunfo, la delfín de Chaves asume las riendas del país centroamericano tras una campaña en la que prometió continuar con “lucha frontal” contra el narcotráfico y el crimen organizado, que inició su antecesor. “Costa Rica entra a una fase inédita de presión institucional y reacomodo de poder”, expresa el analista Orlando Molina, fundador de la Cátedra Libre de Integración y Cooperación Centroamericana de la Universidad de Costa Rica, en conversación con DIARIO LAS AMÉRICAS.

Cansancio electoral

Molina explica que la raíz del actual reordenamiento político está en el agotamiento del modelo bipartidista que dominó la vida nacional durante cuatro décadas. “Lo que se vio en el electorado costarricense fue un cansancio. Un cansancio y la gente estaba harta de que los dos grandes partidos (...) estuvieron durante 40 años turnándose en el gobierno y prácticamente buscaban al electorado cada cuatro años. Se olvidaron de las necesidades del electorado como tal”, señala.

Ese desgaste coincidió con un fenómeno que, asegura, cambió la ecuación política de manera irreversible: la irrupción del crimen transnacional: “De hace 10 años para acá se ha visto en Costa Rica la presencia del crimen organizado, que eso no se había visto jamás. La penetración terrible del narcotráfico... que viene prácticamente de los cárteles de Sinaloa y del norte de México”.

Esa infiltración, advierte, permeó las instituciones hasta deteriorar la capacidad del Estado para responder a las demandas ciudadanas: reducción de la pobreza, control de la inflación y freno a la criminalidad. El resultado fue el surgimiento de un nuevo lenguaje político encarnado por el presidente Rodrigo Chaves, cuyo estilo de confrontación reconfiguró el mapa electoral: “A la gente le gustó y compró un nuevo lenguaje político, un lenguaje populista que penetró en la base electoral, en la clase media-baja y la clase vulnerable empobrecida”.

El ascenso de Chaves no sólo significó la erosión del bipartidismo, sino un enfrentamiento directo contra —lo que Molina denomina— una estructura de poder enquistada durante décadas: “Rodrigo Chávez se enfrentó al poder que construyó tanto la Unidad Social Cristiana como el Partido de Liberación... y otros partidos que entraron en la acción política”.

Esa estructura, insiste, dominaba las decisiones del Estado desde los tribunales hasta los grandes medios de comunicación. El académico describe un mecanismo orgánico capaz de moldear gobiernos enteros: “Los tribunales controlaban indiscutiblemente estos grupos de poder —económicos, judiciales y mediáticos— (...) Teletica y el diario de La Nación prácticamente escogían quién eran los ministros, los posibles candidatos a diputados, quién era el presidente”.

Por ello, sostiene, el gobierno saliente de Chaves, que al parecer continuará con Fernández, avanzó en “desmontar poco a poco los monopolios que tenían estos grupos económicos en cuanto a las exportaciones e importaciones” y el control político incrustado en la Asamblea Nacional (AN).

Una transición

El analista subraya que el proceso que vive Costa Rica no es una transición entre regímenes políticos, sino una redefinición interna del sistema democrático: “Se está haciendo una transición dentro de un sistema democrático. No es una transición de un régimen socialista o totalitario hacia un régimen democrático. Y eso, sin lugar a dudas, va a afectar todo el proceso de gobernanza”.

“Ellos (Fernández-Chaves) han ganado el gobierno. Pero el poder es otra cosa. El poder lo controlan estos grupos poderosos, desde el punto de vista político, económico y comunicacional (...) A Laura Fernández le va a ser muy difícil porque ella está desmontando, repito, todo lo que se construyó durante los últimos 40 años”, advierte.

La situación, a su juicio, se complica porque “Laura ganó la presidencia, pero dentro de su partido no tiene el poder. El poder lo tiene Rodrigo Chaves”, quien, considera, podría “meterle otro partido, otro movimiento electoral, a Laura Fernández”, tal como ocurrió en el pulso entre los expresidentes Óscar Arias (2006–2010) y Laura Chinchilla (2010–2014).

Ante este panorama, la actuación legislativa será decisiva: para aprobar reformas estructurales o una eventual constituyente —una propuesta impulsada por Chaves— se requieren 38 votos. Con 31 escaños del oficialismo, las alianzas serán inevitables: “Tendrá, necesariamente, que hacer alianza. Para reformar la constitución necesitan 38 votos, no una mayoría simple”.

Molina anticipa un escenario de alta fricción, especialmente por el estilo del presidente saliente: “Él ha ofendido y descalificado desde el punto de vista personal a los jefes de estos grupos de poder. Se le va a hacer muy difícil (alcanzar acuerdos)”.

En su opinión, el oficialismo “tendrá que hacer una serie de concesiones indiscutiblemente, más que todo con el Frente Amplio”, además de tender puentes con la Unidad Social Cristiana e independientes.

Policía en riesgo

El deterioro en seguridad pública es quizá el desafío más grave. Los niveles de homicidios, afirma el académico, rompieron todos los precedentes: “En 2023 hubo más de 900 homicidios. En 2025, 873 homicidios. Eso jamás se había visto en Costa Rica”.

El experto insiste en que el país requiere una política de Estado, no de gobierno: acuerdos de largo plazo entre Ejecutivo, partidos, élites económicas, iglesias y medios. Pero advierte un riesgo mayor: la posible politización de la fuerza pública. “Intentó (Chaves) politizar a la fuerza pública. Eso es extremadamente peligroso, puede llegar un momento en que tome tanto poder que provoque un golpe de Estado o una sonada”.

La situación se agravó —agrega— cuando la policía inició investigaciones sobre funcionarios del gobierno actual ligados al narcotráfico y el lavado de dinero. “Chaves descalificó y destituyó a la mayoría de los jefes policiales”, indica.

Ese deterioro institucional —considera— ha encendido las alarmas en Washington: “En la embajada norteamericana en Costa Rica, el número de funcionarios de la DEA pasó de diez a casi 37. Eso te indica que ese aumento es por algo”. A su juicio, EEUU mantiene un monitoreo estricto, impulsado por figuras como el secretario de Estado, Marco Rubio.

La influencia estadounidense en la nación centroamericana será un factor determinante, sostiene Molina. “Hay mucha influencia norteamericana. Están entrando millones de turistas al año, la mayoría europeos y estadounidenses, y los inversionistas de Europa y Norteamérica están haciendo grandes inversiones en proyectos habitacionales y turísticos”.

En política exterior, no prevé grandes sobresaltos. La dinámica con China será secundaria: “Las relaciones con China son transaccionales”, asegura, mientras que con Estados Unidos se fortalecerán: “No se van a salir de la órbita de los intereses norteamericanos. Van a monitorear todo lo que haga y diga Laura Fernández”.

El analista, además, lamenta que Costa Rica siga sin integrarse plenamente al resto de Centroamérica, pese a que “hay necesidad de crear ese bloque”. Los indicadores económicos regionales no son necesariamente alarmantes, pero la penetración del narcotráfico sí. “Los cárteles mexicanos están penetrando los seis países y el país con mayor riqueza y mejor distribución es Costa Rica”, enfatiza.

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