Este movimiento obligó a la tiranía cubana a buscar un acercamiento con la administración republicana, como anunció el presidente Trump el fin de semana y reconoció el vicecanciller castrista, Carlos Fernández de Cossío, a la AFP, aunque tratando de minimizar el diálogo al calificarlo como un simple “intercambios de mensajes” y de “comunicaciones”.
Como habría adelantado el designado Miguel Díaz-Canel, su canciller reiteró que están dispuestos a un diálogo “serio, responsable y que descanse en el derecho internacional, en el respeto a la igualdad soberana de nuestros Estados y que conduzca a una relación respetuosa entre los dos países".
Mientras tanto, Trump —que había informado el sábado sobre conversaciones con “las más altas esferas” del régimen— se refirió el lunes a un avance en las negociaciones. "Muchos (cubanos) quisieran al menos visitar a sus familiares, y creo que estamos cerca de lograrlo. El caso es que estamos negociando con los líderes cubanos en este momento", dijo a los medios desde el Despacho Oval.
Sebastián Arcos, director interino del Instituto de Investigaciones Cubanas (CRI) de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), asegura que la estrategia de Estados Unidos apunta a “una conmoción” dentro de la élite de poder en La Habana, cuya amenaza a la seguridad nacional de EEUU desde 1959 es una “realidad innegable”.
“La ‘emergencia’ ha existido desde el 1959, pasando por la Crisis de los Misiles de 1962 hasta la captura de Ana Belén Montes en el Pentágono. La amenaza cubana a los EEUU siempre ha estado presente y manifiesta. Cuba ha colaborado activamente con todos los enemigos de los EEUU, y la amenaza de espionaje, infiltración y desestabilización continental sigue vigente hoy día; ahí está Venezuela como evidencia”, explica el investigador en declaraciones a DIARIO LAS AMÉRICAS.
El objetivo
Tras la captura de Maduro, quien de acuerdo con informes de Inteligencia habría convertido a Venezuela en base de operaciones de China, Rusia, Cuba, organizaciones terroristas y narcotraficantes, el Gobierno de Trump ya no espera el colapso del régimen —como ha hecho desde hace décadas—, sino que busca acelerar su ruptura interna. “El objetivo de esta escalada dramática de las sanciones contra el régimen es ocasionar una conmoción, que fracture la unidad del régimen y conduzca a una confrontación de facciones internas, con la expectativa de que una facción reformista resulte ganadora”, sostiene Arcos.
Esta estrategia apunta al cierre del suministro energético, que financian al aparato de represión de la tiranía cubana. Para Arcos, impedir los envíos de petróleo venezolano —y penalizar la ayuda de terceros— es la medida más eficaz para forzar un cambio de conducta. Un bloqueo naval, subraya, no es necesario. “La amenaza de aranceles comerciales es suficiente para desincentivar. Nadie se atreverá a desafiar al Sr. Trump”.
El analista descarta que Vladimir Putin pueda sostener a la isla en este contexto. “Rusia no intentará abastecer a Cuba usando su flota ‘fantasma’ porque tiene que protegerla de la confiscación por parte de EEUU, que ya ha confiscado tres tanqueros con bandera rusa y no dudará en hacerlo de nuevo. Rusia e Irán van a priorizar sus propias fuentes de ingresos”, precisa.
Las consecuencias de estas medidas serán devastadoras para la dictadura: “Ninguna economía moderna (contemporánea) puede funcionar sin energía. Cuando se agote el combustible en reserva, la economía cubana se paralizará completamente”, advierte Arcos. Sin electricidad, sin agua (las bombas requieren electricidad o diésel), sin transporte y sin capacidad operativa, la propia maquinaria represiva quedaría limitada: “Eventualmente las mismas fuerzas represivas se quedarán sin transporte, y les será muy difícil reprimir a oscuras”.
“Los regímenes totalitarios sólo se reforman a consecuencia de una conmoción (muerte del líder, guerra, o cambio de paradigma interno o externo) (...) Las protestas populares, siempre posibles, contribuirían significativamente a la conmoción, combinando la presión interna con la externa”, indica.
En este contexto, contempla que el régimen recurra a la represión, “incluso disparar a mansalva contra manifestantes desarmados como recientemente ha hecho Irán”. Sin embargo, aclara, eso puede ser un arma de doble filo: “aun si pudieran controlar la protesta de manera temporal, la carnicería podría provocar una respuesta militar de EEUU, que es otra forma de conmoción”.
Negociación inevitable
Con la declaración de emergencia, Trump no sólo apretó el cerco al régimen, sino que también envió un mensaje: “EEUU dejó de ser un mero espectador a la espera de que el régimen colapse por su propio peso, para convertirse en un agente que busca de manera intencional y activa precipitar un cambio de régimen en Cuba”.
“El estatus quo tradicional, que suponía que el régimen podría sobrevivir varios años hasta su colapso interno, se ha evaporado definitivamente, y el régimen se ha quedado sin tiempo. Esto fue un jaque mate” —que forzó a la dictadura cubana a una negociación—, subraya el experto.
El objetivo sería entrar en una fase de transición a “un régimen democrático, no simplemente amigo” de los EEUU: “A los castristas no les queda otra alternativa que negociar con Trump”, abriendo una segunda partida de ajedrez. “El jaque mate los obliga a negociar, pero la negociación será larga, como un segundo partido”, sostiene el analista, al reafirmar que esta nueva partida “recién acaba de empezar”.
En este nuevo tablero, Arcos no descarta que el régimen intente plagar el proceso de tácticas dilatorias: “Intentarán negociar para ganar tiempo, para engañar y ganar concesiones para mantenerse en el poder lo más que puedan y quedarse con prebendas”. Y el interlocutor de la dictadura, continúa, tendría que ser una figura que representa al “más alto poder en Cuba” y que cuente con la “entera confianza” de Raúl Castro: “Alejandro (Castro Espín) bien pudiera ser esa persona”.
Pese a que se ve obligada a negociar, para Arcos Cuba no llega “necesariamente en total desventaja”, debido al “extremo pragmatismo” del presidente Trump. “No (llega) necesariamente en total desventaja, pero definitivamente forzados por las nuevas circunstancias. De por sí, negociar bajo presión es siempre una desventaja, sobre todo cuando se trata de abandonar asuntos estructurales como el modelo político-económico”, señala.
Transición lenta, tortuosa
En paralelo a las negociaciones anunciadas por Trump —y reconocidas por el régimen—, el encargado de negocios de Washington en La Habana Mike Hammer fue víctima de hostigamiento en la isla. El experto desecha que estos actos obedezcan a un descontrol o fragmentación dentro de la cúpula de poder: “La hostilidad contra el embajador Hammer es un reflejo incondicionado del régimen (...) Esa aparente contradicción es parte del teatro que montan para sus seguidores internos y externos”.
Esta doble narrativa —hostilidad pública y negociación privada— es, para Arcos, una estrategia conocida y refinada durante décadas, aplicada también por la actual jefa encargada del régimen venezolano, Delcy Rodríguez, quien “se declara antiimperialista a la misma vez que negocia con EEUU tras bambalinas”.
El experto no duda que el régimen buscará vías para sobrevivir, “sea a través de la represión redoblada o incluso de una negociación falsa para ganar tiempo”, debido a la “larga historia de perseverancia e inflexibilidad” que tienen. En este sentido, advierte que la transición cubana será un proceso largo. No solo por la resistencia del régimen, sino por limitaciones propias de Washington: “El régimen va a negociar de mala fe, tratando de ganar tiempo y concesiones, y EEUU tiene una agenda muy compleja que no le permite dedicarle la atención requerida”.
A esto se suma, la visión particular de Trump: “El estilo del presidente Trump es demasiado pragmático, donde la estabilidad a corto plazo es la prioridad, no una transición democrática rápida”. Esto, en la práctica, le concede al régimen cierto margen para proyectarse como “garante” de la estabilidad interna “evitando un supuesto vacío de poder”, como sucede con el chavismo en Venezuela.
La clave para medir la sinceridad de un eventual acuerdo será inmediata y verificable, en opinión de Arcos: “La primera medida de si negocian seriamente o no es la inmediata liberación de todos los presos políticos, con la cancelación de sus condenas. Menos de eso, quiere decir que nos quieren pasar gato por liebre. Los castristas son la gente menos honorable del universo”.