MIAMI- El éxodo del Mariel ha cumplido 41 años, la crisis de los balseros llega a su 27 aniversario. El muro de Berlín se cayó en 1989, creando una suerte de efecto dominó para el fin del socialismo en Europa, y la Unión Soviética se disolvió, finalmente, en 1991. Son fechas que han influido, paulatinamente, en la ya larga y agotadora decadencia del castrismo. Este 5 de agosto se conmemora el llamado “Maleconazo”, el único capítulo de rebeldía popular acontecido en La Habana después de 1959, y antes del 11 de julio de este año.

Existen escasas imágenes sobre el inesperado acontecimiento y resulta revelador el énfasis inmediato y totalmente espontáneo de sus participantes al llamado de libertad, así como la circunstancia de que fueran reprimidos brutalmente no solo por la policía uniformada, sino por obreros de la construcción, pertenecientes a la brigada Blas Roca Calderío, fuerza de choque paramilitar creada directamente por el dictador Fidel Castro, quien compareció en el malecón con su tropa de guardia personal cuando ya la revuelta había sido controlada.

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Faltaban, por supuesto, los medios sociales, sus foros de opiniones instantáneos y el valor de videos tomados por los teléfonos inteligentes, con la capacidad de internacionalizar lo que acontece en sitios vedados a la inquietud democrática.

Tanto en la prensa como entre la intelectualidad de la isla el “maleconazo” sigue siendo un tema tan tabú como el éxodo del Mariel.

En el año 2012 las jóvenes cineastas Vanessa Portieles y Yanelvis González sorprendieron a la filmografía nacional con el cortometraje “Afuera”, donde se reproduce, por primera vez, la rebelión del 5 de agosto de 1994 en el litoral habanero.

Portieles me dejó saber en cierta ocasión, cuando la entrevisté en el programa de televisión La Mirada Indiscreta, que producir las manifestaciones callejeras no fue tarea fácil, aunque, de alguna manera, contaron con la colaboración desinteresada del público habanero.

La estrategia consistió en no revelar con antelación el momento tan controversial que aspiraban a reflejar en pantalla y, de tal modo, se pudo evitar la censura que provocan estos temas con los cuales el régimen no quiere lidiar.

“Afuera” es un cortometraje muy valiente y complejo, que no solamente ocurre durante una jornada memorable de la historia cubana contemporánea, sino que anticipa la frustración acumulada de los barrios habaneros más humildes, llamados peyorativamente marginales por los propios medios castristas, ante las promesas incumplidas del régimen.

En “Afuera” se presentan personajes que han cumplido prisión tratando de sobrevivir la indigencia económica, y obreros que son menospreciados por arrogantes dirigentes, distantes de la realidad que los circunda.

Se da fe de una vida mejor fuera de Cuba, según el testimonio en video enviado por familiares que logran escapar en balsa.

Frustración, miseria y desesperanza corroen la cotidianeidad de la madre cubana, centro de la tragedia nacional, empeñada en encontrar soluciones para la familia, aunque sean desesperadas.

También se escucha, por primera vez en un filme de ficción, la temida estación Radio Martí, el hilo de verdad que ha mantenido al tanto de las noticias, sin censura, a los nacionales desde que fuera fundada en 1983 por recomendación de Jorge Más Canosa.

Apenas comienza el cortometraje aparece el mensaje siguiente, ciertamente inusitado para la filmografía de la isla: “La Habana, agosto 1994. Después de cinco años de período especial en tiempo de paz, un grupo de habaneros sale a las calles pidiendo libertad. Este suceso se conoce como el Maleconazo, expresión en contra de la revolución cubana. Muchos de los manifestantes fueron los balseros del éxodo de ese año”.

Aquella crisis insospechada por parte del régimen, que son las que más pavor le causan a sus órganos represivos, respondió a la misma premisa que el éxodo del Mariel: escapar de la isla a como diera lugar.

Pero como en ese momento, la fuga tras el Maleconazo no tomó el camino épico trazado por la expatriación de 1980, los más osados habaneros aprovecharon la ocasión para protestar abiertamente en sus calles, hartos de la fallida trampa socialista.

En otra de sus arteras maniobras, el dictador volvió a abrir las compuertas de la isla para responsabilizar, una vez más, a los Estados Unidos con el exceso de presión provocada por su histórica debacle.

El plan siniestro de mantenerse en el poder a toda costa, típico de las dictaduras comunistas, sin dialogar ni conocer el padecimiento real del pueblo sojuzgado, no ya de su oposición, ha sido puesto en solfa, otra vez, luego de 27 años, por la rebelión del 11 de julio, que se extendió cual fuego en la maleza por toda la isla y no pretendía la huida como solución, sino el cambio de régimen y la nueva vida que tantos claman y añoran.

Cortometraje "Afuera"

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Imágenes de archivo de los sucesos del Maleconazo.

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Documental La esperanza de un pueblo, 1994.

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