Obseso con La Habana, por la que trabajó febrilmente y de la que hablaba en torrente incontenible, Eusebio Leal murió a los 77 años dejando un legado innegable a la cultura cubana. Pero también agotado por el peso de la figura pública que encarnó por más de medio siglo como Historiador de esa ciudad.

"Lo único que lamento es que me ha quedado poco espacio para mi mismo. Me ha pesado mucho el personaje que creé", admitió en una de sus entrevistas. Cabeza de la Oficina del Historiador, reconstruyó palacios, fortalezas, casas y plazas, de manera que la Unesco reconoció a La Habana Vieja como Patrimonio de la Humanidad en 1982.

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Figura prominente de la cultura cubana, Leal sufrió un visible deterioro de salud en los últimos años, que según allegados, era consecuencia de un cáncer de páncreas.

"En las próximas horas nuestro pueblo será informado sobre la organización de los funerales", dijo el periódico Granma en una rápida e inusual reacción ante un fallecimiento.

Su más reciente aparición pública fue el pasado 16 de junio, para despedir a la vedette Rosita Fornés, oportunidad en la que su andar y fuerza de voz marcaron un notable esfuerzo.

Leal dedicó su vida al rescate de la parte vieja de La Habana, reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982. En su esfuerzo Leal gestionó donaciones y creó un modelo de autogestión, con una cadena hotelera, además de desarrollar una fuerte obra social a favor de los vecinos del lugar.

Vistió de gris desde mediados de los 60, color elegido para comunicarse mejor con los presos (de uniforme gris) que lo ayudaron a convertir el antiguo Palacio de los Capitanes Generales en el Museo de la Ciudad.

Pudo vérsele durante décadas recorriendo cada mañana La Habana Vieja con paso corto y rápido del seminarista que siempre albergó en su alma. De estatura media, escaso cabello y lentes, fue controvertido, polémico, elogiado y vituperado.

"Me duele la ciudad con ese velo decadente que la hace encantadora para muchos. Se han ganado muchas cosas, pero otras se han perdido", sostuvo una vez.

Se veía a si mismo como "un guardián de la memoria” aunque reconoció que "le faltarían otras vidas" para concluir "la faena de mis desvelos”.

De traje azul en días especiales, su verbo culto y apasionado seducía a reyes, papas, presidentes, ministros, académicos y gente de pueblo. En sus actividades públicas más recientes fue el guía turístico de lujo del príncipe Carlos de Inglaterra y de los reyes Felipe y Letizia de España, cuando visitaron la capital de la isla.

Su amistad y admiración manifiestas por Fidel y Raúl Castro, le valieron siempre numerosas críticas. También, entre quienes le conocieron prevalece el criterio de su cercanía con las principales figuras del régimen constituyó un vehículo que le facilitó en parte los avances que pudo conseguir en el rescate del patrimonio histórico.

Fue diputado a la Asamblea Nacional, Parlamento cubano,en varias legislaturas, sin ocultar nunca su fe católica, lo que le permitió sevir de puente discreto entre el Estado socialista y la Iglesia católica, en momentos de fuertes discrepancias.

En 1967 fue designado Director del Museo de la Ciudad de La Habana, sucediendo en su cargo al Doctor Emilio Roig de Leushenring, del que fuera discípulo.

Recibió numerosas órdenes y reconocimientos internacionales, los más reciente la Orden Carlos III otorgada por los reyes de España en noviembre de 2019 y Doctor Honoris Causa de la Pontificia Universidad de Lateranense, en ese mismo mes.

Querido y respetado e igualmente cuestionado, Leal protagonizó por años el programa televisivo "Andar La Habana", que lo hizo popular en toda la isla, y enseñó a los cubanos a conocer y amar su capital.

Eusebio Leal Spengler, hijo de campesinos, nieto de patriotas y bisnieto de inmigrantes franco-alemanes llegados desde Haití, nació en La Habana el 11 de septiembre de 1942.

No terminó el 5to grado escolar, su madre se lo encomendó a un comerciante asturiano de víveres (bodega), pero si le inculcó una fe cristiana que, moldeada en la Iglesia, forjó su carácter y fomentó una vocación sacerdotal.

Sin embargo, no siguió esa vocación: "Yo he amado extraordinariamente a la mujer" y el celibato lo privaba de eso.

"Patria y Fe" fue el lema de este lector insaciable desde la infancia, que además confesó que si marchara a la soledad de una isla con un único libro "me llevaría la Biblia".

Con varios matrimonios a cuestas, tuvo cinco hijos, dos de los cuales residen en España. Quería ser recordado, declaró, como "un cubano que fue fiel a su sueño, ese que en gran medida pudo realizar, a expensas de laceraciones y vilezas, sacrificando su vida privada".

FUENTE: AFP

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