Con un calor de plomo, frente a un banco de la concurrida Calle 23, en La Habana, una decena de personas buscan cobijarse debajo de un arbusto marchito para mitigar los rayos del Sol.
Con un calor de plomo, frente a un banco de la concurrida Calle 23, en La Habana, una decena de personas buscan cobijarse debajo de un arbusto marchito para mitigar los rayos del Sol.
Dentro del banco hay climatización y sobra espacio. Pero el custodio, un moreno con facha de guapetón de barrio, abusa de sus prerrogativas y mantiene a los clientes que van a cobrar remesas giradas por amigos o parientes, casi todas desde Estados Unidos, soportando el calor del mediodía habanero.
La gente suda como si estuviese sentada al borde de una sauna. Protestan, pero en voz baja. El banco, además de ser una sucursal de la Western Union, tiene seis o siete cajeros que cambian divisas.
“Es el colmo de la ineficiencia. Hace tres días mi hija me giró un dinero desde Miami y todavía no he podido cobrarlo. Vivo en Alamar (a unos 15 kilómetros de Calle 23) y en las Western de por allá o no hay dinero o se cayó el sistema. El Gobierno, descaradamente, cobra los dólares que nos mandan nuestros familiares y además de que artificialmente valoran al chavito (cuc) por encima del dólar, no es capaz de gestionar con calidad el servicio. Mi hija se ha quejado en la oficina de Western en Miami y dicen que eso es responsabilidad de Cuba. Debieran cerrarla, pa’ver cuando no tengan dólares el llantén que forman”, cuenta Delia, ama de casa.
Giraldo, cuentapropista, comenta: “He pasado por siete oficinas de Western y solo estaban trabajando en la del Focsa, esta de la Calle 23 y la de Carlos III, donde había una cola que parecía iba a cantar Maluma. Yo recibo dinero todos los meses. Antes el servicio era bueno, pero ahora es un desastre. Están más tiempo parados que trabajando. A eso súmale que a veces los billetes que te entregan están viejos o rotos y los empleados te tratan como perros. Nos maltratan por envidia, pues tienen que trabajar ocho horas por un salario de mierda”.
En la primera semana de mayo, en dos sucursales de la Western Union situadas en la populosa barriada de La Víbora, no estaban prestando servicio por falta de dinero o deficiencias en la conexión de la red bancaria.
“Tuve que ir hasta La Palma. La cola era tremenda y cuando llegó el mediodía, la mujer que despachaba el dinero se fue almorzar y se demoró más de una hora. Ya por la tarde, sacó la cabeza por la ventanilla y gritó que se había acabado el dinero. Nadie entiende lo que pasa. Si tu familia ya entregó los dólares para girar hacia Cuba, no sé por qué esta gente (el régimen) no tiene billetes para surtir a las oficinas de Western Union”, dice Melisa, peluquera.
Secreto bancario
Buscando profundizar en el tema, DIARIO LAS AMÉRICAS conversó con una funcionaria bancaria.
“La Western Union comenzó a operar en Cuba en julio de 1999. La calidad de su servicio era buena, reconocida por la propia casa matriz en Estados Unidos. Las irregularidades comenzaron hará dos años, debido a la informatización del sistema bancario cubano. Por dificultades en la conexión, que no es culpa nuestra, el sistema comenzó a caerse. En las sucursales pequeñas a veces falta dinero, pues funcionan con los pesos convertibles recaudados por las tiendas de divisas”.
Y continuó: “Hace diez años, a Cuba desde Estados Unidos se podían girar hasta 300 dólares cada tres meses. En la actualidad, hasta diez mil. Y cuando se pagan grandes cantidades no hay liquidez en las cajas de las tiendas”.
Es “una situación que debemos resolver. Se estudia entregar pesos convertibles del Banco Central para aprovisionar exclusivamente a las Western Union. Este verano el problema debe quedar resuelto”, explica la funcionaria, quien aclara que "la suma de dinero que entra a Cuba a través de Western Union forma parte del secreto bancario".
Un despacho de Reuters del 8 de julio de 1999, donde se anunciaba la apertura de cerca de 30 sucursales de Western Union en Cuba, al final decía: "En los últimos años, las remesas de dinero a Cuba desde el extranjero, previamente entregadas clandestinamente o a través de una compleja red de intermediarios, han sido una fuente importante de moneda dura para la isla. Algunos analistas calculan que el flujo anual de envíos de dinero oscila entre 500 y 1.000 millones de dólares. Esto ayudó a mantener a flote la economía cubana después de una fuerte recesión desatada por el colapso en 1990 de los lazos comerciales y la ayuda que la isla recibía del antiguo bloque soviético".
Dos décadas después, las estadísticas locales siguen sin informar el monto exacto de dinero que recibe Cuba por concepto de remesas familiares.
Pérdidas
El 7 de marzo de 2018, la agencia EFE reportaba que según un estudio de The Havana Consulting Group (THCG), consultora dirigida por el economista cubanoamericano Emilio Morales, con sede en Miami, "el sistema bancario cubano está dejando de ganar millones de dólares por carecer de una infraestructura y tecnología necesarias para prestar servicios al mercado de remesas desde el exterior, que solo desde Estados Unidos en 2017 totalizó 3.575 millones de dólares anuales.
Las previsiones del THCG apuntan a que las remesas procedentes de Estados Unidos en 2025 alcanzarían los 5.285 millones de dólares anuales.
Ahora mismo, las remesas familiares son la segunda mayor entrada de divisas al país, solamente superada por la exportación de servicios profesionales, que en 2017 representaba un estimado de 11.543 millones de dólares anuales. La mayor parte de esos ingresos corresponden a los más de 50.000 profesionales de la salud que laboran en unos 60 países, la mitad de ellos médicos, especialistas, personal de enfermería y técnicos sanitarios.
El tercer lugar lo ocupa el turismo, que ingresa alrededor de 3.000 mil millones de dólares anuales, pero debe reinvertir entre un 30 o 40 por ciento de sus ventas netas para poder mantener la industria del ocio.
Esas remesas -y no las políticas sociales del régimen, que hace quince años no construye viviendas en gran escala ni invierte en infraestructura pública-, son las que han posibilitado un alza sustancial en el nivel de vida de los cubanos.
Guillermo, economista, apunta que “existen estudios no divulgados sobre la importancia de las remesas y su impacto en la economía nacional. Esos miles de millones de dólares, a veces en liquidez y otras veces en alimentos, ropas, medicinas, electrodomésticos o equipos informáticos, han propiciados que cientos de miles de familias hayan podido reparar sus casas o abrir un negocio privado que les ha posibilitado mantenerse sin la ayuda de sus parientes en el extranjero”.
Luego explicó que “el dinero de las remesas que no solo se gasta en comer y vestirse, sino también se invierte en pequeños emprendimientos, propicia el crecimiento de la economía y proporciona empleos mejor remunerados que los estales. Fíjate si las remesas son una mina de oro, que desde hace treinta años las empresas militares y el Consejo de Estado gestionan toda la cadena de mercados y sitios que venden en divisas. Su importancia en la estabilidad del sistema es fundamental. Por tanto, las sucursales de Western Union en todo el país debieran ofrecer un óptimo servicio”.
En el extravagante sistema cambiario de Cuba, donde el Banco Central compra los dólares a 0.87 centavos de peso convertible (cuc) por cada dólar, los cambistas ilegales pagan entre 0.95 y 0.96 centavos de cuc por cada billete estadounidense, pero se corre el riesgo de ser estafado. Western Union grava en un tres por ciento al dólar.
“Si la tasa de cambio fuera normal, sin ese 'impuesto revolucionario' que le puso el “difunto” (Fidel Castro) por cada 100 dólares uno cobraría 0. 97 pesos convertibles. Pero tener que abordar un autobús repleto de pasajeros pa’ ir hasta la Western, hacer una cola y cuando llegas te dicen que se acabó el dinero o el sistema no funciona, es preferible que la familia te lo envíe por las agencias particulares que hay en Miami y te lo traen a la casa”, expresa Lidia, maestra jubilada.
En la Florida existen numerosas agencias que funcionan como un reloj suizo y las entregas de dinero son a domicilio. Cobran al remitente un cargo por servicio que fluctúa entre un 7 y 10 por ciento. El destinatario recibe en casa el monto remitido y no tiene que estar dos horas bajo un sol de fuego en una sucursal de Western Union, en La Habana u otra provincia.
