ESPECIAL
@DesdeLaHabana
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LA HABANA. - A un costado del ingenio azucarero en el municipio de Jatibonico, provincia de Sancti Spiritus, a poco más de 350 kilómetros al este de La Habana, en Cuba, tres hombres beben aguardiente barato sentados bajo un árbol de ceiba, a la espera que amaine el abrasador calor del mediodía.
En el polvoriento callejón interior del batey, un caballo esquelético pasta cerca de un sembradío de yuca. Cerca, una mujer vende ropa de uso en el portal de una casona de madera con puntal alto. El silencio en el pueblo sobrecoge. Parece la foto de un plató hollywoodense del viejo oeste.
“A partir de las tres de la tarde hay un poco más de vida. A esa hora los vecinos regresan a sus casas y por la Carretera Central circulan más autos y buses de turistas. Entonces salimos a la carretera a vender ristras de ajo o algún pescado que pescamos en la presa”, cuenta Elpidio, residente en el villorrio y quien durante veinte años trabajó en el central Uruguay, conocido como El Coloso por ser su eficiencia productiva.
Parece que ha pasado mucho tiempo de aquella etapa en la que una zafra azucarera se consideraba mala cuando solo se producían cuatro o cinco millones de toneladas de la dulce gramínea.
Según el Anuario Estadístico de Cuba, la producción azucarera alcanzó 1,3 millones de toneladas en 2004-2005; 1,1 millones en 2005-2006 y 1,3 millones en 2006-2007, cosecha que tuvo ser interrumpida por las lluvias. Si damos por ciertos esos datos, desde hace nueve años en el país se producen menos de dos millones de toneladas de azúcar. En la temporada 2021-2022 se fabricaron 480.000 toneladas de azúcar, la peor zafra en cien años. El pronóstico para la campaña actual es todavía peor: alrededor de 450.000 toneladas. Esa cantidad no satisface siquiera la demanda interna, que es de 600.000toneladas. Un auténtico desastre.
“Quién nos iba a decir que Cuba tendría que importar azúcar. Se dice y no se cree. Cuando uno piensa que no se puede estar peor, seguimos hundiéndonos. Hace dos años, que el central está parado. Se esperan que unos inversionistas rusos lo compren. Dicen que el azúcar que se produzca es para exportar a Rusia, pues con el lío de la guerra con Ucrania y las sanciones que les han puesto los americanos, a los empresarios rusos les resulta más rentable comprar ingenios que importar azúcar en el mercado mundial. Para los 'bolos' [rusos] va a ser un negocio redondo. Los cubanos seguiremos con el déficit de azúcar o pagándola a 120 pesos la libra en la calle. Increíble que en un sitio rodeado de cañaverales no podamos tomar guarapo ni elaborar raspadura. Díaz-Canel ha hecho más daño que la peste bubónica”, comenta Elpidio.
A casi 400 kilómetros de Jatibonico, a la misma hora que tres hombres venden ristras de ajo en la añeja Carretera Central, en la populosa barriada habanera de La Víbora, Indira, ama de casa, lleva ocho horas haciendo cola para tramitar el pasaporte suyo y de sus dos hijos.
“Es un caos. Desde hace una semana estoy en la gestión de hacerme el pasaporte y siempre se presenta un problema distinto. Cuando no faltan los sellos, no hay conexión en Inmigración o no tienen papel para confeccionar los pasaportes. Las colas en todos los municipios del país son de ‘ampanga’. Y los panzones del gobierno como si con ellos no fuera”, se queja Indira.
Osniel, cuentapropista, asegura que si les dieran la oportunidad "cuatro o cinco millones de cubanos emigrarían. La vida aquí se ha vuelto insoportable. Este socialismo es un desastre. Para cualquier trámite te demoras meses o pagas un pastón (mucho dinero) si quieres resolverlo pronto. El transporte público es desquiciante y tienes que hacer tremendas colas en panaderías o farmacias. Los precios de los alimentos no paran de subir. Solo en el periódico Granma los ciudadanos están contentos y las cosechas aumentan. La gente ya no aguanto una mentira más”.
Alicia, jubilada, dice que “ya la liga no puede estirarse más. Cuba se cae a pedazos. Usted camina por La Habana y da vergüenza ver los vertederos de basura en cualquier esquina, los salideros de agua, los albañales, las calles repletas de baches. El descontento de la población crece por día. Este señor (Díaz-Canel) va pa’ cinco años de presidente y no pone una. Es cierto que nunca hemos estado bien, pero lo de ahora no tiene nombre. Los gobernantes no necesitan quitarse la careta, solo hay que verlos, obesos como puercos cebados y el pueblo ‘jamando soga’”.
De acuerdo con el índice de precios al consumidor, en enero de 2023, el alza de precios generales se sitúa en el 42,08%. A pesar de que se modera la subida mensual (2,32% frente al 3,74% de 2022), los precios continúan su escalada y la inflación anual crece más de tres décimas.
Los alimentos siguen estando mayoritariamente detrás de la vertiginosa subida. Usted tiene que pagar más de mil pesos si quiere comer el plato típico de los cubanos: arroz blanco, frijoles negros, carne de cerdo, ensalada de col, lechuga y tomate y tostones de plátano verde. Si lo encuentra, una libra de arroz cuesta 130 pesos; la libra de carne de cerdo, entre 450 y 500 pesos; los frijoles negros de 170 a 200 pesos la libra; una libra de tomates,70 pesos; una col pequeña, 150 pesos; un mazo de lechuga fresca 60 pesos y cada plátano macho se vende a 35 o 40 pesos (En el mercado informal un dólar puede valer unos 160 pesos cubanos).
Si en su casa le apetece tomar un vaso de limonada o de jugo de guayaba o piña, tiene que pagar 400 pesos por una libra de limones, de 70 a 80 pesos la libra de guayaba y más de 100 pesos por una piña mediana.
“Es una falta de respeto. Muchas personas se acuestan sin comer. Hasta el boniato, que antes abundaba y se les daba a los puercos (cerdos), ahora la libra vale 70 pesos, igual que un huevo. Un litro de aceite, de 800 a mil pesos y un paquete de galletas de mala calidad, 240 pesos. Y no es solo la comida. No hay medicamentos en las farmacias ni en los hospitales y el Estado no vende ropa ni calzado a precios módicos. Si se te funde un bombillo o se rompe la pila (llave) del agua, tienes que pagar un ‘burujón’ de pesos por una nueva. Nos tienen al borde de la hambruna y la locura y quieren que el pueblo los apoye y voten en ese paripé de elecciones que nada resuelven”, confiesa Luis, empleado bancario.
Richel, estudiante universitario, opina que vivir en Cuba se ha convertido en un trauma. “Es como una tortura en cámara lenta. Todos los días te disgustas por algo. Hemos caído en un espiral hacia abajo que no veo forma que se pueda remontar. Mientras sigan gobernando los mismos, empeñados en venderle al mundo un país irreal, inexistente. Por eso la gente se va”.
Más de 350.000 cubanos han escapado de la Isla en los últimos 14 meses. Y las cifras van en aumento.
