LA HABANA.- La pregunta que se hace Eduardo, 71 años, es si alguna vez Cuba volverá a ser un país normal y la gente recuperará su sonrisa y amabilidad. Se despertó poco después de las tres de la mañana, sacudido por el calor y un enjambre de mosquitos. Caminó en la oscuridad hasta la cocina apoyando sus manos en la pared y luego prendió a ciegas un mocho de una vela artesanal que una vecina le regaló.
No tenía siquiera un poco de borra de café para desayunar. En el destartalado refrigerador Haier, solo había tres pomos de agua del tiempo. Nada de comer. Desde hace quince horas que no hay electricidad. Antes de salir de su casa, Eduardo orina en un galón plástico recortado por la mitad y luego tira el orina en la calle. “Cuando defeco, lo echo en una jaba de nailon. No entra agua en la casa desde hace 27 días. Y no tengo 30 mil pesos para pagar una pipa (camión cisterna) ni tres mil pesos para que un aguatero me llene el tanque”, dice aún somnoliento.
Eduardo es un bibliotecario jubilado que en los últimos cinco años ha perdido alrededor de 35 libras debido a una mala alimentación. “Con 4 mil pesos de pensión solo puedo comprar unas viandas y cinco o seis huevos al mes en un bodegón privado; cada uno cuesta 150”.
Lleva varios meses en infructuosas gestiones para conseguir que las autoridades lo cataloguen como ‘vulnerable’ y le permitan almorzar en un comedor social. "La comida es un asco, pero al menos te cae algo caliente en el estómago. Me dicen que por mi pensión -alrededor de seis dólares- no clasifico como 'vulnerable'. Ya sabes cómo es el burocratismo estatal. No quieren reconocer que más del 80 por ciento de los cubanos somos pordioseros”.
Para ganar un puñado de pesos extra, Eduardo se dedica a hacer cola de madrugada en un banco cerca de su casa. “Después vendo los turnos en 500 pesos. Solamente se permiten tres turnos, pues hay unas cuantas personas en la misma lucha. Con ese dinero me como una pizza o compro una libra de pollo y un paquete de café”.
Eduardo afirma que Cuba es un caso perdido. “No creo que volvamos a recuperar la nación que fuimos. El daño antropológico es terrible. El gobierno ha cercenado las tradiciones, la cubanía, los valores humanos, la educación formal, la moral y la ética. Han haitianizado el país. La vulgaridad ya es normal. La violencia verbal y física con los ancianos, mujeres y niños comienza en el entorno familiar y se propaga por los barrios y en las calles. La república se fue al carajo. No se van a rescatar esos valores ni aunque desembarque la 82 División. Porque incluso regresando los cubanos que emigraron a Estados Unidos, en un porciento elevado, las últimas olas migratorias son la misma morralla de la isla, solo que con cadenas falsas y carros”.
Para Glenda, 46 años, licenciada en historia del arte, el problema de Cuba va más allá de la “policrisis económica y política. Hasta el propio gobierno en privado reconoce que son unos inútiles. Fidel Castro no difundió una ideología o una visión económica determinada. Implementó el desastre y la improvisación. Su faceta más cruel fue que inoculó en el alma de muchos cubanos las peores cualidades del ser humano. Se asentaron en la sociedad la delación, el brete, la envidia, la grosería. Y con una emigración de un 30 por ciento de la población, lo que ha quedado en el país son los más viejos, los menos talentosos y lo peor de la sociedad”.
“En cinco años podremos volver a tener electricidad y agua el día completo. Las infraestructuras públicas, aunque muy caras, se recuperan. El skyline de la ciudad comenzará a parecerse a Miami o a Ciudad de Panamá. Pero el daño antropológico demorará dos o tres generaciones en desaparecer y empezar a recuperar la decencia, la conducta moral y cívica, las buenas costumbres. La fascinación dañina hacia los líderes se ha enraizado en la mentalidad cubana. También en Estados Unidos observas entre los nuestros, comportamientos irrespetuosos y autoritarios estilo Fidel Castro. El presente es horrible, pero el futuro se vislumbra negro con pespuntes grises, aunque tengamos internet 5G y cadenas de comida rápida", subraya Glenda.
En mis tres décadas ejerciendo el periodismo independiente, nunca había percibido tanta frustración y pesimismo entre la gente. La única ilusión para un amplio segmento de cubanos es emigrar. Muchos jóvenes intentan escapar de la dura realidad bebiendo alcohol o consumiendo drogas. “Ya ni la prostitución es un buen negocio. Apenas hay turistas y los cubanos que enganchas no te quieren pagar más de 20 o 30 dólares. La profesión se ha devaluado”, comenta una antigua jinetera reconvertida en vendedora de electrodomésticos en las redes sociales.
La mayoría de los cubanos llevan una vida desgastante. “No vivimos, sobrevivimos. Es como participar en un reality televisivo de supervivencia. Con la diferencia de que esos programas duran semanas o meses y el surrealismo en Cuba lleva ya 67 años y contando. Y cada vez vamos peor”, expresa Laura, maestra jubilada.
La llamarada de ilusión que originó la captura de Maduro el 3 de enero y los supuestos planes de Washington para un cambio de régimen a principios de 2026 se apagó. La opinión generalizada de los ciudadanos de a pie es que el castrismo se reciclará y pactará un trato con Estados Unidos que poco beneficiará al pueblo.
Erasmo, artista plástico, confiesa que no se asombraría de que Trump visite La Habana "y entre en el compadreo con estos sinvergüenzas. Desde la óptica estadounidense es un buen negocio. Le regalan el país en términos económicos. Y los herederos del castrismo pasarán a ser los testaferros de Estados Unidos. Ya pasó con la URSS. Ellos (los gobernantes) son capaces de todo. Mira el caso de Delcy Rodríguez. Ya lo dijo la Biblia, se verán horrores”.
El sábado 19 de septiembre, en medio de un apagón, el músico Elio Revé hijo y el reguetonero Ja Rulay dieron un concierto en la explanada conocida como la Plaza Roja, en la barriada habanera de La Víbora. Nada nuevo. Con frecuencia en el lugar se organizan bailables públicos. La diferencia es que esta vez, las entradas costaban dos mil pesos. Hubo un gran despliegue policial, intentando impedir que la gente entrara sin pagar.
Alrededor de cuatro o cinco mil personas bloquearon la Calzada de Diez de Octubre, para poder bailar en la calle. Gretell, admiradora de esa variante del reguetón conocida como reparto, considera que “hay que quitarse la careta. Desde la familia de Raúl hasta el gobierno y el partido comunista en los municipios están pa' ganar dinero. Y los músicos, troncos de descarados, igual. Los de aquí y los de allá, de Miami, viajan a Cuba a forrarse de dólares. Luego se llenan la boca de decir que vienen a cantarle a sus seguidores. Ese capitalismo primitivo llegó hace rato, pero mucha gente no se ha enterado”.
Eduardo vive lejos de la Plaza Roja. A las once de la mañana del domingo, regresó a su casa. Le pagaron 800 pesos por tres turnos para el lunes, aunque no había garantías que el banco abriera, por el apagón. Con ese dinero se compró una bolsa con seis panes por 500 pesos y con los 300 restantes, una pizza de pésima calidad en un quiosco callejero. Almorzó un trozo de aguacate con pan. Por la noche, calentó la pizza en un viejo sartén y se la comió con un vaso de agua con azúcar.
Antes de acostarse, se sentó en el portal de la bodega, a conversar con varios vecinos. Preguntó si esa noche entraba el agua. “Es más fácil ganar un parlé en la charada que saber si entrará el agua hoy”,le dijo una vecina. Ridiculizaron a Díaz-Canel y volvieron a preguntarse hasta cuándo los cubanos tendrían que soportar tantas penurias y tantas carencias.
“Hace tiempo que dejamos de ser personas y nos convertimos en zombis. La culpa de lo que estamos sufriendo es nuestra”, comenta Eduardo. Y se fue a dormir. Con la misma frustración y la misma desesperanza.