"La situación de los cubanos es inaguantable”, dice Ana María. Un torrente de agua que fluye de las cañerías rotas corre cuesta abajo por la Calzada de Diez de Octubre, en la barriada habanera de La Víbora. "El 40 por ciento del agua potable que distribuye el acueducto nunca llega a su destino", afirma Leandro, jefe de brigada de la empresa Aguas de La Habana, mientras intenta remendar un salidero en la cuadra donde reside.

“La empresa Aguas de La Habana está en quiebra. Por cada peso o divisa que se invierte se despilfarran cinco. Se reparó un tramo de casi nueve kilómetros del acueducto para abastecer a los hoteles que construyeron en la Habana Vieja, pero los conductos que suministran agua a la población tienen salideros o no funcionan”, aclara Leandro.

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Una historia que se repite desde que Fidel Castro y su legión de guerrilleros ocuparon el poder en 1959. Se gasta el dinero del erario público en proyectos que luego, por falta de mantenimiento, se averían o dejan de funcionar. Un ejemplo es un edificio del reparto Sevillano, municipio Diez de Octubre: debido a las filtraciones de agua y las chapucerías en su construcción por una brigada estatal fue declarado inhabitable y con peligro de derrumbe.

“Hace más de veinte años vengo alertando a las autoridades del precario estado constructivo del edificio. Mandan a una comisión de experto de vez en cuando y dictaminan las reparaciones que se deben hacer. Pero luego nadie hace nada. Ahora dicen que tenemos que ir para un albergue, ya sabes, lo más parecido a una prisión, porque el Estado nunca quiso destinar un presupuesto para reformar el inmueble. Una edificación, por cierto, construida con la revolución. Y así es todo. Una indolencia absoluta de un gobierno que vive de promesas que no cumple y la propaganda”, afirma un vecino.

Otro ejemplo. En Ciego de Ávila, a unos 500 kilómetros al este de La Habana, el periódico Invasor denunciaba que, como promedio, se sacrificaron o robaron diez reses por día. “Al menos esa carne se vende en el mercado negro y quienes pueden pagar 300 o 400 pesos por una libra pueden comer carne de res. Es un negocio que no va a parar, porque muchas personas se benefician con la matanza de reses, desde el presidente de una cooperativa hasta un jefe de sector de la policía”, comenta un matarife de vaca.

Cinco años atrás, solamente en Villa Clara, más de 22 de mil reses murieron de sed o por falta de pienso. Que se sepa, dice un campesino villaclareño, “ningún dirigente del partido o burócrata del ministerio de la agricultura fue destituido de su cargo. Y eso pasa todos los años y en todas las provincias”.

A los problemas con el agua y las muertes de reses, entre otros, se unen los apagones. En la web oficialista Cubadebate, una persona de Minas de Matahambre, poblado de Pinar del Río situado a 213 kilómetros al oeste de la capital, comentó que durante 21 horas no tuvieron electricidad. "Es insoportable. No se puede cocinar, pues los medios de cocción son eléctricos, la gente no puede dormir del calor y los mosquitos acribillan a nuestros hijos. Llevamos tres meses en esta situación”, escribió.

Ana María, ama de casa, cuenta que en el municipio Guáimaro, Camagüey, “los apagones son de doce horas y más. Algunos días solo tenemos electricidad cuatro horas. La gente está cansada de tantas dificultades. Los panzones que dirigen el país tienen la desfachatez de exigirle sacrificios al pueblo, pero ellos desayunan, almuerzan y comen bien, tienen carros con el tanque lleno de combustible y viven en mansiones climatizadas. La situación que vive el resto de los cubanos es inaguantable”.

Mirta, madre divorciada de 33 años, confiesa que está al borde de la locura. "Son demasiadas cosas. Y sin solución a la vista. Para ir y venir del trabajo pierdo cinco o seis horas por culpa del pésimo transporte urbano. Los fines de semana los tengo que dedicar a hacer colas para comprar aceite o una barra de pan. Mi salario de 4,500 pesos apenas alcanza para pagar la electricidad, el gas y el teléfono. Me parte el alma cuando mi hijo me pide que le compre un helado y no se lo puedo comprar. Los precios no paran de subir: un paquete de caramelos rellenos cuesta 700 pesos, una tableta de chocolate Nestlé 600, un cartón de huevos mil pesos y una libra de leche 1,200, si la encuentras. Yo no tengo familia en el extranjero que me envíe dinero. Es ahora cuando hace falta una revolución. Algo tiene que pasar a ver si estos tipos (los del régimen) se largan para Venezuela o Nicaragua con sus compinches”.

Joel, emprendedor privado, señala que “que la economía de guerra en la cual estamos viviendo comenzó hace 63 años, pero a partir de 2019 se agudizó. La ‘situación coyuntural’ de Díaz-Canel es mucho peor que el 'período especial' de Fidel. Las opciones para salir de esta crisis se agotan, porque el problema de Cuba es sistémico. Fidel, era un dictador y gobernaba el país como si fuera una finca privada, pero infundía una mezcla de temor y respeto. Díaz-Canel es un mediocre y un mentiroso. La inmensa mayoría de los cubanos lo desprecia y se burlan de él. No está capacitado para gestionar los graves problemas del país”.

Saray, dueña de un negocio de hostelería, opina que “el gobierno, urgentemente, tiene que quitar las trabas. Autorizar la libre importación, sea un automóvil o una embarcación para pescar. Debieran permitir la apertura de mercados y bodegones privados. Si las mulas que viajan a Miami pudieran traer pollo, carne de res, queso y jamón, entre otros alimentos, y venderlos en la isla, el panorama cambiaría. Además de brutos, los gobernantes cubanos viven paralizados por el terror. China y Vietnam son también comunistas y permitieron que la población mejorara su nivel de vida y pudiera hacer dinero. El tiempo se les acaba. Y el final que se avizora da miedo".

Danae, estudiante universitaria, apunta que además de las colas, el desabastecimiento y los apagones, “las opciones recreativas para los jóvenes son muy escasas. Estoy de vacaciones y la única opción que tengo es ver seriales y películas descargadas en el Paquete. Si quiero ir con mis amigas a las playas habaneras del este, tenemos que salir a las 5 de la mañana y regresamos de noche, pues las guaguas están malísimas. Si pagas un taxi colectivo, el viaje de ida y vuelta, te puede salir en dos mil pesos”.

Gracias a su padre que vive en la Florida, Sheila, 21 años, estudiante de tercer año de economía, puede ir a bares de moda de La Habana como El Tuyo y el Mío o Shangrilá. "Voy con amigos, en esos bares la entrada puede costar mil pesos y un reservado hasta tres mil. Los tragos no bajan de 500 pesos, una cerveza el mismo precio y una botella de ron o vodka de 4 a 6 mil pesos. Aunque uno tenga posibilidades monetarios, lo aconsejable es ir en grupo. Así sale más barato la bebida que se consume y entre todos pagamos un taxi particular, que como mínimo cobra dos mil pesos y te deja en la puerta de tu casa”.

Casos como el de Sheila son excepcionales. Daniel, 17 años, alumno de preuniversitario, mata el tiempo bebiendo ron de tercera categoría, hablando de fútbol y haciendo planes para emigrar en la esquina del barrio. “Al no tener dinero, ni a novia puedo aspirar. ¿Adónde la voy a llevar?”

La sensación que tienen muchos cubanos, sobre todo los más jóvenes, es que viven en un país en guerra. O lo más parecido.

https://twitter.com/USEmbCuba/status/1554499232597417988

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