martes 23  de  julio 2024
Cátedra Vargas Llosa

Defienden la libre expresión ante riesgo de ser 'cancelada'

Integrantes de la Cátedra Vargas Llosa exhortan a reivindicar el derecho a expresarse, a equivocarse, a cambiar de opinión e intercambiar ideas que activen nuevos aprendizajes
Por DARCY BORRERO BATISTA

MIAMI.-Un debate respetuoso y necesario se impone, en los tiempos que corren, sobre la llamada cancel culture, esto es, cancelación dirigida a figuras públicas con el fundamento de que aquello que dicen resulta ofensivo para determinadas comunidades; pero a la vez, ¿la cancelación puede operar como silenciador e ir en contra de la libertad de expresión y la democracia? La respuesta no siempre es sencilla para temas de este calibre. No obstante, tres prominentes intelectuales de la Cátedra Vargas Llosa, invitados a la Feria del Libro de Miami, conversaron con DIARIO LAS AMÉRICAS para arrojar luz sobre estos temas.

Durante la conversación, Ramiro Villapadierna explicó que la cátedra trabaja por la mejor literatura, la creación y el uso de la lengua en toda la comunidad hispanohablante del mundo y en la defensa de las libertades creativas, de palabra, de prensa, de cultura. En ese sentido, resaltó que “uno de los proyectos que traen a la Feria del Libro es precisamente el de reconocer que hay un problema de libertad creativa en la escritura, en las canciones que se están componiendo hoy día y en lo que se puede escribir para las series de televisión, que es la duda sobre qué podemos hablar realmente sin molestar a nadie”.

Para el también periodista, “esto lleva ya un tiempo creando una especie de recesión en la espontaneidad, en la libertad creativa”. Al respecto enfatizó: “ya no vamos a hablar del caso de los humoristas, que ya no saben ni de qué poder reírse hoy día. Así que con una institución que tiene el nombre de Vargas Llosa, el hispanohablante probablemente más reputado y más conocido en el mundo y gran defensor de las cuestiones de los derechos civiles y las libertades, pues nos ofrecemos a debatir un tema del que a la gente le cuesta hablar, solo se habla en la máquina de café o en los pasillos. Nuestra intención es ponerlo sobre la mesa porque son temas de los que los expertos saben, analizan, estudian y deben ser tratados a la luz pública ciertamente”.

Por su parte, Darío Lopérfido analizó el tema partiendo de que “es curioso” cómo ha evolucionado la cultura de la cancelación. “A lo largo de la humanidad ha pasado —dijo y ejemplificó—, escritores perseguidos, exiliados, pero eso salía de gobiernos o de fuerzas políticas autoritarias. Lo complicado ahora es que quienes ejercen ataques contra la libertad de expresión son grupos de ciudadanos, grupos que defienden teorías identitarias, grupos que defienden cuestiones vinculadas a los nacionalismos”.

Hoy día, añadió, “no importan los temas porque, además, el gran peligro de esta situación es que cuando se avala un grupo y se dice este grupo se está quejando y quiere que no se hable de algo porque se siente ofendido —bueno, la cantidad de gente en el mundo que se puede sentir ofendida por un tema es infinita—, entonces lo que va a pasar es mucho más grave que cuando un gobierno persigue. Cuando los que persiguen son grupos de ciudadanos es muchísimo más grave porque es más difícil de evitar, pero al mismo tiempo porque son ciudadanos operando en contra de la libertad de los otros ciudadanos; y en esto yo soy muy estricto”.

El catedrático fue enfático en su defensa de la libertad: “Creo que nunca hay que relativizar el tema de la libertad de expresión. Cuando alguien dice ‘yo defiendo la libertad de expresión’ y le pone peros, ya estamos en una zona peligrosa. Se defiende la libertad de expresión, es un bien, es un derecho absoluto. Y la mejor manera de empezar a luchar por la libertad de creación es hablar de estos temas y por eso estamos muy contentos de venir aquí a Miami, de hablar de esto en la Feria del Libro y de estar hablando aquí en el periódico sobre este tema porque hablar es muy importante, no hay que tener miedo”.

¿Policía de la moral?

Siguiendo la línea del discurso de su colega, en particular esa especie de tensión permanente entre la libertad creativa y la ‘policía’ de la moral, Raúl Tola concordó en que “hay una especie de policía de las buenas costumbres y la moral que quiere imponer una forma universal y generalizada de moral, pero en muchos casos, aunque defendiendo buenas causas (minorías oprimidas, lucha a favor del medio ambiente), parten de una base de ignorancia y muchas veces lo que consiguen es todo lo contrario a lo que pretenden porque sus métodos no son democráticos, no son tolerantes ni aceptables”.

Por ejemplo, dijo, esto remite al caso de los ecologistas que en defensa del medio ambiente “tiran botes de pintura a las mayores obras, a los mayores cuadros de la historia de la humanidad”. Otro ejemplo, precisó, es el de una escritora colombiana (Carolina Sanín), quien “habló sobre la defensa de los derechos de las personas trans y de todo lo que dijo sólo se recogió un titular y ese titular era equivocado, no se correspondía con lo que había dicho en una exposición de media hora, y empezó a ser cancelada por eso. Pero, además, lo que decía luego, tiene todo el sentido del mundo, la forma tan violenta, tan intransigente por no decir fascista en la que en algunas veces se pretende defender derechos, lo que hace es enervar a la gente, conseguir todo lo contrario a lo que se aspira”.

Este rotativo preguntó a los tres entrevistados sobre algunas pistas para abordar la cancelación desde una perspectiva compleja, evitando caer en una serie de maniqueísmos y de posturas de blanco y negro y, en cambio, tomando en cuenta el contexto específico de cada debate. A la interrogante, Ramiro Villapadierna contestó que efectivamente “no es un tema nada fácil, pero todo lo que no es fácil, es interesante al mismo tiempo”.

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No subestimar la tecnología

Precisó: “Uno se sorprende cuando empieza a abordar el tema del lenguaje o de las nuevas tecnologías, de la cantidad de expertos que están trabajando en esto desde hace mucho tiempo (...) muchos están coincidiendo. Hoy día, por ejemplo, las redes sociales han aparecido y han coincidido con un momento de replanteamiento o recesión de muchas libertades, ¿qué pasa con la libertad? Hemos nacido con ella, disfrutamos de la democracia, de la libertad, de los derechos civiles, sin haberlos creado, no tenemos ninguna responsabilidad sobre ellos y con las cosas que no se es responsable es como con el agua de la llave del grifo, la que sale todo el rato por tu casa, nadie se siente responsable de ella. No, el agua estaba ahí antes de que tú nacieras. No hay manifestaciones en la calle defendiendo el agua que sale del grifo, ¿no?

“El problema —remarcó— es cuando te quitan el agua; el problema es cuando te quitan la libertad y si es, además, muy poquito a poco como viene sucediendo. Nosotros nos hemos encontrado mucha gente que dice qué bonito que saquéis este tema de las libertades porque hoy día te sientas entre gente perfectamente preparada con sus carreras universitarias, sus idiomas y su mundo y muchas veces no saben cómo expresarse porque tienen miedo de qué decir. Una abogada de prestigio y un arquitecto de éxito se sientan a una cena y tienen miedo de (qué) hablar. Ese es el problema”.

Asimismo, el catedrático describió que “el principio que empieza a gangrenar las libertades y los derechos civiles es la incertidumbre sobre si estoy en el lado bueno o malo, en una época tan moralizante como esta que se ha creado, en la cual los gobiernos quieren que usted sea una buena persona y las multinacionales para venderte un ordenador o unos zapatos deportivos te hablan de cómo mejorar el mundo.

“Todo está lleno de moral, en épocas tan moralizantes como éstas es muy difícil decir ‘no, yo digo lo que me parece’ porque entonces en segundos hay quien te está diciendo que tú no estás protegiendo el planeta. No es que diciéndote eso ellos vayan a lograr solventar una injusticia o mejorar el planeta. No; se quedan muy tranquilos, dejándote a ti con mala conciencia de haber hecho ‘algo mal’. Es un tipo de moral muy peligrosa, no pretende construir nada, no pretende hacer un mundo mejor sino pretende que los otros que no son como tú se sientan un poco mal por no ser como tú”.

Aunque Villapadierna explicó que la cancelación es multicausal, reconoce que la tecnología hoy día es súper centralista y atraviesa fenómenos como este: “Los mensajes se centralizan hoy como nunca ha sucedido a lo largo de la historia, pero eso no tiene nada que ver con esta época, sencillamente coincide y hace peor las cosas. Todo esto está pasando a la vez en nuestro tiempo. Antes, si escuchabas una opinión que iba en contra de la tuya y resultaba más persuasiva, por lo menos empezaba a generarse el germen de la duda. Ahora no, las redes sociales son constructores de manadas, reafirmadores de opiniones o de percepciones. Nuestro tiempo puede ser culturalmente bastante peor que otros tiempos anteriores, hablemos de ello, saquemos adelante este debate; estamos aquí para abrirlo”.

Amplificar mensajes de apoyo

En torno a las disputas discursivas que derivan en cancelación, Darío Lopérfido consideró que, al ser un tema global, que desafortunadamente empezó en las universidades norteamericanas, hay que empezar por el debate e ir más allá. ¿De qué forma? Convencido de que siempre se puede hacer más, Lopérfido animó a que quien tenga posibilidad de influir en la opinión pública, pueda brindar acompañamiento ante “un acto de discriminación por lo que piensa una persona, cuando se vulnera la libertad de expresión de una persona y se le castiga por algo que dijo”.

“No hay que dejar sola (a esa persona). Me parece importantísimo, mi mensaje es: Solidaricémonos porque lo que se está defendiendo es una persona cuyo derecho a expresarse libremente está siendo vulnerado”. En ello coincidieron sus colegas: reivindicar el derecho a expresarse, a equivocarse, a cambiar de opinión e intercambiar ideas que activen nuevos aprendizajes. Reivindicar la libre creación.

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