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@DesdeLaHabana

LA HABANA. "Aquella fría mañana del 15 de febrero de 1976 - recuerda Sergio, obrero jubilado- fui de los primeros en votar en la consulta popular que se hizo para ratificar los proyectos de Constitución y la Ley de Tránsito Constitucional. [Para entonces] creía ciegamente en Fidel Castro y yo ni nadie nos planteábamos votar “No”. No existía internet, el acceso a la información era limitado y los cubanos firmábamos cualquier papel en blanco que nos pusiera el Gobierno”.

Cuarenta y dos años después, algunas cosas han cambiado. Sergio ya no apoya a quienes gobiernan, pues asegura que no han hecho bien sus deberes en el terreno económico y social. "El dinero de mi jubilación y los salarios de mis tres hijos apenas alcanzan para comer y por eso salgo a manejar un almendrón [auto antiguo] que me arrienda un vecino, pa’ poder buscarme unos pesos extras. Voy a votar ‘No’ por varias razones. La principal: no quiero validar a un Gobierno que en seis décadas ha sido incapaz de garantizar la comida del pueblo y ofrecer servicios públicos de calidad”, afirma.

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Las razones

Sergio no es disidente. Tampoco lo es José Manuel, quien es informático.

"Cuando el Gobierno propuso una nueva Constitución, mi ‘piquete’ de amigos, casi todos intelectuales, músicos y diseñadores, mostraron interés por estudiarla y compararla con la anterior, de 1976. Estábamos en pro del Artículo 68, sobre el matrimonio homosexual. Ellos pensaban votar ‘Sí’ y yo, abstenerme para no ir en contra de los gays. Pero cuando retiraron el 68, pasé de la abstención a votar ‘No’. Me da igual si esta Constitución es mejor que la del 76. Si no han cumplido la anterior, ¿qué los obligará a cumplir ésta? Así pues, quitado el 68, me queda claro que ya no se trata de elegir entre dos Constituciones, sino de un referendo de apoyo al Gobierno. No quiero que el socialismo se caiga, pero sí creo que el Gobierno merece un fuerte cocotazo", dice y añade:

"Eliminar el Artículo 68 no solo cambió mi postura, también la de mis amigos y de mucha gente. Hace unos días realicé una encuesta en una fiesta familiar. Había 20 personas de entre 25 y 50 años. Esperaba mitad y mitad de aprobación a la Constitución, pero el resultado me sorprendió: 16 respondieron que iban a votar ‘No’’ y 4 aún no lo habían decidido. Creo que el Gobierno debería estar preocupado por lo que sucederá el 24 de febrero. Pienso que el resultado será 60-70% a favor y 30-40% en contra. Aunque el Gobierno al final gane con el 90 %, como de costumbre. Cuba es así de loca".

El 1976

Según el régimen, la Constitución de 1976 fue ratificada por el 97,7% de los cubanos. “Nací en 1959 y en 1976 tenía 17 años. Estudiaba en un instituto tecnológico y abiertamente era gay. Era la primera vez que votaba en mi vida. Sentía un tremendo miedo, pero cuando me quedé solo delante de la boleta puse un ‘No’ grandísimo. Si en aquel tiempo, cuando todo el mundo apoyaba a la revolución fui capaz de votar en contra, ahora que la gente está tirada por la calle del medio, también voy a votar ‘No’. Estoy cansado de tantas mentiras y promesas. El socialismo no lo quiero ni en pintura”, confiesa Adolfo, peluquero particular.

Rolando, quien es contador, ve el referendo del 24 de febrero "como una pantomima más de los gobernantes para tratar de legitimar no solo el futuro al que nos quieren someter si no, como siempre, confundir y enredar al mundo con una falsa democracia que en Cuba nunca ha existido. Ya no recuerdo la última vez que fui a votar, hace rato me cansé de tanto show. Cuando iba, anulaba la boleta, pero en esta ocasión pienso ir y votar ‘No’.

Agrega que “quisiera llevarme una sorpresa y dijeran que el por ciento de aprobación fuera de un 80 o menos, pero sería una realidad que no creo están dispuestos a admitir. El mayor peligro que tuvieron lo neutralizaron al quitar el famoso Artículo 68, porque sabían que tendrían un voto de castigo grande por ese artículo y por reclamar el voto directo que, por cierto, los dos se debatieron en la asamblea de mi barrio. Una señora mencionó que en numerosas naciones se votaba para elegir al presidente del país y ella quería también elegir el nuestro. También se debatió sobre el debido proceso judicial, que los ciudadanos desde el mismo momento de su detención tengan derecho a un abogado y hasta que si el letrado no está presente, [el detenido] no [debe] estar obligado a declarar, como se ve en las películas”.

La apatía

La indiferencia política entre los cubanos que desayunan café sin leche es mayúscula. En las esquinas, en colas en las bodegas o dentro de taxis colectivos, hay personas que hablan francamente sobre su intención de voto. En la barriada donde reside Rolando, en el oeste de La Habana, "la gente prefiere no opinar, es significativa la apatía, aunque algunos dicen que no irán a votar. Trato de convencer a mis amistades de lo peligroso e irresponsable de, a estas alturas, seguirle el juego al Gobierno, que lo mejor es ir y votar ‘No’’. Y allá ellos si después falsean los resultados".

Carlos (sociólogo) considera que “el Gobierno ha intentado levantar una cortina de humo, modernizando jurídicamente la futura Constitución al introducir el Habeas Corpus y reconocer el trabajo privado, pero se mantiene el irrespeto a quienes opinan diferente. Es aberrante sostener un sistema disfuncional de por vida. En uno de los artículos de la nueva Carta Magna se autoriza el uso de las armas si alguien pretendiera cambiar el sistema. Aceptar esa Constitución es hipotecar el futuro de nuestros hijos y nietos”.

Julio Aleaga, periodista independiente y vocero de Candidatos por el Cambio, señala que “la mejor estrategia es votar ‘No’. El régimen no está preparado para efectuar un fraude gigantesco. Cualquier ciudadano, de acuerdo con sus propias normativas, puede observar el conteo de voto después de la consulta. Estamos preparando a decenas de activistas para que hagan esa función el próximo 24 de febrero. Votar ‘No’ es una propuesta mejor que no ir a votar. La abstención o dejar la boleta en blanco no precisa cuál era la intención de voto de esa persona. El ‘No’ tiene una marcada intención política. Si seguimos las tendencias del voto en las pasadas elecciones, ahora, cuando contamos con periodistas alternativos, artistas independientes, trabajadores privados y ciudadanos molestos con el desempeño del régimen, estoy convencido de que el voto por el ‘No’ será notable”.

Apoyo a opositores

Juan González Febles, director del semanario Primavera Digital, respalda al grupo de opositores cuya estrategia es no ir a votar. “El Estado es el que cuenta los votos y siempre que hablemos de dictaduras, no van a hacer una elección para perder. Si el régimen neocastrista percibe que puede perder, hará un fraude generalizado. Si los que optan por votar ‘No’ pierden, como de seguro sucederá, no les quedará otra opción que reconocer su derrota. Entonces, estarán legitimando una autocracia”.

Reinaldo Escobar, jefe de redacción del diario 14ymedio, está a favor del ‘No’: “Tendría que suceder un milagro para que esa propuesta gane por mayoría. Pero creo que vale la pena intentarlo”, subraya.

En un artículo reciente, Escobar escribió que “la sospecha de un posible fraude tiene un efecto desmovilizador entre los promotores del ‘No’. Los más efectivos antídotos para anular este pesimismo paralizante son asumir esa posibilidad de riesgo razonable o confiar en que no se consumará el fraude”.

Campaña oficial

A menos de cuarenta días del 24 de febrero, cuando tendrá lugar la consulta popular que aprobaría la nueva Constitución de la República, el régimen, que según sus propias leyes electorales prohíbe efectuar campañas publicitarias, “llevará a cabo conversatorios en las próximas semanas en centros estudiantiles y labores con el objetivo de incentivar que la gente vote ‘Sí’”, asegura un funcionario del partido comunista.

La batalla está planteada. El Gobierno pretende disimular su ineficiencia con el gastado discurso antiimperialista y denostando a los que piensan distinto. Los activistas del ‘No’, sin espacios públicos para debatir sus argumentos, buscan que la mayor cantidad de cubanos mayores de 16 años les apoyen porque los votos son tan poderosos como cualquier armamento. Sumar personas es la premisa. El cambio solo es posible si la ciudadanía se moviliza.

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