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@DesdeLa Habana

CIUDAD DE PANAMÁ.- El miércoles 24 de julio el cielo amaneció encapotado en Ciudad de Panamá. Toda la madrugada llovió sin parar y en el horizonte incesantemente estallaban relámpagos.

Cuando amaneció todavía continuaba lloviendo. A la hora del desayuno, desde un hotel en la Avenida Argentina, un grupo de cubanos, bajo la lluvia, se fue caminando hasta una cafetería administrada por un matrimonio chino que apenas habla español. Antes, pasaron por una licorera y compraron dos botellas de ron El Abuelo y varios pomos de agua mineral. El dueño y la cajera también son chinos y hace cuatro años llegaron a Panamá.

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No muy lejos de la cafetería, en la oficina de un viejo almacén, cercano a un puente que conecta el centro financiero con el barrio viejo, se puede divisar la retirada del mar, algo inusual para habaneros como Javier y sus tres amigos. Luego de observar el fenómeno marino, los cuatro fueron atendidos por un empleado de origen chino, quien se encargó de registrar y cobrar la carga acompañante que en dos meses un buque transportará rumbo a La Habana.

Curioso, Javier le pregunta: “Amigo, ¿por qué hay tantos chinos en Panamá? Parece que estoy en Macao en vez de un país de América Central”. El empleado no sabe qué contestar. Se ríe con un tic nervioso y se encoge de hombros.

Aunque solo domina un puñado de palabras y expresiones en castellano, consigue explicar que hace siete meses llegó a Panamá, trabaja 13 y 14 horas diarias, registrando y cobrando cargas. Duerme en un galpón al fondo del almacén. Un pariente le consiguió el trabajo. Un buen día, en el aeropuerto internacional de Shanghai tomó un vuelo con destino a Panamá y por ahora no tiene previsto fecha de regreso.

En el lobby del hotel Best Western Plus, una periodista panameña aporta más información sobre la presencia china en su país. “La migración china tiene más de 165 años en Panamá. El primer grupo fue de 750 personas y llegaron para la construcción de ferrocarriles. En 1914, durante la construcción del Canal, hubo otra oleada importante. Eso se ha mantenido así a lo largo del siglo XX y el XXI. Según un estudio, de los cuatro millones de habitantes de Panamá, puede que hasta un 9 por ciento tenga orígenes chinos”, expresa la reportera y añade:

“Contrario a los negocios estadounidenses y europeos que se establecen en el país, pero contratan personal panameño, debido al auge de la economía, China aumentó considerablemente el número de empresas e inversiones en Panamá así como el número de chinos para trabajar en la construcción y en los negocios que se creaban. Son tan fuertes los nexos con la República Popular China, que por presiones del régimen chino, el anterior gobierno tuvo que romper las relaciones con Taiwán. Las autopistas, muchos de los rascacielos, el metro y decenas de obras, son financiadas por China. Se prevé construir un tren bala que costaría más de 4.000 millones de dólares. Eso preocupa al sector empresarial panameño. El nuevo gobierno presidido por Laurentino Cortizo, que tomó posesión el 1 de julio pasado, congeló numerosas inversiones chinas que formaban parte de la llamada Nueva Ruta de la Seda. La idea es no poner todos los huevos en el mismo canasto y diversificar las relaciones económicas con el resto del mundo. Si preguntas en la calle, los panameños te dirán que ellos prefieren los negocios con Estados Unidos y Europa, porque son democracias consolidadas. Los negocios administrados por chinos apenas dejan beneficios a sus trabajadores, los salarios no son buenos y trabajan mayor cantidad de horas. Para no violar las leyes laborales panameñas, los empresarios chinos prefieren traer personal de su país”.

El silencioso imperio chino ha invadido sin disimulo a Panamá. El régimen de Xi Jinping ha reconocido el rol "estratégico" de Panamá en su penetración en América Latina. Cientos de firmas chinas tienen publicidad en las calles panameñas. En un pequeño establecimiento en el centro financiero, un amable dependiente chino insiste a varios emprendedores cubanos, conocidos como "mulas", que con descuentos, compren teléfonos inteligentes ZTE, OPPUS y Huawei. Raisa, oriunda de Matanzas, provincia cubana ubicada a 100 kilómetros al este de La Habana, dice a DIARIO LAS AMÉRICAS que ella se especializa en la compra y venta de celulares de alta gama.

Al dependiente chino, que entiende bien el español, Raisa le explica que "en Cuba, aunque la gente no tenga qué comer o el techo de la casa se le esté cayendo encima, a la gente les gusta alardear y por eso compran smartphones de iPhone o Samsung. No quieren las marcas chinas, a pesar de que Huawei y otros móviles son buenísimos y más baratos. Es que los cubanos son pro yanquis. De toda la vida han soñado con el modo de vida americano y se desviven por todo lo que diga Made in USA”. Entonces el dependiente chino le trae a Raisa varios modelos de iPhone y Samsung.

El viernes 26 de julio, mientras el designado gobernante Miguel Díaz-Canel ofrecía su aburrido discurso en Bayamo, capital de la oriental provincia Granma, exaltando a Fidel Castro y culpando al embargo estadounidense de las penurias en la isla, cientos de cubanos, antes de pasar por la revisión aduanera, pesaban sus bultos en el Aeropuerto de Tocumen.

Para poder comprar mayor cantidad de "pacotillas" [mercancía barata], Julio, de 56 años, viajó a Panamá con una hija veinteañera. Antes de pagar el exceso de equipaje, protegieron los bultos que menos pesan con envolturas de nailon.

“Los que menos pesan son cinco y contienen ropa, zapatos y electrodomésticos. Lo pesado, dos motos eléctricas, una lavadora, cuatro televisores y un refrigerador llegarán a Cuba en barco. Por concepto de sobrecarga tuve que pagar 200 dólares. Pero esos gastos se recuperan con las ventas”.

El negocio ha sido tan exitoso para Eusebio que ya tiene pasaporte panameño y suele volar en clase ejecutiva. “Aquello en Cuba está en candela. Si las cosas siguen así, me quedo en Panamá donde tengo una 'jevita' [mujer] y estoy pagando un piso”, confiesa y de almuerzo en primera clase pide salmón y cerveza clara.

El Boeing-737 despega sin dificultad a pesar del exceso de equipaje. De manera improvisada, las 'mulas' cubanas han montado su propia ruta de la seda y además erigido una estructura económica paralela que funciona con mayor eficacia que la precaria economía estatal cubana.

Dos horas y cuarenta minutos después, en el Aeropuerto de La Habana, superado el exhaustivo registro de la aduana, alquilan un taxi. Ya en su casa, sin descansar, comienzan a gestionar sus ventas. Es lo que habitualmente hacen las "mulas": tratan de vender todo enseguida y volar de nuevo a Panamá, a realizar otra ronda de compras.

Pero de momento tienen que quedarse quietos en la isla. Las autoridades panameñas les han puesto luz roja a los emprendedores cubanos, hasta nuevo aviso.

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