-¿Qué lectura le puede dar a los resultados de las elecciones legislativas en Argentina, en donde el Gobierno de Macri se ha adjudicado una amplia mayoría?
Me dio una gran alegría confirmar los resultados; se trata de un claro triunfo del Gobierno, significa dejar atrás lo que durante años nos agobió a los argentinos. En ese orden, es la reafirmación de la democracia ya que la democracia nunca está consolidada definitivamente, pero cuidándola a través de la transparencia, los principios republicanos, la libertad del sufragio, la libertad de prensa, la reafirmamos como modo de vida.
-El triunfo de Macri, sin embargo, no lo exime de negociar con factores del justicialismo y del kirchnerismo que mantiene una cuota de poder en Argentina. ¿Cómo cree que Macri abordará esa negociación para llevar adelante sus reformas?
¿El kirhcnerismo sigue con un poder? Es posible, pero Macri y el Gobierno han tenido un gran triunfo y frente a ese gran triunfo no hay porque pensar en dificultades. Habrá que negociar, sin duda, el mismo presidente lo ha dicho, abrirá una instancia de diálogo, esa es la madurez de la democracia. Pero no veo problemas, justamente ese triunfo (del domingo) sirvió para vencer esos problemas que se venían arrastrando.
Sé lo que significa ganar estas elecciones, porque yo las perdí en mi presidencia en medio de graves dificultades económicas. Esto es la consolidación del poder, no de un poder cualquiera sino de un poder democrático, de un conjunto de principios éticos que permiten conducir la vida de los argentinos, en el trabajo, la paz y el respeto. No es una elección más, es una elección que marca un rumbo para el futuro de los argentinos.
-¿No siente que más allá de los resultados electorales, el peso de los partidos políticos y su influencia se ha desdibujado?
La Unión Cívica Radical, por ejemplo, participa del gobierno, el justicialismo aparece con diferentes vertientes, los partidos son relevantes, pero lo importante es que el justicialismo se haga republicano, que deje esos modos autoritarios, totalitarios, de creerse dueños del país o de una provincia cuando ganan una elección. Se trata de que el justicialismo respete los principios republicanos.
-¿Entonces cree que este resultado electoral ayudará a revitalizar o rescatar el papel de los partidos políticos en Argentina y en la región?
Esto es una buena noticia para toda América Latina, porque se afirma la democracia sobre los valores republicanos. Un problema de nuestras democracias es que se separó a la democracia de la República y la democracia no puede funcionar sin que funcionen los principios republicanos: separación de poderes, reglas éticas de la acción política, los límites al poder para que no se desborde, un poder regulado por normas constitucionales, porque cuando se desborda ocurren cosas como que desde un origen democrático un país puede caer en el peor de los autoritarismos. Mire el caso de Venezuela, el origen fue una elección y hoy día es una dictadura. Una elección no justifica todo lo demás, ahí se ha olvidado la República, los principios republicanos. Lo que hay en Argentina hoy, reconfirmado con el actual triunfo, es una democracia con una integración republicana completa, es decir, independencia de los poderes, libertad de prensa, respeto a los otros, eso es lo fundamental.
-¿Cuáles son los retos que tienen por delante los partidos políticos?
Los partidos políticos tienen dos tipos de problemas, la corrupción y la violencia. La corrupción, cuando los cuadros que integran el partido, piensan en llegar el poder para enriquecerse o favorecer a otros.
La violencia, cuando en vez de utilizar el debate de las ideas utilizan la fuerza para marcar su presencia. Son dos deformaciones gravísimas que pueden anular la vida de los partidos políticos y se da cuando se olvidan los principios republicanos, la vigencia de la ley y del Estado de Derecho.
Los partidos tienen que se ser ejemplares para recuperar la confianza de los ciudadanos y ser ejemplares los Gobiernos, en términos de transparencia, honestidad y respeto a la independencia de los poderes.
MAYOR PRESIÓN CONTRA EL RÉGIMEN DE MADURO
-¿Cree que ese triunfo electoral pueda significar un cambio en la dinámica geopolítica?
Ojalá que influya, muchos países en América Latina tienen problemas institucionales, y es de desear que este ejemplo sirva para avanzar en el sentido de la democracia.
-La negociación política y la alternabilidad es parte de la realidad política no solo de Argentina sino de otros países latinoamericanos; pero no en el caso venezolano. ¿En esa compleja situación, qué tipo de negociación pudiera llevarse a cabo para destrabar la crisis política?
Junto a otros presidentes latinoamericanos venimos haciendo lo posible por ayudar en la situación de Venezuela, donde el pueblo ha sido sometido al oprobio de una dictadura, a la pérdida de sus libertades, al empobrecimiento, a la ruina económica. Ojalá que estos ejemplos sirvieran pero el país está secuestrado por un grupo que se ha apropiado de todos los resortes legales aparentes para la dominación del pueblo por la fuerza, en base a una gran mentira. Todo (lo que hace el Gobierno) es alterar el sentido de las normas para ponerlas al servicio del grupo gobernante. Entonces, qué negociación puede haber si todo diálogo termina en una gran mentira, un gran engaño. Ahí rige el imperio de la fuerza, no solo de la fuerza clara y frontal, sino en el manejo dialéctico de la mentira, queriendo confundir al mundo, pero los han aislado y han condenado a este sistema, porque lo que han instaurado (en Venezuela) es un sistema, que incluso han querido exportarlo.
-Macri ha sido un duro crítico del régimen de Maduro, ¿este triunfo significará mayor presión internacional?
Sí, Cristina Kirchner no ocultaba su simpatía por el régimen venezolano, eso ha sido derrotado en la elección de ayer porque Cristina (Kirchner) ha perdido ruinosamente. Entonces esto viene a confirmar la orientación del presidente Macri, que es la postura de la mayoría de los argentinos, de condena al régimen de Venezuela. Ningún argentino, algunos sueltos por ahí, siente simpatía por ese régimen. Ahora, el mundo lo condena también, pero la comunidad internacional se rige por el principio de no intervención, que no significa indiferencia. Hay que definir posiciones firmes que marquen claramente esta condena a ver si desde el poder mismo se produce ese cambio.