viernes 20  de  marzo 2026
ENTREVISTA

General Rivero alerta sobre perfil represivo de Gustavo González López al frente de la Defensa en Venezuela

Nombramiento refuerza control interno en la Fuerza Armada con una figura clave de inteligencia, sancionada y ligada al aparato de seguridad del chavismo

Diario las Américas | REYES UREÑA
Por REYES UREÑA
Embed - Gral. Rivero detalla quién es el nuevo ministro de defensa de #venezuela

MIAMI.– El nombramiento de Gustavo González López como nuevo ministro de la Defensa en Venezuela no representa un cambio, sino una profundización del control represivo dentro del aparato militar. Esa es la advertencia central del general venezolano en el exilio Antonio Rivero, quien conoce de primera mano al funcionario y traza un perfil que, lejos de abrir puertas a una transición, refuerza la lógica de poder del chavismo.

Rivero no duda en definirlo con precisión como un militar “oportunista, servil y con vocación autoritaria”, cuya trayectoria ha estado marcada más por su alineación política que por méritos profesionales dentro de la Fuerza Armada.

“El rasgo más peligroso es su capacidad de adaptarse al poder. Es profundamente servil hacia sus superiores, pero arbitrario hacia sus subalternos”, sostiene.

El general recuerda que coincidió con González López en la estructura militar, cuando este comandaba la Quinta División de Infantería de Selva en 2009. Desde entonces, asegura, su conducta evidenciaba una subordinación ideológica absoluta al proyecto chavista, al punto de imponer símbolos políticos dentro de unidades militares.

“Su lógica siempre fue política, no institucional. Eso lo define”, afirma.

Un perfil construido en la inteligencia y la lealtad política

El ascenso de González López no fue casual. Según Rivero, su cercanía con figuras clave del poder como Diosdado Cabello y su capacidad de moverse dentro de las estructuras del régimen lo llevaron a ocupar posiciones estratégicas, incluyendo la dirección del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), uno de los principales órganos de persecución en el país.

Ese paso por el SEBIN es, precisamente, uno de los elementos que más preocupa. Para Rivero, su historial en inteligencia y control interno lo convierte en una figura clave para sostener el aparato represivo en un momento de fragilidad política.

“Es un hombre formado en la lógica de la persecución, del control, de la vigilancia. No llega a Defensa para reformar, sino para blindar al régimen”, advierte.

El análisis del exgeneral apunta a que el nombramiento responde a una necesidad interna de control más que a una estrategia de apertura. En su lectura, la actual cúpula busca asegurar lealtades dentro de una Fuerza Armada que, según indica, muestra fisuras y desconfianza en sus mandos medios.

“No tiene ascendencia moral dentro de la institución. Su promoción ya salió de servicio y no genera liderazgo natural. Eso está generando rechazo en sectores militares”, asegura.

Aun así, su designación cumple un objetivo clave: garantizar obediencia en momentos de tensión social. Rivero advierte que el nuevo ministro podría reforzar el rol de la Guardia Nacional como brazo de contención ante posibles protestas, especialmente en un contexto marcado por el deterioro económico.

“La población está golpeada por el tema salarial y social. Si hay manifestaciones, este perfil apunta a una respuesta más dura”, explica.

Rivero también pone en duda cualquier lectura internacional que sugiera una maniobra coordinada con Estados Unidos. Aunque reconoce el carácter pragmático de la política exterior, asegura no ver elementos que indiquen que este nombramiento responda a una estrategia consensuada.

“Si hubo algún intento de proyectarse hacia actores internacionales, responde más a su oportunismo personal que a una línea estructurada”, afirma.

La conclusión es clara, lejos de facilitar un eventual proceso de cambio político, la llegada de González López al Ministerio de la Defensa podría convertirse en un obstáculo.

“Es una figura diseñada para sostener el poder, no para entregarlo”, sentencia Rivero.

En un país donde la transición sigue siendo una aspiración más que una realidad, el perfil del nuevo jefe militar refuerza la percepción de que el control, y no la apertura, sigue siendo la prioridad del poder en Venezuela.

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