GUANTÁNAMO.- Casi todos los días los guantanameros conocen la lamentable noticia del fallecimiento de un amigo o un conocido por causa del COVID-19. Aunque he recibido información de una fuente confiable de que la morgue del hospital provincial está repleta de cadáveres, en el parte oficial de las autoridades sanitarias del régimen las cifras de muertes se mantienen entre dos y cinco diarias.

Un vecino me comentó que había ido al crematorio con el objetivo de incinerar el cadáver de un familiar que había muerto por otra enfermedad y no pudo recibir el servicio debido a la cantidad de decesos, detalla el columnista Roberto Jesús Quiñonez en el portal web CubaNet

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Actualmente funcionan en Guantánamo más de cincuenta centros de aislamiento, instalaciones pertenecientes a escuelas, círculos infantiles y otras entidades que han sido habilitadas para tratar a los enfermos menos graves porque las instalaciones de salud ya no pueden hacerlo.

Algunas personas que trabajan en ellos han asegurado a CubaNet, bajo condición de anonimato, que es raro el día en que no fallezca más de un paciente, pero las cifras de muertes ofrecidas por las autoridades no se corresponden con tales afirmaciones.

Una doctora que trabaja en el hospital provincial confesó a este diario que las autoridades obligan a los médicos a consignar en los certificados de defunción de las víctimas por COVID-19 otra causa de muerte. Todo esto puede realizarse para no ofrecer evidencias al mundo sobre la magnitud de la tragedia que estamos padeciendo los cubanos y no incentivar los pedidos de ayuda humanitaria, pues para las autoridades cubanas es más importante la imagen que la realidad. Para defenderse, han argumentado que en otros países los servicios de salud también han colapsado y no se ha solicitado una intervención humanitaria. Pero dudo mucho que en esos países los ciudadanos carezcan de alimentos, medicinas y de una eficaz atención médica. Aquí, los médicos hacen esfuerzos extraordinarios, pero los recursos son insuficientes y en tales condiciones resulta muy difícil hacerle frente a la pandemia.

Recientemente falleció el señor Joaquín Rodríguez, de 74 años de edad y hermano de nuestra Iglesia Católica. Estaba recluido en un centro de aislamiento. Le dio un paro cardíaco y no pudo salvarse. En el local que compartía con otros enfermos había solo un balón de oxígeno que se trasladaba cada quince minutos hacia las camas de los más necesitados de su uso.

A Joaquín lo enterraron en una fosa común en el municipio Manuel Tames, porque los muertos por COVID-19 en Guantánamo no solo carecen de funeral, sino también de una simple lápida que recuerde su paso por el mundo.

Rumores no confirmados por CubaNet debido a la imposibilidad de acceder a las fuentes oficiales aseguran que la semana pasada una mujer que estaba ingresada en el hospital provincial se cortó las venas desesperada por su situación y que otro paciente se suicidó lanzándose al vacío desde uno de los pisos. Ambos estaban enfermos de coronavirus.

Son reiteradas las quejas de personas que aseguran haber reportado familiares con posibles síntomas de la enfermedad que no son atendidos por los médicos hasta pasadas 72 horas. En ocasiones no pueden hacerles pruebas para confirmar el contagio por la carencia de reactivos. Esto es lo que explica que se acumulen los resultados y luego se ofrece una información que no se corresponde con la realidad, como ocurrió hace unos días cuando Guantánamo reportó más de 1 000 casos en una sola jornada.

Debido al colapso de las instituciones de salud las autoridades han orientado que los sospechosos se mantengan aislados en sus domicilios, así como los contagiados que presenten menor gravedad, pero todos no son atendidos ni visitados por médicos con la regularidad que necesitan, lo que explica que algunos hayan fallecido en sus casas, un hecho que también ha ocurrido en casos de pacientes dados de alta de los centros de aislamientos.

Según el periódico Venceremos, hasta el pasado viernes 23 de julio la provincia tenía 3 259 personas infectadas y una tasa de incidencia de 1445, 7 casos por cada 100 mil habitantes, una de las más altas del país. Hasta ese día se acumulaban 50 fallecidos, mientras que unas 2 131 personas estaban confirmadas como portadoras del virus y 909 sospechosas se vigilaban en los centros de aislamiento, 165 de ellas con alto riesgo para sus vidas permanecían ingresadas en el Hospital General Docente Dr. Agostinho Neto.

Este miércoles 28 de julio el Dr. Francisco Durán García, Director Nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública del régimen, informó que Guantánamo está entre las cuatro provincias con más alta incidencia de la enfermedad.

La situación se complica pues, según la propia prensa oficialista, se incrementan los focos detectados y los eventos de transmisión local en varios municipios de la provincia.

A pesar de este panorama, las autoridades del régimen insisten en que la pandemia se halla bajo control. Continúan minimizando la realidad para no poner en evidencia la magnitud de la tragedia, lo cual fue denunciado este martes 27 de julio por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), que afirmó en un comunicado que los reportes oficiales de la dictadura ocultan la incapacidad material y organizativa del sistema de salud para frenar el acelerado avance de contagios y fallecimientos.

Alejandro González Raga —ex prisionero de conciencia que dirige esa entidad con sede en Madrid— expresó que el problema es grave y pidió la actuación inmediata de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Según ese reporte, hay médicos cubanos que aseguran que están muriendo personas que ya han sido vacunadas a pesar del triunfalismo que las autoridades se han encargado de propagar en los medios acerca de la efectividad de los candidatos vacunales cubanos. Lo denunciado por ese informe coincide con lo que ocurre en Guantánamo.

FUENTE: CubaNet

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