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LA HABANA. Cada temporada ciclónica transcurre en La Habana como un juego de la ruleta rusa. Desde el 1 de junio al 30 de noviembre, la aparición de un huracán en el Atlántico, despierta las alarmas en la población.

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Muchos cubanos de a pie viven en la zozobra y siguen los partes del tiempo con la misma pasión que una telenovela brasileña o un candente play-off final de la Serie Nacional de Béisbol.

Aunque la autocracia comunista en la Isla ha determinado que el embargo económico, comercial y financiero de Estados Unidos es el culpable de las penurias cotidianas y de las que están por venir, los daños provocados por huracanes, tormentas tropicales, penetraciones del mar y otros fenómenos meteorológicos, suman cientos de millones de dólares en pérdidas materiales cada año.

Lo más afectado es la infraestructura inmobiliaria. Tener en cuenta que el 70 por ciento de las viviendas en Cuba están en regular o mal estado técnico. Entre todas las ciudades cubanas, la que corre más riesgos es La Habana, por su deterioro habitacional y densidad poblacional en municipios como Centro Habana, Habana Vieja, Cerro, Diez de Octubre, Arroyo Naranjo y San Miguel del Padrón.

El pasado 27 de enero, un poderoso tornado, en poco más de 16 minutos recorrió once kilómetros y cinco municipios habaneros, provocando siete fallecidos, 195 heridos y más de 7.000 viviendas dañadas, de las cuales 730 sufrieron derrumbes totales. Casi nueve meses después, cuando usted recorre las zonas afectadas por el tornado, observará edificaciones y casas en los cimientos o que todavía esperan por ser reconstruidas.

La dictadura de los hermanos Castro ha coartado libertades fundamentales y es enemigo de la democracia moderna, pero cuenta con un organizado y eficaz sistema de Defensa Civil, estructurado como un organismo militar.

Luis, ex delegado del Poder Popular en la barriada de La Víbora, dice que en Cuba todo es burocrático e ineficiente, "pero la Defensa Civil hace bien y rápido su trabajo. Cuándo tú comparas la cantidad de muertos en los fenómenos naturales con otras naciones del Caribe, e incluso Estados Unidos, verás que por lo general son mucho menores. Después del ciclón Flora, que en 1963 dejó casi 3.000 fallecido en las regiones orientales, la Defensa Civil ha creado un sistema de aviso preventivo y evacuación de calidad” y añade:

“No contamos con muchos recursos, pero el hecho de vivir en una sociedad diferente, donde la gente acata más las orientaciones de la Defensa Civil que en otros países, propicia que el número de víctimas mortales sea reducido. Salvar vidas es la primera prioridad en la etapa de ciclones. Es cierto que Cuba y sobre todo La Habana, están expuestas a sufrir severos daños. Hay barrios de la capital que un simple aguacero inunda las zonas bajas y provoca destrozos. Por desidia del gobierno y falta de mantenimiento, la ciudad no está preparada para recibir el impacto de un huracán categoría 5 como Dorian. No solo por el aspecto constructivo [de las edificaciones], las pérdidas materiales también abarcarían a las redes eléctricas, pues al no contar con tendido soterrado, el aéreo es muy vulnerable”.

Nueve meses después de que el tornado desplomara el techo de su endeble vivienda, Mercedes, ama de casa, aún no ha terminado de reparar su hogar en Jesús del Monte. "De manera bastante chapucera, me pusieron un techo de tejas acanaladas que si este año pasa un ciclón se lo vuelve a llevar. Una brigada de constructores comenzó con tremendo embullo a repellar la casa y levantar el baño, un cuarto y la cocina, pero las obras se pararon por falta de materiales. ‘Sola vaya’ si La Habana tiene que sufrir un ciclón como Dorian. Vi en la televisión las imágenes de Bahamas y ese monstruo arrasó en esas islas”.

Los científicos y meteorólogos no se ponen de acuerdo al señalar cuáles son las causas para que cada año asolen al Caribe y Estados Unidos huracanes cada vez más destructivos, probablemente por los cambios climáticos.

Regis Chapman, jefe de la Oficina para el Caribe del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, expresó que “Bahamas es un país más desarrollado, con mejores infraestructuras y estándares de construcción que otros del Caribe, y la sede del gobierno sigue intacta en la capital, lo cual facilitará la coordinación de la emergencia. Pero hay que tener en cuenta que el huracán, categoría 5, estuvo dos días clavado encima de las islas. No hay infraestructuras capaces de soportar un azote así”.

Diego, un cubano residente en la Florida que viajó a La Habana para evadir la furia de los vientos huracanados de Dorian, cuenta que “la FEMA (siglas en inglés de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias en EEUU) hace un trabajo impecable. A veces hay muertes que se pueden evitar, pero muchas personas no cumplen las orientaciones del gobernador o la FEMA. Se va la luz, como en Cuba, pero la mayoría de las personas tienen plantas en sus casas y nunca demora más de dos o tres días en restablecerse. Todas las viviendas tienen un seguro que te cubre los daños. Además, no falta comida, agua potable, linternas, baterías y otros insumos necesarios en estos casos. Ha habido problemas, pero las instituciones federales funcionan bien cuando hay desastres naturales en Estados Unidos. En Cuba, la Defensa Civil hace una gran labor, el problema viene después de que pasa el ciclón: a los cubanos, el Estado no les garantiza con rapidez recuperar sus casas y restablecer los servicios, sin contar la escasez de alimentos”.

En el artículo San Cristóbal sigue protegiendo a La Habana, escrito en 2002, la periodista independiente Tania Quintero relataba: "Tres ciclones en menos de un año han afectado a Cuba. Y ninguno ha pasado por la capital. San Cristóbal es el santo patrono de la ciudad. En la religión yoruba se denomina Aggayú Solá, Según la leyenda cristiana, San Cristóbal era un gigante que ayudaba a los hombres a cruzar ríos anchos y turbulentos y en una ocasión ayudó a cruzar al propio niño Jesús. En la santería, Aggayú Solá es Orisha mayor, padre de Shangó y deidad de la tierra seca. No solamente los habaneros creyentes dan gracias a sus santos por la protección que les ha venido dando. También deben estar agradecidos los gobernantes, sobre todo Fidel Castro: el paso de un huracán fuerza cinco lo pondría en un dilema, pues más de la mitad de las edificaciones de la ruinosa ciudad se vendrían abajo".

Diana, ferviente practicante de la santería, confiesa que ella reza cada vez que informan que un ciclón puede pasar por Cuba, "sobre todo por La Habana, mijo, que si con un aguacero se caen dos o tres edificios, imagínate que sucedería si pasa un ciclón como el que afectó a Bahamas. Tienen que recogernos con palas”. Y se persigna o santigua.

Orestes, arquitecto, cree que las regiones del Caribe e incluso en Estados Unidos, en materia constructiva no están lo suficientemente preparados para resistir huracanes con vientos de más de 300 kilómetros por hora.

“En esos lugares, las casas modernas las edifican con materiales ligeros, lo cual permite una construcción acelerada. Son bonitas y funcionales, pero poco eficaces para soportar las rachas de vientos de un ciclón categoría 5. Las que mejores soportan los huracanes son las edificaciones construidas con acero y concreto, siempre y cuando se hagan con calidad. En el caso de La Habana, una combinación de factores permite que quede muy expuesta a los eventos climatológicos, como la falta de mantenimiento y las construcciones de mala calidad que no cumplen los parámetros técnicos dictaminados por instituciones oficiales, para construcciones estatales y particulares”.

El último huracán que cruzó por La Habana fue Irma, en septiembre de 2017. En dos años, el deterioro de la capital ha continuado aumentando. Por eso los habaneros perciben cada temporada de huracanes como un juego de la ruleta rusa.

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