La Habana. - No siente vergüenza de contarlo. Es una forma de vivir, confiesa, mientras intenta encender un generador eléctrico en el patio de su casa, al oeste de La Habana. Digámosle Chamizo. Su vida ha sido complicada.
La simulación, el soborno, los negocios turbios y la resistencia al cambio son características distintivas de quienes llevan las riendas del poder en la isla, cualquiera que sea la instancia de sus responsabilidad
La Habana. - No siente vergüenza de contarlo. Es una forma de vivir, confiesa, mientras intenta encender un generador eléctrico en el patio de su casa, al oeste de La Habana. Digámosle Chamizo. Su vida ha sido complicada.
“Dejé la escuela en primer año de un instituto tecnológico. Me gustaba el 'ambiente' (bajo mundo), la guapería, andar con pandillas. Durante el período especial salíamos en grupo por las noches. Aprovechando la oscuridad, asaltábamos a cualquier persona, le quitábamos el dinero, los zapatos o una cadena de oro. Nací en un barrio donde mis héroes eran presidiarios como Pancho el largo, el gordo Santa Cruz o Juan José, alías la ética. Tipos que mandaban en la prisión y le metían el 'yerro' (acuchillaban) a cualquiera", cuenta Chamizo.
"Mi sueño y el de muchos adolescentes del barrio, era ser abakuá [sexta secreta integrada solo por hombres]. A los quince años estuve preso por lesiones. Le corté la cara a un tipo en un bailable a la salida de los Jardines de la Tropical. La cárcel en Cuba no reeduca, eso es mentira, al contrario, la mayoría se pervierte más. Los guardias son tipos rudimentarios, les dan tremendas golpizas a los reclusos, no importa si eres menor de edad. Ahí aprendes el código de las prisiones cubanas, donde prima la chivatería, la sodomía y el matonismo".
Cárcel, opción para muchos
"A los 40 años había pasado un tercio de mi vida tras las rejas. A principios del año 2000, un amigo de prisión me mostró el camino para hacer 'balas' (dinero) sin correr riesgos. Comercio interior y gastronomía eran dos instituciones del Estado donde si metías cabeza podías robar y no ir a la cárcel. En esos sitios hay auténticos grupos mafiosos. Lucran con el dinero y los recursos que supuestamente son para el pueblo. Y te permiten tener un alto nivel de vida y emigrar si vez que la policía te está cazando”.
“Ya en 2012, la corrupción en las entidades estatales era tan profunda, que, si tú aparentabas lealtad al gobierno, no importaba que tu expediente carcelario fuera de varias páginas. Un día, un cuadro [funcionario] importante del partido comunista en la empresa donde estaba laborando me propuso ser militante. Acepté. Pertenecer a esa cofradía te abre puertas. La corrupción es enorme en las empresas de gastronomía y comercio interior. A los jefes les gusta rodearse de expresidiarios para intimidar a otros y gestionar los problemas que tengan”.
Después de más de quince años trabajando como directivo en comercio interior, Chamizo reconoce que “el modelo político y empresarial se ha ido devaluando. Con todas las personas con las cuales hablo, saben que el sistema no funciona. Pero si eres inteligente y aprendes las ‘claves del juego’, puedes vivir desahogadamente”.
Según el exprisionero común reconvertido en funcionario, “la primera regla es establecer buenos contactos. En este mundo, además del dinero, funciona mucho el trueque y hacer regalos. Por ejemplo, le resuelvo 200 libras de lomo de cerdo a un militar y a cambio él me resuelve una estancia de dos semanas en una villa de recreo del MININT (Ministerio del Interior) o un turno con un especialista en hospitales como CIMEQ o Cira García”.
“Del dinero que consigues, tienes que 'mojar' [sobornar] a unos cuantos. Hace treinta años, la corrupción era más solapada. Ahora es al descaro. Sin sonrojarse, desde jefes policiales hasta funcionarios del entorno de un ministro, reciben sobres de dinero y otras prebendas. No lo reciben directamente, se les entrega al chofer o una gente de confianza. Otros son más sutiles, roban a través de papeles, camuflando el facho en supuestas actividades sociales y políticas organizadas por el gobierno”.
La corrupción
¿La corrupción afecta a todos los estamentos del gobierno?, le pregunto. “Sí, de arriba a abajo. Mientras más relevante sea el cargo, más beneficios tienen. Lo que varía es la forma de conseguir el dinero. Mi apreciación: ocho de cada diez funcionarios del gobierno han violado las normas y son corruptos”, afirma Chamizo.
En su opinión, el mejor escudo es tener una narrativa política. “En este mundo tienes que aprender el léxico y las jergas que usan los funcionarios del partido y del gobierno. Pero debes tener un look distinto: andar con un portafolio con bolígrafos en un bolsillo de la camisa y aprenderte fragmentos de discursos de Fidel”.
Chamizo considera que “el burocratismo y la corrupción son los mejores aliados del gobierno. "Pero cuando se escachan, pueden ir presos o emigran para Estados Unidos. La mayoría de los dirigentes, sean civiles o militares, no quieren que las cosas cambien. ¿Qué beneficios obtendrían? Muchos, porque somos parásitos. Vivimos del discurso político, la mentira y el robo. En una transición democrática, esas instituciones van a desaparecer y ¿cómo podríamos reinventarnos?”.
DLA conversó con otros dos funcionarios intermedios del Estado, denominados 'cuadros' en el argot político local. Los dos pertenecen al esquema represivo de las brigadas de respuesta rápida, que, en caso de un estallido social, están obligados a movilizarse al igual que los distintos niveles del partido comunista y organizaciones paraestatales creadas para “defender la revolución en las calles”.
Los simuladores
Chamizo asegura que casi todos los cuadros que conoce "son más simuladores que leales al proceso. Aunque, repito, queremos que nada cambie”. Un directivo de gastronomía al sur de la capital expresa que “si se pretende diseñar una transición democrática en Cuba, primero hay que desmontar la burocracia que se ha enquistado en los estamentos políticos y empresariales”.
“Washington la tiene difícil. No tenemos el poder suficiente para negociar un cambio de sistema, pero también somos un estorbo en el propio gobierno cubano. Se han implementado 176 medidas, antes fueron 200 y pico y ninguna ha funcionado ni va a funcionar, porque están en contra de los intereses de la burocracia, que no es cualquier cosa. Son casi dos millones de personas que viven de la milonga y el invento. Más grande que un ejército, pero sin armas, y si no ven ganancias, pondrán obstáculos. ¿Dónde el gobierno va a meter a cientos de miles de funcionarios del Estado cuando comiencen los recortes de ministerios? Si no tienen el tacto suficiente, esa masa de desempleados se pasará al bando del enemigo”, concluye el directivo.
Un funcionario de la empresa eléctrica en La Habana no ve posible que “por ahora, las propias autoridades inicien una transición política. Es que hay un montón de personas ganando millones de pesos lucrando con la miseria de la población. En mi empresa, por ejemplo, se vende electricidad por 70 u 80 mil pesos a quienes deseen tener más horas de luz. Y en cada una de las instituciones del Estado existen diversos modos de generar dinero. Con ese sustento pueden capear el temporal en un sistema roto. Sin libreta de racionamiento y con salarios promedio equivalentes a siete dólares mensuales, la pregunta es cómo se alimenta y sobrevive la mayoría de los cubanos. La respuesta es corta: robando”, subraya el funcionario.
No quieren cambios
El complicado laberinto político e institucional en Cuba se ha transformado en un gigantesco freno para el progreso y futuro de la nación. “Esto (el régimen) se va a caer, es insostenible. Pero en un sistema democrático, con los vicios adquiridos, no sé de qué forma podríamos reciclarnos. Los que tienen dinero para pactar con Trump y fundar una oligarquía son apenas un puñado. El resto hemos robado miles de dólares, no millones que te alcancen para comprar propiedades o empresas”, aclara el directivo de gastronomía.
“Nada es eterno. Este modelo de gobierno no tiene ni pies ni cabeza. No es capaz siquiera de gestionar los servicios básicos. Pero por décadas ha sido una forma de vida para muchos”, dice Chamizo. Asegura, lo único que lamenta es no haberlo comprendido antes. Se hubiera ahorrado un tercio del tiempo que pasó en prisión.
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