Por RICHARD MATTHEW
Especial

El embajador de la dictadura venezolana en Italia, Julián Isaías Rodríguez Díaz, presentó este lunes su renuncia a través de una carta pública que envió al dictador Nicolás Maduro, en la que le ratifica su fidelidad al chavismo pero le confirma que busca alejarse de las “víboras con cabeza triangular que desde hace mucho tiempo lo acompañan”.

En un alarde de patriotismo y pretendida humildad, Rodríguez, quien ha amasado una fortuna a la sombra del chavismo, dijo a su "amigo" Maduro que el “bloqueo” de los Estados Unidos, apoyado por Italia, lo ha dejado sin dinero y que su esposa había tenido que “vender algunas joyas" para poder sobrevivir.

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Pero, ¿quién es Isaías Rodríguez? ¿Quién es este diplomático con intenciones de poeta que demostró lealtad absoluta a Hugo Chávez, a quien obedeció sin titubeos cuando fue fiscal General de la República de Venezuela, cargo desde donde oprimió a aquellos señalados como enemigos de su mentor?

Rodríguez, egresado de la Universidad Central de Venezuela como abogado, en los años 70 comienza a militar en el partido Acción Democrática, y posteriormente en el Movimiento Popular del Pueblo (MEP). A finales de la década de los 90 reaparece en la escena política cuando se une a la campaña del candidato Hugo Chávez, para luego ser electo senador en 1998 y miembro de la Constituyente de 1999.

En el 2000 es nombrado vicepresidente de Venezuela, una recién estrenada figura incluida en la nueva Constitución diseñada por Chávez. Y en enero de 2001, fue designado por la Asamblea Nacional de Venezuela de mayoría oficialista como fiscal general de la República, cargo en el que estaba obligado a renunciar a cualquier militancia política para impartir justicia.

Su gestión como fiscal ha sido fuertemente cuestionada, no solo por la oposición venezolana sino por la comunidad internacional, ya que desde allí obedeció las órdenes de Hugo Chávez y gestionó el encarcelamiento de figuras prominentes de la economía venezolana, muchos de los cuales se vieron obligados a salir del país tras una fuerte persecución que no respetó el estado de Derecho, ni la Constitución de Venezuela.

Su desempeño como fiscal ha sido tildado de, como mínimo, mediocre. Con su clara postura en favor de Chávez acabó con la división de poderes en Venezuela, y a pesar de que insistentemente negaba sus vínculos con el régimen, luego dejó muy clara la devoción que sentía por su mentor.

Seis días después de que se anunciara el fallecimiento de Chávez, Rodríguez declaró a la agencia de noticias dpa que había tenido un encuentro místico con el recién fallecido mandatario. “Fue una comunicación de Chávez conmigo y de mí con él. Nos comunicamos mentalmente. No tengo ninguna duda. Es una experiencia mística”, dijo.

Rodríguez, que ha intentado destacarse como poeta, llegó al punto de escribir un poema tras el fallecimiento Chávez y lo leyó en una de sus intervenciones públicas con lágrimas en sus ojos y voz entrecortada.

Este lunes ha otorgado a su renuncia el mismo tono poético, en una carta que ha sido catalogada de vacía y cursi, un intento por mostrar humildad, al tiempo que marca distancia de algunos actores que trabajan con Maduro, a quienes no identifica.

Para la mayoría de los venezolanos, su carta de renuncia no es otra cosa que una muestra fiel de lo que ha sido su desempeño público: utilizar su lado más barato para encubrir su entraña de opresor.

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