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@DesdeLaHabana

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LA HABANA. La guayabera de Gerardo, dependiente de un hotel de lujo en el centro de La Habana, está estrujada y llena de sudor. Lo peor es que la presión arterial le subió por las nubes, debido a una bronca en el atestado ómnibus que lo transportó hacia su trabajo. “Antes de que comenzara este ‘periodo coyuntural’, todas las mañanas cogía un taxi privado en la esquina de mi casa. Ahora lo mismo llego al Parque de la Fraternidad en una guagua repleta que en un camión. Dijo Díaz-Canel que esta situación era temporal, pero se están tomando medidas como si fuera a durar mucho tiempo. Estoy pensando comprarme una bicicleta o una moto eléctrica”.

Las tarifas de los taxis, sean arrendados por el Estado, privados o ilegales, se han duplicado. “Sobre todo por la noche, cuando baja el ‘gardeo’ [acoso] de inspectores y policías. Salgo del trabajo al filo de las doce de la noche. Hasta hace poco, por 5 cuc un taxi me dejaba cerca de mi domicilio. Ahora tengo que pagar 8 o 10 cuc”, se queja Gerardo.

A las 7 y media de la noche del domingo 22 de septiembre tuve que trasladarme al municipio San Miguel del Padrón por una gestión personal. En Acosta y Agustina, en la piquera de taxis colectivos que cobran 10 pesos hasta la Virgen del Camino, no había ninguno. Más de veinte personas toreaban a cualquier vehículo que pasara. “Llevo hora y media aquí y solo han pasado dos boteros. La fajazón que se arma es de ampanga", le escuché comentar a una señora.

Por el estilo estaba la parada ómnibus. La gente miraba hacia el horizonte intentando divisar un auto que diera un aventón o un ómnibus del transporte urbano. Pero la oscura avenida parecía un desierto. Aprovechando la aglomeración, una anciana vendía maní tostado. “A dos pesos el cucurucho mi’jo, -pregonaba- es que todo ha subido de precio”.

Una mujer protestaba en voz alta mientras un coro silencioso asentía sin hablar. “Dónde c… están los inspectores y los choferes estatales bondadosos que dan botella. Hay que largarse de este país de m…”. Por fin aparece un coche privado. “Dos cabillas (50 pesos o 2 cuc) hasta la Virgen del Camino”. Las protestas arrecian. “Es un abuso, se aprovechan de la situación”, dice en voz alta un jubilado. No obstante, hubo forcejeo para subirse al auto.

Cuando llegamos en la Virgen del Camino, en un trayecto de diez minutos, le hice una propuesta al chofer: “Te doy 50 pesos más, hasta [el reparto] La Cumbre”. Se lo piensa y me pregunta: “¿Puedo montar más pasajeros?” Le respondo que me da igual. Y a continuación me cuenta que para llenar el depósito de combustible tuvo que recorrer una decena de gasolineras. “O no había o la colas eran gigantescas. Parecía que iba a cantar Gente de Zona”.

Durante el trayecto, unos diez kilómetros desde La Víbora hasta La Cumbre, en San Miguel del Padrón, solo pasó un ómnibus urbano. La Calzada de Güines era una boca de lobo, con todas las farolas de la calle apagadas. “Es pa’ ahorrar combustible. En San Miguel del Padrón no han puesto luces LED y las bombillas tradicionales son grandes consumidoras. El 500 aniversario de La Habana solo se celebra en el Vedado, Miramar y una parte de La Habana Vieja, el resto de la capital somos aéreas verdes”, ironiza un señor que viaja en el auto y cuyo destino es el reparto Caballo Blanco.

Las calles interiores de La Cumbre están destrozadas. En un pequeño parque, varios hombres beben en silencio, aguardiente de tercera categoría. Una veintena de muchachos no despegan la vista de sus teléfonos móviles.

A pesar de la 'crisis coyuntural’, las cafeterías particulares están llenas de personas bebiendo cerveza o ron. “No hay más na. Faltan montones de artículos de primera necesidad en las tiendas, pero el ron nunca falta. Los cubanos escapan del desastre económico viendo telenovelas y seriales del ‘Paquete’ o empinando el codo”, me dice el Moro, un viejo amigo que pasó el servicio militar conmigo y actualmente reside en La Cumbre.

Al regreso, me bajo en la Virgen del Camino y camino hasta la cola de taxis que llegan a La Víbora. “Llevo dos horas aquí y ni siquiera una guagua ha pasado”, aclara un hombre fornido. Tengo suerte, aparece un taxi de cooperativa me cobra 20 pesos por dejarme en una gasolinera a tres cuadras de la Esquina de Toyo.

En la Calzada de Diez de Octubre es más fácil encontrar algún transporte hasta La Víbora. Dentro del taxi un joven me cuenta que ha viajado desde Guanabacoa a Luyanó en cuatro tramos. “Si esperas que un taxi te deje en la puerta de tu casa estás frito. Yo viajo por tramos. Ya la cuenta anda por cien pesos”. El chofer de la cooperativa interviene en la conversación y explica que los fines de semana de su piquera apenas salen carros. “Nos dan un ‘buchito’ de combustible. Ellos (los del régimen) priorizan los días laborales, de lunes a viernes. El sábado y domingo que la gente se joda”.

Cerca de las 11 de la noche llegué a la casa. Tres horas y media en un trayecto que normalmente se cubre en una hora. Al día siguiente fui al agromercado en busca de una piña para hacer jugo y vegetales para la ensalada. No había piñas, solo fruta bomba. Tampoco había tomates, lechuga, col, acelga... En las tarimas sucias solo se veían frijoles negros y colorados, yuca y boniato.

En las tiendas por divisas, por el estilo. No encuentras pechugas de pollo, puré de tomate, papel sanitario, jabón de lavar, refrescos ni confituras, entre otras mercancías. Para ahorrar combustible el régimen ha quitado quioscos de venta en divisas que había en los barrios. Las personas tienen que caminar varias cuadras o ir hasta el centro de La Habana cuando necesitan comprar algo. Carlos, administrativo de un mercado, asegura que “los almacenes están repletos de papel sanitario, cigarros y otros productos, pero no hay combustible para llevarlos a la tiendas”.

La escasez de combustible es uno de los pretextos más usados. El otro, que están esperando la llegada de un barco.

La crisis del transporte ha disparado los precios de las bicicletas y motos eléctricas en el mercado negro. “Una bicicleta con cambio de velocidad, que costaba 160 o 180 cuc, ahora no baja de 250 o 300. Y las motos eléctricas pasaron de 1,800 a 2,200 cuc. Si la ‘situación coyuntural’ pica y se extiende, los precios de las bicis y las motos seguirán subiendo”, afirma alguien que realizando viajes como “mula” se dedica a traer motos eléctricas desde Panamá.

Y es que en épocas de crisis, a perro flaco, entiéndase el pueblo, todo lo que le caen son pulgas.

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