Resulta de una profunda desfachatez histórica que los mismos dictadores que durante más de seis décadas han tratado de erradicar la fe del corazón de los cubanos, confinando creyentes en las infames Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), clausurando colegios católicos y persiguiendo con saña a sacerdotes y laicos, hoy toquen a las puertas del Vaticano pidiendo un milagro de supervivencia política. Como bien expone el artículo “Cuba y la noche: Cuando un régimen marxista necesita que Dios lo salve” de 14 y Medio (Cuando un régimen marxista necesita que Dios lo salve https://www.14ymedio.com/opinion/regimen-marxista-necesita-dios-salve_1_1132375.html), queda al descubierto la patética contradicción de una dictadura recalcitrante que, incapaz de responder a las necesidades materiales y espirituales de su pueblo, pretende ahora convertir a la diplomacia de la Santa Sede en su tabla de salvación.
Durante décadas, el Partido Comunista de Cuba predicó el materialismo histórico como un dogma excluyente donde los creyentes eran considerados ciudadanos de segunda clase. Sin embargo, ante el colapso económico absoluto, la deslegitimación total y la presión internacional, el régimen ha demostrado una cínica versatilidad: donde antes hubo hostigamiento y ateísmo de Estado, hoy hay alfombras rojas para recibir pontífices y misiones diplomáticas con la única intención de blanquear su imagen. Lo vimos recientemente con la excarcelación de presos, una auténtica “operación Barrabás” donde los verdaderos presos políticos quedaron relegados o bajo condenas encubiertas, y lo vemos ahora en su desesperado intento por lograr una visita papal que les otorgue una respetabilidad internacional de la que carecen por completo. La dictadura quiere la absolución divina y el levantamiento de sanciones, pero sin renunciar a sus viejos mandamientos de partido único, obediencia ciega, represión sistemática y cárcel para quienes piensan distinto.
Frente a la quiebra moral, económica y política del totalitarismo, desde la presidencia del Partido Demócrata Cristiano de Cuba, levantamos con firmeza los principios del humanismo cristiano. Sostenemos que la salida a la crisis cubana no pasa por reciclajes de la cúpula ni por pactos de impunidad, sino por una transición profunda cimentada en valores éticos. En primer lugar, defendemos la centralidad de la persona humana, entendiendo que la dignidad de cada cubano, su libertad de conciencia, de expresión y de culto deben ser el núcleo sagrado de la nueva institucionalidad republicana, muy por encima de los intereses de cualquier ideología. Asimismo, abogamos por una verdadera justicia social y solidaridad, pues una economía justa no puede construirse sobre la explotación y la miseria planificada, sino sobre la libre iniciativa, el trabajo digno y la protección de los más vulnerables.
Para lograr este cambio, es indispensable la reconciliación nacional. La futura democracia cubana no se fundará en el odio ni en la revancha, sino en el perdón activo, el pluralismo y el respeto a la ley, integrando a todos los hijos de la nación, tanto dentro de la Isla como en la diáspora, en la reconstrucción del país bajo un genuino Estado de Derecho que garantice la separación de poderes.
Dios no es instrumento de la tiranía ni avalará jamás la opresión de un pueblo hermano. La verdadera conversión que Cuba necesita no es la de un régimen oportunista que busca un escudo geopolítico, sino la liberación definitiva de las cadenas del totalitarismo. Los democristianos cubanos reafirmamos nuestro compromiso inclaudicable con la libertad; la noche de la dictadura se acerca a su fin, y sobre los escombros del marxismo dogmático, el pueblo cubano sabrá alzar, con la fuerza de su fe y su vocación cívica, una democracia plural, libre y próspera.
Elena Larrinaga de Luis
Presidenta
Partido Demócrata Cristiano de Cuba
30 de octubre de 2026