viernes 20  de  febrero 2026
AMÉRICA LATINA

Las huellas de los sucesos del Palacio de la Moneda, 50 años después

El 11 de septiembre se cumple medio siglo del derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular, una alianza izquierdista que encabezaba Salvador Allende

MIAMI. - El 25 de agosto último, el Departamento de Estado de EEUU desclasificó parte de los informes diarios que recibía el entonces presidente estadounidense Richard Nixon en septiembre de 1973, acerca de la crisis política que atravesaba Chile y que originó el derrocamiento del presidente Salvador Allende.

A punto de cumplirse 50 años de aquellos sucesos, investigadores y testigos directos describen el contexto de los hechos.

Luego del bombardeo al Palacio de La Moneda, el poder fue asumido por una Junta de Gobierno encabezada por el general Augusto Pinochet, que fue designado jefe Supremo de la Nación, en junio de 1974 y, en diciembre, presidente. La dictadura duró 17 años.

El historiador Froilán Ramos, de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), refiere que, en 1970, Allende fue electo en representación de la Unidad Popular, una alianza de partidos de izquierda. Obtuvo la victoria con 36% de los votos, lo cual lo llevó a fijar un compromiso con el Parlamento de acatar la Constitución y garantías de gobernabilidad.

“Los primeros años del gobierno de Allende estaba en boga una visión de que era posible que el país transitara hacia el socialismo por vías democráticas. Allende llamó a este proceso la revolución con vino tinto y empanada: una revolución adaptada al contexto chileno, a las vías institucionales para establecer reformas estructurales”, refiere Ramos. “Los primeros años del gobierno de Allende estaba en boga una visión de que era posible que el país transitara hacia el socialismo por vías democráticas. Allende llamó a este proceso la revolución con vino tinto y empanada: una revolución adaptada al contexto chileno, a las vías institucionales para establecer reformas estructurales”, refiere Ramos.

En 1972, la Democracia Cristiana liderada por el expresidente Eduardo Frei Montalva, y por Patricio Alwyn, posteriormente mandatario de Chile, se convirtieron en la oposición democrática.

“Hubo fisuras tanto en la economía como en el terreno político, venían de reformas drásticas radicales que aspiraba el gobierno de Allende y que no tenían el margen político, ni la institucionalidad para ejecutarlos”, indica el historiador.

En junio de 1973, se produjo “El Tanquetazo”, un intento de golpe de Estado. En agosto, Allende designa al general Augusto Pinochet como comandante en Jefe del ejército.

El golpe de Estado se concretó el 11 de septiembre de 1973. Las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile, expresaron que estaban unidos para "luchar por la liberación de la patria del yugo marxista" y exigieron la renuncia de Allende.

En los informes desclasificados entregados a Nixon sobre el 11 de septiembre, se indicó: “En Chile, los planes de los oficiales de la Marina para desencadenar una acción militar contra el Gobierno de Allende [...] cuentan con el apoyo de algunas unidades clave del Ejército [...]. La Armada también cuenta con el respaldo de la Fuerza Aérea y de la policía nacional”.

Asimismo: “Los socialistas, los extremistas de izquierda y los comunistas están igualmente decididos a no ceder. Están apostando a que la oposición militar y política no pueda llevar a cabo medidas para derrocar al Gobierno o incluso imponerle restricciones. El presidente Allende, por su parte, todavía espera que la contemporización evite un enfrentamiento”.

Conflictividad marcada

Mauricio Rubilar, historiador y académico de la UCSC, expresa que, el gobierno conocido como los 1000 días de Allende, despertó gran conflictividad “a medida que intentaba implementar profundas transformaciones inspiradas en la ideología marxista”. Una parte de la sociedad se mostró proclive al proceso.

“Pero, también, generaron el rechazo de otra parte de la sociedad, había un conflicto político y social que se fue agudizando”, puntualiza.

Por su parte, el abogado Ricardo Israel, excandidato presidencial de Chile en 2013 y parte de la directiva del Instituto Interamericano para la Democracia, con sede en Miami, refiere la total polarización de Chile: “Con mucha rapidez se transformó en dos campos adversos como el país no lo había conocido”.

“La política derivó a divisiones familiares entre hermanos padres e hijos, fue un cambio muy profundo. Pertenezco a aquella generación para la cual esto es el tema decisivo de sus vidas”, agrega.

Andrés Medina, doctor en historia y profesor de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, asevera: “Todos querían una revolución. Las condiciones socioeconómicas en el continente eran malas y ofrecer el oro y el moro rendía dividendos. Un cuestionamiento a una utopía no era lógico, pero repartir, sin producir, y apelando a la violencia, primero verbal y luego de turbas vociferantes, alienadas por una ideología totalitaria que consideraba fascista a quien se opusiera, puso a una clara mayoría ciudadana en una abierta oposición liderada por la Democracia Cristiana”.

Narra su vivencia: “Yo trabajaba 8 horas como profesor de liceo. El afán del gobierno de Allende, siendo minoría, era instalar un gobierno con el poder total y en tres años se había instalado una máquina que destruyó economía y convivencia. Era un opositor a ese gobierno y la solución que veíamos era la intervención militar”.

Enfatiza que “mucho violentista extranjero había llegado y el desabastecimiento y desorden social lo vivíamos todos los días. Los puestos en la educación y administración pública eran para partidarios del gobierno, vivíamos lo preliminar a una guerra civil”.

El historiador puntualiza: “Como dijo el expresidente Frei, ya no había solución política, Allende debió llamar a un plebiscito, sabiendo que la mayoría no quería seguir con un experimento. No es una opción de conveniencia, era un dilema histórico, seguir un camino que otros han seguido, la vía cubana, del socialismo, y la historia muestra qué libertades tienen las naciones que siguieron esa utopía”.

Añade que, lo ocurrido con la extinta Unión Soviética y sus satélites, “que vivieron décadas de sufrimiento y denigración de la dignidad humana, indica que nuestra salida, sin ser lo ideal, nos sacó de un pozo sin fondo”.

Detenido y condenado

El abogado Ricardo Israel cuenta que su padre era amigo personal de Allende, desde la época que había sido periodista en radio, y aún como presidente, el mandatario se alojaba en su casa cuando visitaba su ciudad.

“Mientras Allende fue gobierno, acompañé varias veces a mi padre y escuché las opiniones que tenía sobre su partido, sobre otras personas y la ultraizquierda que contribuyó tanto a descarrilar a Chile”, añade.

En septiembre de 1973, cuando Israel tenía 22 años, “ordenaron evacuar el organismo del Estado, donde trabajaba como abogado. La oficina estaba en pleno centro cívico cerca de La Moneda y fuimos detenidos (…) Al llegar a la cárcel, tuve la fortuna de encontrarme con un compañero de universidad que trabajaba para la justicia militar y en vez de ser enviado al Estadio Nacional, donde murió y desapareció mucha gente, fuimos enviados a la cárcel pública. Sufrimos algo del golpe de Estado que hizo acabar las libertades y nos sometió a un consejo de guerra porque una de las personas que no conocía andaba con su propia pistola”.

Fue condenado a 541 días de cárcel, pero el procedimiento, en una apelación, fue reducido a seis meses, tras lo cual fue liberado bajo fianza y salió del país.

Cincuenta años después, Israel enfatiza: “Las heridas son muy profundas. Chile lo ha hecho muy bien en la persecución judicial de quienes tuvieron responsabilidad, hay gente condenada a cientos y miles de años que participaron en la desaparición de personas (…) Pero, en lo que no ha sido efectivo, es en un debate de ponerse de acuerdo en el nunca más a instituciones como el Ejército”.

Por: Sofía Nederr @snederr

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