MIAMI.- Era una misma corriente de energía la que unía a Armando, Carlos, Pablo y Mario. Un mismo impulso de amor, de ágape, el amor sin condiciones sin restricciones, hacia un pueblo del cual se sentían poderosamente parte, aunque algunos de ellos, Carlos y Mario, no habían nacido en la Isla.

Y esa fue la gran verdad con la que nos iluminaron: la nación es un hecho espiritual primordialmente, un destino con el cual se está imantado mediante el amor.

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Nos enseñaron con su esfuerzo constante, salvando miles de vidas cubanas, que no hay ideología que pueda separar el alma de un pueblo. Ese pueblo regresará a sí mismo a pesar de todos los crímenes del mal.

Eran así los cuatro, distintos pero iguales en intensidad, en altruismo, en responsabilidad, en hombría de bien.

Carlitos Costa era todo rigor y precisión. El amor convertido en disciplina tenaz que mantenía la constante y difícil operación semanal, metódica, riesgosa de Hermanos al Rescate. Tenía un futuro brillante en la aviación comercial porque era brillante en el presente.

Armando Alejandre; era un gigante moral y físico. Un noble luchador del más correcto y cariñoso trato al prójimo pero absolutamente intolerante hacia el mal, la opresión, y el acoso contra el pueblo cubano. Ponía el cuerpo donde estaban sus ideas: la definición del héroe. Unía a los amigos y hermanos y se enfrentaba directamente al opresión.

Pablo Morales: no tuve el privilegio de conocerlo, pero sí supe de él ... el balsero que no olvidaba a los balseros. Supe de él por la admiración con que los otros Hermanos al Rescate hablaban sobre él: Pablito, hombre de profunda conversión cristiana, organizado, responsable, trabajador, buen hijo y buen hermano. Con hombres como ese la voluntad del Padre se podrá hacer en la Tierra.

Y Mario. Mi entrañable amigo. No tengo recuerdo de él sin su sonrisa permanente. Dinámico, siempre en acción. Sencillo, prefería la bicicleta y la ropa sin aspavientos. Para él lo importante era buscar y vivir la verdad. Sometía la existencia a un pensamiento riguroso, constante, pasado siempre por el filtro cristiano inculcado en él. La definición del hombre libre. Actuaba como pensaba. Decía que era cubano americano, pero que su parte cubana era la que más lo necesitaba. Mario se destacaba en sus estudios, sus trabajos, su futuro era también brillante porque los hombres con luz interna como él vencen en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia. Murió como vivió, hasta el último momento fue él.

Esa es la autenticidad del ser. Estaban ellos imantados con su pueblo cautivo, unidos por hilos invisibles, tal como Jesús, el Mesías y Juan, el Bautista, patear desde adentro del vientre de sus madres al acercarse Isabel a su prima María: uno desde antes de nacer queriendo abrazar al otro.

A los demonios que cobardemente los traicionaron, los emboscaron, los asesinaron sin misericordia:

No pararon nada, no impidieron nada, no cambiaron nada. Los cubanos seremos libres en nuestro suelo. Llegaremos a la citadles prometida, a nuestro Sion. Allá, allá Armando, Carlos, Pablo y Mario nos aguardan.

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