viernes 10  de  abril 2026
RECUERDOS

Los cubanos comíamos pescado antes de 1959

Escabeche de pescado, langosta grillé y cangrejo enchilado comía en casa de mi tía Candita cuando ella y su marido, el gallego Elías, trabajaban como encargados en edificios de La Habana Vieja y el Vedado

Diario las Américas | TANIA QUINTERO
Por TANIA QUINTERO

A los cubanos menores de 60 años residentes en la isla les puede parecer exagerada esa afirmación de Álvarez Quiñones. Es que ellos nacieron y crecieron comiendo los 'inventos alimentarios' que el castrismo vendía y que a partir de marzo de 1962, era con la 'libreta de racionamiento', obligatoria en todos los núcleos familiares.

Pongo el ejemplo de mi casa antes de 1959. Mis padres no eran muy amantes de los productos del mar como en otros hogares de La Habana. Así y todo, una vez a la semana mi madre iba a la Plaza, como en el barrio le decíamos al Mercado Único de Cuatro Caminos, y en una de las muchas tarimas de chinos que vendían pescados y mariscos frescos, compraba parguitos, que el dependiente limpiaba.

Ya en la casa, como no teníamos refrigerador, mi madre les echaba sal y limón, lo pasaba por harina. Y en la cocina de carbón, en un sartén, los freía con aceite de oliva Carbonell, marca española muy consumida entonces en Cuba.

El otro plato de pescado que por lo menos una vez al mes comíamos era bacalao a la vizcaína. En la bodega de la esquina, en Monte y Romay, Cerro, comprábamos un pedazo de una penca de bacalao seco de Noruega. Y una o dos veces al mes comíamos camarones, comprados frescos en la Plaza y que mi madre los hacía con arroz. También comíamos sardinas de lata, en aceite o con tomate, de España, Portugal o Marruecos.

Atún, bonito, aguja, sierra y serrucho o arroz con pescado solía comerlo en casa de algún familiar o vecino, igual que la sopa de cabeza de cherna. El pargo asado en el horno me encantaba y donde siempre lo comí fue en casa de Lucrecia López, la que sale conmigo en la foto de 1947 que encabeza esta crónica.

Escabeche de pescado, langosta grillé y cangrejo enchilado comía en casa de mi tía Candita cuando ella y su marido, el gallego Elías, trabajaban como encargados en edificios de La Habana Vieja y el Vedado. Candita cocinaba lo que en mi niñez yo consideraba exquisiteces: carne de cerdo asada con ciruelas pasas, carne de res mechada con jamón, croquetas de jamón y pie de manzana.

Lo que sí a menudo compraba en el puesto de los chinos, en Romay y Zequeira, eran frituras de bacalao y majúas fritas. Un pan con minuta de pescado costaba 0.10 centavos y lo vendían en el timbiriche que había en Monte y Fernandina, donde también podías comer frita (0.10 centavos), pan con tortilla (0.10 centavos), perro caliente (0.15 centavos) y pan con bistec, que era lo más caro (0.20 centavos).

En mi barrio, El Pilar, muchas familias comían otras variedades de pescado como la rabirrubia y la liseta. Y los más pobres, con solo seis centavos, en la bodega adquirían una libra de camaroncitos secos. Solían cocinarlos con arroz o preparaban una salsa de tomate con los camaroncitos secos y se la echaban a un caldero con harina de maíz. En Cuba lo vendían, pero en mi infancia nunca comí arenque, salmón, ostiones, anchoas, almejas, berberechos...

"Siendo Cuba una isla tropical, rodeada de archipiélagos y corales capaces de mantener una abundante fauna marina, fueron el pescado y los mariscos ingredientes significativos en los platos de la cocina cubana. No se limitaba la pesca a las aguas de poca profundidad, muchas veces la mesa era servida con algún pescado de mar abierto. Aunque no del gusto de todos, también en ciertas casas se consumían conservas y pescados importados, con cierta preferencia por aquellos de los mares del norte", se lee en la sección de recetas de pescado en El Güije (Recetas de Pescado en la Cocina Cubana (guije.com))

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