exFLORIDA - A costa de su poder, el exjefe de los servicios de inteligencia militar venezolana cooperó por más de una década con traficantes de droga bajo la égida de Hugo Chávez. Esta investigación del Proyecto ITEMP revela la identidad de socios y aliados con los cuales Hugo “El Pollo” Carvajal sirvió de escudero en la jungla de la ilegalidad para que muchos criminales tuvieran una estancia segura en Venezuela.

Los guerrilleros sentían la obligación de agradecer tanto al general Hugo “El Pollo” Carvajal que durante días se enfrascaron en el inocuo debate sobre cuál podría ser el mejor presente para un hombre tan poderoso en Venezuela.

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Como jefe de los servicios de inteligencia militar venezolanos, lo que él deseara podía conseguirlo sin complicaciones. Joyas, dinero, un carro, una pintura, un reloj de colección –pensaron los insurgentes– era algo superfluo que no lo sorprendería.

Al Fuerte Tiuna, un vasto complejo militar al suroeste de Caracas, guerrilleros del Frente Décimo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) hicieron llegar a Carvajal un singular obsequio, en abril de 2006: un caballo pura sangre que en los establos de ese fortín estaría a buen resguardo para cuando el general quisiera cabalgar.

“Era un caballo de los buenos, pura sangre de verdad. Yo mismo se lo fui a dejar en Fuerte Tiuna. No supimos qué nombre le puso o si le gustó, pero lo recibió”, cuenta desde una gélida sala de visitas de una prisión federal estadounidense uno de los insurgentes que participó en aquel agasajo y que por años estuvo bajo protección directa del poderoso funcionario en Venezuela.

De acuerdo con una acusación de la corte del distrito sur de Florida, revelada en 2011, Hugo Armando Carvajal Barrios (Puerto La Cruz, Venezuela, 1960) habría facilitado las operaciones de narcotráfico de al menos una docena de capos de la droga que buscaron refugio en suelo venezolano entre 2004 y 2011, el tiempo en que este general estuvo al mando de la contrainteligencia militar.

Incluso los fiscales estadounidenses aseguran que el exoficial, al menos desde 1999, protegió a traficantes de cocaína colombianos y mexicanos por medio de una camarilla de militares que luego, a modo eufemístico, se pasó conocer como el Cartel de los Soles.

Yesid Ríos Suárez, un curtido abastecedor de drogas de las FARC, apodado “El Enano”, habría disfrutado durante al menos seis años de la protección directa de Carvajal mientras se desplazaba entre la industrial ciudad de Valencia, al norte de Venezuela, y el llanero estado de Apure, fronterizo con Colombia.

Desde Apure “El Enano” viajaba para supervisar la fabricación de cocaína en laboratorios clandestinos que operaba en el departamento colombiano de Arauca, para luego transportar la mercancía a tierra venezolana, según el relato de uno de sus antiguos socios desde una prisión de Alabama.

Desde ese estado de los llanos venezolanos, a través de pequeños aviones y pistas clandestinas, Ríos Suárez fue un importante proveedor de cocaína de las FARC y, sobre todo, de Noé Suárez Rojas conocido por los alias de “Germán Suárez Briceño” o “Grannobles”, un veterano jefe militar de la guerrilla, miembro de su Estado Mayor.

El 19 de septiembre de 2011, año en el que Venezuela se volcó a entregar a una veintena de capos de la droga que se refugiaban en su territorio, “El Enano” fue deportado desde Caracas hacia Bogotá por una orden de arresto internacional que lo acusaba de narcotráfico.

Tres años después, en enero de 2014, el Gobierno colombiano aprobó el pedido de extradición de Ríos a Estados Unidos, donde una corte de Nueva York lo buscaba por tráfico de cocaína.

“Pregúntele a Carvajal qué hacía Yesid Ríos en su casa y en su velero en Margarita, en la marina de la isla, ¿por qué lo protegía allá? ¡Demasiadas cosas están claras! Le brindó documentación, carros, escoltas, todo”, describió un importante narcotraficante colombiano que se convirtió en un testigo clave en la acusación contra el general en Estados Unidos, así como de otros altos oficiales venezolanos.

Al haber mantenido su base de operaciones en Venezuela por ocho años, el capo colombiano admitió que Carvajal había protegido sus operaciones brindándole custodia directa, como escoltas y documentación oficial venezolana, según relató en una serie de entrevistas por correo electrónico desde la prisión donde aún paga condena, con la condición de mantener bajo reserva su identidad.

Para respaldar sus alegatos, dijo que durante sus audiencias entregó a los fiscales estadounidenses importantes pruebas que incluían una lista de oficiales venezolanos a su servicio, honorarios pagados, además de información única del exjefe de inteligencia.

Entre otros, la lista incluyó a seis oficiales, hoy con rango de generales, que hicieron parte del régimen de Hugo Chávez en cargos estratégicos de seguridad, y actualmente se desempeñan en otros puestos en la administración de Nicolás Maduro.

“Lo que relató mi cliente, relacionado con los servicios que le brindó Carvajal, es totalmente cierto, y sirvió de mucho a los fiscales para armar otros casos”, declaró la defensa del narco en una entrevista en Miami con Proyecto ITEMP.

Las versiones del capo colombiano fueron contrastadas con otro colaborador de Ríos Suárez, también condenado por una corte de Nueva York. Sus declaraciones coincidieron con los alegatos que describen cómo Carvajal asistía a “El Enano” a expensas de comisiones en dólares, conforme este lo resguardaba dentro de Venezuela al fragor de los combates contra las guerrillas que el Gobierno del presidente de Colombia, Álvaro Uribe, emprendió desde 2002.

“Cuando en Venezuela nos informaron que iba la deportación a Colombia y después seguro a USA, llamé al general Carvajal a su celular. Me atendió y le pregunté ‘¿qué pasó?’, a ver si podía ayudarnos. Respondió que ya eso escapaba de sus manos y colgó”, recuerda el operario.

Una pista lleva otra

Para los fiscales de Nueva York un testigo importante en el ensamblaje del caso Carvajal fue el colombiano Yon Pelayo Garzón Garzón, un miliciano que logró infiltrarse en las FARC para la inteligencia colombiana y trabajó para alias “El Enano”.

Garzón, supuestamente, asistió a un encuentro en octubre de 2002 en la frontera entre el estado Apure (Venezuela) y el departamento de Arauca (Colombia) donde se discutió la entrega de armas y la custodia de cargamentos de cocaína con auspicio del “Pollo”, según uno de los testigos que conoció las operaciones y fue entrevistado para esta investigación, en abril de 2019.

Los detalles pormenorizados reconstruyeron lo ocurrido y ensalzan directamente el papel que tuvo el general chavista, de acuerdo con la versión del testigo.

Las descripciones del suceso, a las que accedió ITEMP por medio del abogado defensor de un caso de narcotráfico en Colombia donde la figura de Carvajal resonaba, están en el expendiente 499-2002 de una corte colombiana a la que Garzón sirvió como testigo en varios casos de droga, una muestra de que el Gobierno colombiano conocía el historial delincuencial del confidente de Chávez mucho antes de su ascenso como jefe de la inteligencia militar venezolana.

Una revisión de los registros públicos judiciales en Colombia revela que en todos estos años la Fiscalía de ese país nunca abrió un caso criminal en contra de Carvajal, a pesar de lo que sabía.

Yon Pelayo Garzón se convirtió en testigo protegido de la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) y la fiscalía de Nueva York en varios casos a partir de 2011, entre ellos los de “El Enano” y Carvajal, según muestran registros de la corte, algunos de ellos bajo sello.

Yesid Ríos Suárez, “El Enano”, era una pieza estratégica para Estados Unidos y, en concreto, para la Corte de Distrito Sur de Nueva York, que lo encausó por operaciones de droga al servicio de las FARC.

“El Enano” fue condenado en junio de 2014 a 54 años de prisión por su rol en el manejo de laboratorios clandestinos de cocaína en Colombia cuyo principal mercado era suelo estadounidense. Ríos Suarez nunca respondió a las solicitudes de entrevista para esta historia.

En los ochos años que el presidente Álvaro Uribe estuvo al frente de Colombia nunca llegó a hablar con su homólogo Chávez de las supuestas tropleías que el jefe de inteligencia venezolano estaba ejecutando a favor de guerrilleros colombianos y narcotraficantes. O eso, al menos, es lo que recuerda.

“Yo le informé a Chávez sobre los campamentos que tenían las FARC en Venezuela, pero él negó que existieran en su país. Luego dijo que no los podía perseguir por no afectar la paz de Colombia”, relató el expresidente Uribe a ITEMP.

Sobre Carvajal “no recuerdo en particular haber hablado con Chávez alguna vez. No lo tengo muy presente”, admitió Uribe, para quien la guerra a muerte en contra de las guerrillas forzó a las FARC a sentarse a negociar años después, hasta su disolución absoluta, en 2016.

Jugando con los secretos

El general Carvajal llegó a la capital española el 18 de marzo de 2019 en un viaje secreto desde República Dominicana luego de romper el 21 de febrero con el régimen de Maduro y reconocer públicamente al jefe de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, como presidente interino de los venezolanos.

Un representante de alto nivel de Guaidó describió lo “incómodo y comprometedor” que fue por aquellos días el hecho de que Carvajal se mostrara públicamente a favor del líder opositor en la causa contra Maduro.

Una captura de video muestra a Carvajal mientras pronuncia un discurso contra Maduro.

“En cierta forma necesitábamos una figura que generara un quiebre en las filas de Maduro; Carvajal fue el hombre clave, pero su pasado y su prontuario nos hicieron tomar distancia para salir en su defensa”, admitió el funcionario bajo condición de anonimato al no estar autorizado a declarar sobre este asunto.

El 12 de abril de 2019, en Madrid, Carvajal fue arrestado por la policía española gracias a una Circular Roja de Interpol que Estados Unidos había emitido en su contra.

La Audiencia Nacional denegó su extradición cinco meses después al considerar que el Departamento de Justicia lo pedía “por una motivación política”.

El 8 de noviembre la Audiencia cambió su decisión y ordenó la extradición del exgeneral chavista para ser juzgado por cargos de tráfico de drogas.

Tras filtrarse por la prensa la noticia de su extradición dos semanas antes de hacerse oficial, Carvajal escapó de su domicilio a las afueras de Madrid y su paradero era desconocido hasta el momento de su captura el 9 de septiembre de 2021.

Una semana antes de conocerse su fuga en 2019, Carvajal recibió un cuestionario con una decena de preguntas relacionadas con esta investigación periodística. Sin embargo, por la circunstancia, nunca respondió.

Cerrando todas sus opciones, el Gobierno de España, a través del Consejo de Ministro, como dicta la ley, aprobó el 3 de marzo de 2020 la entrega a Estados Unidos del antiguo funcionario una vez que sea localizado.

El poder de “El Pollo” Carvajal no fue solo político: sumó también el económico a su beneficio personal, según relatos de tres personas que lo conocieron y “recibieron sus servicios” en Venezuela.

Al ahondar en sus acciones del pasado aparecen montañas de secretos atesorados, no solo de sí mismo, sino sobre quienes vigilaba, lo que utilizó como moneda de cambio para protegerse.

Un capo de la cocaína detenido en Venezuela y extraditado desde Colombia a Estados Unidos, contó a ITEMP que para la custodia personal y la de sus pistas en Apure sufragaba “miles de dólares al general, mensualmente, aunque dependía de la carga que se enviaba”.

Uno de estos narcotraficantes relató a la DEA que le dispensaba pagos periódicos a Carvajal de 50.000 dólares, mientras el general custodiaba sus rutas, y habló de la “guardia pretoriana” de oficiales de las fuerzas armadas y políticos del régimen de Venezuela que ejercían de intermediario en este negocio.

Carvajal mantuvo una estrecha relación de negocios con el narcotraficante Luis Frank Tello Candelo, alias el “Negro Frank”, detenido el 24 de junio de 2010 en Caracas y extraditado a Estados Unidos, relataron cuatro fuentes al tanto de las operaciones, las cuales se dan a conocer por primera vez.

Por su conexión con el poderoso cartel colombiano “Oficina de Envigado” y Los Zetas de México, el “Negro Frank” fue uno de los mayores beneficiados al entregar información sobre los nexos del régimen venezolano con el narcotráfico.

Los fiscales de Nueva York y Miami, donde reposan las acusaciones contra el general chavista, constataron que Tello Candelo tenía como colaborador al excapitán de la Guardia Nacional venezolana Vasily Kotosky Villarroel, alias “El Potro”, para el manejo de los aeropuertos en la isla de Margarita y en las ciudades de Puerto La Cruz y Barcelona, al noreste de Venezuela.

Kotosky Villarroel, requerido por la DEA desde 2013 por ser un brazo ejecutor clave en operaciones de droga durante varios años, fue detenido en junio de 2015 por autoridades venezolanas y enjuiciado en su país.

“El Potro trabajaba con Carvajal de la mano y el general le ayudaba en la ruta de Puerto La Cruz, que era su zona de mayor influencia”, describió supuestamente a los fiscales de la Corte de Distrito Sur de Florida un prominente traficante de drogas mexicano, quien presentó a este medio detalles de las rutas.

Kotosky Villarroel trazó una relación de negocio con el “Negro Frank” para el manejo de operaciones de drogas mientras el narcotraficante mantuvo sus redes de operaciones en Venezuela, detalla un documento enviado a una corte, en el que se describe, entre otras cosas, cómo el oficial de la Guardia Nacional venezolana era, prácticamente, un escudero de carteles de la droga internacional.

Tello Candelo presumía entre sus socios de tener supuestamente en su nómina a Carvajal, a quien dispensaba altas sumas de dinero, de acuerdo con la versión entregada a los fiscales en Nueva York por un antiguo socio del narco colombo-venezolano que este medio entrevistó.

“Previo a una operación de gran valor que se iba a realizar en Venezuela, en febrero de 2006, el Cartel de Sinaloa envió al ‘Negro Frank’ un millón de dólares que iban, supuestamente, para cortejar a Carvajal”, narró por primera vez el antiguo compañero de Tello Candelo, condenado en Estados Unidos.

El emisario del Cartel de Sinaloa con el botín, sin embargo, nunca pudo constatar si el dinero realmente fue entregado o si era para Carvajal, indicó en la entrevista, porque para aquella cita a la que asistió con Tello Candelo en un restaurante al este de Caracas nunca se apersonó el general.

“Llegó alguien que se hacía pasar por él, y como no lo conocía, no supe la verdad sino semanas después”.

“Ese día solo supe que íbamos a ver a un buen contacto para mover el negocio. Luego supe que se llamaba Hugo Carvajal, pero físicamente no fue él quien buscó la plata. Entonces, no puedo afirmar que él era emisario”, dijo el narcotraficante en una entrevista.

A través de este testigo especial los fiscales conocieron que el General de División Francisco Paz Fleitas, dos veces presidente del Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) de Venezuela habría facilitado durante varios años las operaciones de diversos carteles mexicanos y colombianos para el trasiego de cocaína dentro y hacia el exterior del país.

“Paz Fleitas estaba en nuestra nómina, sin duda”, admite por primera vez a ITEMP el narcotraficante, quien también describió algunas de las operaciones en las que el general de la aviación venezolana habría recibido sobornos en dólares de emisarios del Cartel de Sinaloa.

ITEMP no pudo verificar ni contrastar las versiones ofrecidas sobre tres supuestas operaciones, entre 2005 y 2006, en las que participó Paz Fleitas, por lo que declinó publicarlas.

“Cualquier ruta, diurna o nocturna, estaba controlada por Paz Fleitas. Sacamos aviones para viajes internos en Venezuela y algunos cargamentos que iban para el exterior, unos para África, Suramérica… Con él todo funcionó sin complicaciones, pero es que bastante bien le pagábamos”, cuenta el capo bajo reserva de identidad, porque las discusiones del caso son confidenciales y están selladas.

Siempre según la versión del testigo, el general Paz Fleitas trabajó con el todopoderoso ministro Tareck El Aissami, cuando éste era jefe de la cartera del Interior y Justicia, para concretar operaciones de narcotráfico donde se facilitó la compra de algunos aviones que los traficantes requerían.

“Claro, Tareck y Paz Fleitas eran uña y mugre”, zanjó el narcotraficante durante la entrevista. En su poder, afirmó, están las matriculas de algunos aviones adquiridos por el general venezolano, así como nombres de las personas que se vincularon con estas actividades. ITEMP no pudo verificar de forma independiente la supuesta documentación de las aeronaves.

El Aissami, exvicepresidente de Venezuela que ahora es ministro de Industrias y Producción Nacional del régimen de Maduro, fue imputado por una corte federal de Nueva York en marzo de 2019 por nexos con el narcotráfico, pero en 2018 el Departamento del Tesoro ya lo había sancionado por lavado de dinero vinculado a negocios con drogas. En julio de 2019 entró en la lista de los más buscados por Estados Unidos.

Tareck El Aissami

Un recurso judicial de noviembre de 2017 con un centenar de páginas, aún bajo sello público, fue examinado por ITEMP para constatar los relatos en contra de Paz Fleitas. En ellos aparece señalado el nombre del general de aviación como colaborador de operaciones de droga de varios carteles mexicanos y colombianos.

El general se desempeñó en dos oportunidades como presidente del INAC, primero en 2005 y luego entre 2011 y 2013, pero su carrera ha estado vinculada a la aviación civil venezolana durante al menos dos décadas, lo que explica su poder e influencia en este sector estratégico para los carteles del narcotráfico.

El exoficial no respondió a solicitudes de comentarios sobre estas versiones enviadas a través de su perfil en la red de contactos profesionales LinkedIn. Dos personas que trabajaron con él en Venezuela dijeron que se encontraba fuera del país.

Amistades peligrosas

De la telaraña de conexiones al servicio de traficantes de droga que trabajaron con asistencia de Carvajal, surge un prominente capo encarcelado en una prisión de Delaware que acusó al comisario jubilado del venezolano Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) Miguel Ibarreto de haber participado en operaciones de trasiego de cocaína durante varios años, reveló en una entrevista.

La investigación de ITEMP halló que entre 2012 y 2013 los fiscales de la Corte de Distrito Sur de Florida, donde reposan los alegatos de este importante narco, escucharon que presuntamente Ibarreto, un exjefe antidrogas del CICPC, había colaborado con una poderosa organización criminal en Venezuela que ejecutaba rutas de contrabando marítimo y aéreos hacia México y Ecuador, así como el envío de drogas hacia África.

Tres prominentes narcotraficantes encarcelados en distintas prisiones en Estados Unidos admitieron en entrevistas separadas con ITEMP que el exjefe antidrogas había estado a su servicio durante diversas operaciones.

Una de ellas habría ocurrido en mayo de 2008 en la ciudad de Valencia, al centro de Venezuela, cuando Ibarreto, en alianza con funcionarios de la policía política y del CICPC a su servicio, interceptaron un cargamento con unos 500 kilos de cocaína a bordo de dos furgonetas provenientes del estado Táchira, fronterizo con Colombia.

“Para recuperar el cargamento tardamos tres días en conseguir un millón de dólares en efectivo que nos fue solicitado por los policías. En un centro comercial de Caracas terminamos haciendo el pago, y fue el mismo Ibarreto, en persona, quien recibió la plata de mi mano”, relató uno de los narcotraficantes colombianos en una entrevista por correo electrónico.

“Ibarreto era un poderoso capo de drogas en Venezuela y dentro de la policía esto no era un secreto”, agregó.

La figura del comisario Ibarreto en Venezuela está plagada de leyendas y realidades que terminan enlodando su figura, y revelan a un personaje siniestro en los círculos del corrompido poder policial del país suramericano.

Uno de sus antiguos compañeros en la división antidrogas admitió que en varias ocasiones el excomisario había sido reprendido por supuestas denuncias en las que se le acusaba de desviar los cargamentos de droga para luego pedir recompensas a los dueños de la mercancía.

“Ibarreto es un excelente jugador de caballos, hizo mucho dinero con esto, pero su estilo de vida, sus lujos, eran inexplicables con un sueldo de policía. Todos conocíamos su relación con los traficantes, pero su poder con los jefes era extremo”, aseguró un antiguo compañero del comisario bajo condición de preservar su identidad.

En julio de 2019 la prensa venezolana reportó que el comisario Ibarreto -junto a cuatro militares y otro expolicía- había sido imputado por un tribunal militar por participar en una presunta conspiración para asesinar al gobernante Nicolás Maduro y varios de sus colaboradores.

Hasta la fecha los acusados están bajo arresto en distintas prisiones venezolanas y el misterio en torno al comisario Miguel Ibarreto se mantienen en el limbo de la duda.

En cárceles de Florida, Nueva York, Luisiana, Carolina del Norte, Delaware y otros tantos estados de la anchilarga geografía estadounidense hay, al menos, una docena de narcotraficantes, guerrilleros colombianos, lavadores de dinero y operarios, que tuvieron a su servicio al general del ejército Carvajal Barrios.

Entre 2004 y 2011, y de nuevo en 2013 y 2014, este general y diputado a la Asamblea Nacional se desempeñó como director de la División de Inteligencia Militar (DIM) venezolana, conocida ahora como Dirección General de Inteligencia Militar (DGSIM).

Desde los albores de la revolución bolivariana en 1999, primero al servicio de Hugo Chávez y luego durante el primer año de Nicolás Maduro en la presidencia, “El Pollo”, mote con que se le conoce desde sus tiempos en la Academia Militar, estuvo en el submundo del espionaje y la contrainteligencia.

El sacerdote venezolano José De Jesús Palmar, que por años denunció la intromisión del narcotráfico en las Fuerzas Armadas de su país, en agosto de 2007 entregó al Ministerio Público evidencias en contra de Carvajal.

“El 7 de agosto de 2007 presentamos ante la Fiscalía venezolana bastante material, con evidencias incluidas, que demostraba la relación de Carvajal con los narcos”, recuerda Palmar.

“Si los fiscales nunca vieron nada en contra de Hugo Carvajal fue porque eliminaron los expedientes o simplemente los ocultaron, pero negar que existan pruebas es absurdo”, remata el sacerdote, quien además es periodista.

Desde el Sancta Sanctorum

Un informe de la DEA sobre Carvajal dejó al descubierto cómo uno de los hombres más poderosos del aparato de inteligencia del chavismo cooperó con el crimen organizado y las guerrillas prácticamente como una rama de su oficio.

El reporte de la agencia antidrogas, al que accedió ITEMP, fue una oportunidad excepcional para conocer detalles sobre cómo Carvajal se reunía con miembros del Gobierno de Chávez -con o sin participación del mandatario-, para planificar operaciones de narcotráfico y apoyo a las FARC; los lugares en que se dieron estas citas, los protagonistas y sus funciones, hasta los relatos de testigos que luego colaborarían con la agencia antidrogas en su cruzada contra los peces gordos del chavismo.

El material ahonda sobre cómo Chávez era la verdadera cabeza del llamado “Cartel de los Soles” y hasta dónde sus más cercanos colaboradores, como Diosdado Cabello o Tareck El Aissami, fueron partícipes de una empresa criminal para retener el poder alrededor de esta organización.

El Departamento de Estado ofreció el 26 de marzo de 2020 una recompensa de 10 millones de dólares para dar con la captura del número dos del chavismo, Cabello, y el ministro El Aissami, a quienes acusaron de prestar servicios a favor del narcotráfico.

El “Cartel de los Soles” es como se describe a los oficiales dentro de las fuerzas armadas y el aparato de seguridad del estado venezolano que trafican con drogas. Sin una figura o jerarquización similar a los carteles mexicanos o colombianos, su referencia ha sido clave a la hora de hablar sobre los nexos de militares con el narcotráfico en Venezuela.

En varias oportunidades durante la investigación de ITEMP, los relatos de los traficantes y testigos coincidieron en versiones y protagonistas, lo que permitió mantener un hilo conductor sobre determinados sucesos en los que Carvajal, sus subordinados o superiores se vincularon con actividades ilícitas.

Lo que “vemos con Venezuela es que sigue siendo un importante país de tránsito de drogas y una de las rutas de tráfico preferidos para la cocaína en el Hemisferio Occidental debido a la corrupción pública que hace fácil el trabajo a las organizaciones de narcotráfico”, dijo un vocero de la Oficina para Asuntos Antinarcóticos del Departamento de Estado consultado sobre la situación venezolana en esta materia.

Desde la oficina del presidente

En el Palacio presidencial de Miraflores si no todo, al menos algo se sabía de cada uno de los grandes narcotraficantes o guerrilleros de poder que se refugiaron en Venezuela en la última década, porque desde allí se transaron operaciones, rutas, envíos y apoyo político para el trasiego de drogas con el consentimiento directo del “comandante presidente” y buena parte de sus aliados, según el documento de la DEA.

Desde 2008 Carvajal está sancionado por del Departamento del Tesoro debido a su supuesta cooperación con las FARC. En 2014 estuvo a punto de caer en las manos de Washington, justo cuando llegó a Aruba para ejercer funciones de cónsul de Venezuela, pero las autoridades holandesas lo devolvieron a Caracas.

Sin embargo, su imputación en el Departamento de Justicia data de 2011 y, por ello, el 12 de abril de 2019 fue arrestado en Madrid.

El archivo de la DEA data de principios de 2019 y fue elaborado como parte de las evidencias contra Carvajal recopiladas por uno de los oficiales de alto rango de la agencia antidrogas que llevó las investigaciones contra el “Pollo”.

La primera aseveración que sostiene el dosier es que “aparte de Carvajal, algunos de los otros miembros del Cartel de los Soles que ejercieron en los niveles más altos del régimen de Venezuela fueron el expresidente Hugo Chávez, el exvicepresidente Tareck El Aissami y el exvicepresidente Diosdado Cabello”.

“Por ejemplo, uno de los testigos contra Carvajal es un exjuez que se desempeñó en un tribunal a partir de 2005”, de acuerdo con el texto.

Sin revelar su identidad, la DEA se refiere a este informante como Testigo 1, el cual en 2005 “asistió a una reunión en la casa del entonces presidente Chávez (Palacio de Miraflores). En ella estaban Carvajal, Chávez, el general Henry Rangel Silva (en ese entonces jefe de la agencia venezolana de inteligencia conocida como DISIP), Cabello (para ese momento gobernador del estado Miranda) y El Aissami (quien era diputado a la Asamblea Nacional).

“Durante la reunión, Chávez instó al grupo a promover sus objetivos políticos, incluido combatir a Estados Unidos ‘inundando’ el país de cocaína. Chávez les ordenó a Carvajal, Cabello, Rangel Silva y otros coordinarse con las FARC, y asignó al Testigo 1, entre otros, evitar que las autoridades del orden público interfirieran con estas actividades. El Testigo 1 más tarde se enteró de que este grupo se reunía mensualmente y asistió aproximadamente a cuatro encuentros mensuales”.

Tres semanas después de aquella reunión en el Palacio de Miraflores, “un grupo similar, incluido Carvajal, fue convocado a la casa del entonces vicepresidente José Vicente Rangel (2002-2007). Durante el encuentro, Diosdado Cabello describió las rutas terrestres y marítimas de tráfico de drogas a través de Venezuela, y Carvajal indicó que la cocaína sería suministrada por ‘guerrillas’ colombianas, es decir, las FARC”, siempre según el documento.

Cabello, el segundo hombre más poderoso en Venezuela tras Maduro, declinó las solicitudes de comentar sobre esta información, pero ha sido su constante por años negar cualquier implicación que hace Estados Unidos en su contra por narcotráfico.

“Durante una reunión en la misma casa de José Vicente Rangel un mes después –indica el archivo— Carvajal les dijo a los asistentes que la coordinación con los camaradas iba bien y que se había reunido con cabecillas de las FARC en Venezuela. Carvajal posteriormente le comentó al Testigo 1 que había discutido con los miembros de esa guerrilla la división de las ganancias de las drogas y el suministro de armas como compensación”.

La identidad del Testigo 1 no se revela, pero basados en la descripción aportada por la DEA, dos expertos venezolanos en seguridad al tanto de la investigación de ITEMP, refieren que se trata del exmagistrado del Tribunal Supremo de Justicia venezolano Eladio Aponte Aponte, quien en marzo de 2012 huyó de Venezuela y desde Estados Unidos lanzó duras acusaciones que involucraban a altos cargos del Gobierno con narcos y exponía la manipulación del Poder Judicial por parte de Chávez.

El coronel Aponte Aponte, un exfiscal militar y expresidente de la Sala de Casación Penal del máximo tribunal, fue vinculado por el chavismo de tener nexos con el capo de la droga venezolano Walid Makled, quien precisamente reveló que el funcionario había estado a su servicio.

De Rampa 4 a Campeche

Si las supuestas reuniones de Carvajal con Chávez o Cabello para coordinar trasiegos de droga de las FARC interesaron a los agentes de la DEA, lo que Aponte presenció sería el talón de Aquiles de la acusación que en Nueva York pesa contra el “Pollo”.

Para abril de 2006, en pleno año electoral en el que Chávez buscaba ser reelecto, “Carvajal le dijo al Testigo 1 (Aponte) que estuviera alerta porque estaba a punto de realizarse una operación en la ‘Rampa 4 de Maiquetía’, en referencia al punto de embarque presidencial del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, a las afueras de Caracas.

Sobre estas referencias “el Testigo 1 entendió que Carvajal le estaba ordenando que estuviera de guardia en caso de que las autoridades del orden público intentaran interferir con un cargamento de cocaína que el Testigo 1 se enteró más tarde que era el alijo de 5,6 toneladas incautado en México”.

El caso del “Air Cocaine” desde la rampa presidencial en el Aeropuerto de Maiquetía fue el mayor escándalo de filtración del narcotráfico en Venezuela en los últimos años.

Supuso el uso de la propia terminal del presidente de la República, que debería tener la máxima custodia de los militares venezolanos, para ser usada en el transporte de drogas por carteles internacionales.

“El traslado de los 5.600 kilos de cocaína -cita el archivo de la DEA- se realizó en un avión DC-9 en abril de 2006 de Venezuela a la ciudad mexicana de Toluca, pero se vio obligado a aterrizar en Campeche, México, debido a fallas mecánicas. Cuando el avión aterrizó la policía mexicana incautó la cocaína y detuvo a los dos pilotos”.

“Tras la incautación de la droga, Carvajal le pidió al Testigo 1 que estuviera de guardia en caso de que las autoridades del orden público conectaran el cargamento de cocaína con él, entre otras personas”, alega el informe.

El caso del narcoavión con las cinco toneladas de droga es una película borrosa aún en proyección, porque existen inconsistencias en los informes y testimonios que vinculan del todo a Carvajal, según pudo demostrar la investigación de ITEMP tras la revisión de 450 páginas de documentos -algunos sobre la operación-, y los alegatos de un testigo de primera mano.

Desde 2006, cuando el complot del narcoavión fracasó, el general Carvajal fue el único acusado públicamente por la DEA de colaborar con esta megaoperación.

No hay registros a lo largo de estos 14 años que revelen implicaciones de otros funcionarios o militares venezolanos con una operación de esta envergadura.

Los oficios judiciales construidos por Ismael Oliver, exabogado del “Pollo” en España y elevados a la Audiencia Nacional, revelaron sustanciosa información que a partir de ahora puede causar un “cisma judicial” en Estados Unidos si el Departamento de Justicia se ve obligado a revisar este caso en un eventual juicio contra el general.

Oliver presentó a los jueces españoles una versión hasta ahora desconocida. Se trata del testimonio del capitán mexicano Fernando Blengio, el propietario del narcoavión DC-9 y de la mercancía en cuestión por la que se acusa a Carvajal.

Según el texto presentado a la Audiencia Nacional española y al cual ITEMP accedió, Blengio, encarcelado en Estados Unidos por narcotráfico, y con una retahíla de apelaciones por su situación legal, contó al abogado de “El Pollo”: “El avión y la droga que transportaba eran de mi propiedad y nunca conocí a Carvajal”.

Blengio mostró a la defensa de Carvajal los elementos jurídicos que expuso en las cortes estadounidenses durante estos años acerca del caso del narcoavión para lograr, en vano, que el Departamento de Justicia y los fiscales del caso ignoraran sus alegatos y obstruyeran el proceso.

Las inconsistencias vienen hasta en el tonelaje que se reportó luego del decomiso en México, así como los informes de la DEA al respecto, relató Blengio en una entrevista con este medio.

“Para comenzar, no fueron 5,6 toneladas de cocaína las que viajaron esa tarde en el DC-9 sino 5,1 toneladas, lo que cambia drásticamente hasta el valor de la incautación. Esta información la conocen los fiscales estadounidenses y jamás la rectificaron”, alegó.

“Yo coordiné todo esto, y Carvajal no estuvo allí”, admitió el piloto mexicano, quien por años sirvió como coordinador de operaciones para carteles mexicanos y colombianos.

“En lo que respecta a esta situación del avión, Carvajal no se vinculó. Sí ha sido clara mi batalla legal sobre el hecho de que hay supuestos testigos detenidos aquí que mintieron sobre determinados casos, no solo el de este señor, sino de otros no venezolanos. Las cortes lo saben y los fiscales también. Las pruebas están”, agregó Blengio desde la prisión.

Una vocera del Departamento de Justicia, Nicole Navas, declinó comentar sobre el expediente y extradición de Carvajal, y, en concreto, sobre los alegatos del piloto mexicano. La Oficina del Fiscal para el Distrito Sur de Nueva York no respondió a tiempo una solicitud de información.

Al menos en lo que respecta al narcoavión, el testimonio de Blengio podría cambiar sustancialmente la acusación contra el general chavista en un eventual juicio, independientemente de que Carvajal decidiera desde España esclarecer esta situación.

Más allá del nudo gordiano de la historia del narcoavión, el papel que desempeñó el Testigo 1 –o Eladio Aponte– sirvió para dar amparo legal a las supuestas tropelías que estaba ejecutando Carvajal, siempre con la venia de Chávez.

Los alegatos del exmagistrado Aponte a la DEA muestran que entre 2005 y 2010 Carvajal lo contactó regularmente para ayudar a miembros de las FARC que tenían problemas legales en Venezuela. El “Pollo” le hizo saber siempre al Testigo 1 que “bajo orden del presidente Chávez no había que involucrar a las FARC” con la justicia.

La supuesta asistencia de Carvajal a Yesid Ríos Suárez es una muestra palpable de esta realidad.

El hombre de la bandera

La deserción y huida a Estados Unidos del teniente de la Armada venezolana Leamsy Salazar Villasaña fue desde 2015 una bomba noticiosa constante en los medios y la opinión pública latinoamericana, porque significaba, en ese entonces, la mayor ruptura de un militar activo de alto rango que estuvo al servicio de Chávez y Cabello.

Miembro de la Casa Militar -cuerpo encargado de la protección del presidente- el oficial de la Armada (Marina) formó parte de la escolta de Chávez. Durante diez años fue jefe de su anillo de seguridad y su asistente personal hasta que, tras el fallecimiento del mandatario, en marzo de 2013, pasó al servicio de Diosdado Cabello, justo cuando estaba en la jefatura de la Asamblea Nacional.

Salazar era para Chávez un héroe de su revolución, como él mismo lo homenajeó una tarde por televisión. El 13 de abril de 2002 participó en la liberación del Palacio de Miraflores tras el golpe de Estado que sacó al mandatario del poder por 72 horas.

El informe de la DEA confirma ahora el papel de Salazar Villasaña en la entrega de información sobre Carvajal, Cabello y el conjunto del Cartel de los Soles, a partir de 2015, cuando llega a Washington como testigo protegido.

“Otro testigo contra Carvajal fue un miembro del Ejército de Venezuela asignado como seguridad para Chávez entre 2008 y 2013, y para Cabello en 2013 y 2014, cuando era jefe de la Asamblea Nacional de Venezuela”, dicen los documentos.

A esta fuente la DEA lo identifica como el “Testigo 2”.

Salazar o Testigo 2 “a mediados de 2008 proporcionó la seguridad en una reunión organizada por Chávez en su rancho, a la que asistieron, entre otros, el ministro del Interior venezolano, Ramón Rodríguez Chacín, y el cabecilla de las FARC Luciano Marín, alias ‘Iván Márquez’”.

Durante la reunión, el Testigo 2 “escuchó a Márquez describir la necesidad de apoyo logístico, como uniformes, barcos y computadores, y Chávez indicó que los fondos serían provistos a las FARC por Petróleos de Venezuela (PDVSA)”, la empresa estatal de hidrocarburos del país.

El Testigo 2 “oyó a Chávez hablando por teléfono de Carvajal. Durante la llamada, escuchó a Chávez referirse a Carvajal por su apodo, el ‘Pollo’ y ordenarle que suministrara armas a las FARC”.

Cuando Chávez fallece, el 5 de marzo de 2013, Salazar ostenta el rango de capitán de corbeta (equivalente a mayor o comandante) y por su historial de confianza pasa a disposición de Cabello, quien lo suma a su equipo de seguridad en la Asamblea Nacional.

La DEA relata la relación de Salazar con Cabello de esta forma: “Aproximadamente en 2013, el Testigo 2 fue reasignado para asistir a Cabello. En esa época, el Testigo 2 acompañó a Cabello y otros en un vuelo privado al Aeropuerto Internacional Josefa Camejo cerca de Punto Fijo (norte, Venezuela)”.

“Cuando llegaron –continúa el relato–, el Testigo 2, Cabello y otros se subieron a un vehículo para dirigirse a Cabo San Román, escoltados por carros de seguridad. Durante el trayecto, Cabello llamó a Carvajal y le preguntó dónde se encontraba. Cuando llegaron, el Testigo 2 vio a Carvajal cerca de la playa escoltado por un destacamento de seguridad fuertemente armado”.

En ese momento Salazar “observó a hombres cargando fardos de lo que parecía ser cocaína en lanchas rápidas y escuchó a Carvajal decirles a los hombres de las lanchas que se fueran”.

El norte es el sur

Bajo la lógica de los agentes antidrogas estadounidenses, el hecho de que desde las oficinas de los servicios de inteligencia de Venezuela se ofreciera respaldo a los traficantes de cocaína afectaba no solo su labor de interdicción en la esfera regional, sino mundial.

La DEA no cuenta con representación en Venezuela desde 2005 luego de que Chávez prescindió del acuerdo con Estados Unidos en materia de lucha antidrogas, al alegar que la agencia ejecutaba operaciones de espionaje.

En 2009, conforme un número importante de capos de la droga estaban asentados en Venezuela, Carvajal y otros funcionarios de gobierno, según el documento, “vieron la oportunidad para establecer relaciones con importantes narcotraficantes internacionales”.

“El Testigo 3, quien trabajó con funcionarios venezolanos entre 2008 y 2014, fue reclutado para actuar como consultor en relación con los grupos paramilitares en Colombia y el tráfico de drogas, una labor que desempeñaba en el pasado esta persona”.

Un asociado de Carvajal en el narcotráfico le pidió al Testigo 3 que elaborara un informe para expandir sus negocios “porque estaban interesados en encontrar más traficantes que pagaran por usar rutas de narcotráfico establecidas en Apure y bajo su control”.

El papel del Testigo 3 y su relación con una persona asociada a Carvajal, que luego se haría informante de la DEA e identificaría cómo el “CC1” es clave durante el período de 2009 a 2014, cuando se da, según los archivos, una mayor participación de “El Pollo” con los carteles de la droga colombianos, mexicanos y las FARC.

“En abril de 2014, el Testigo 3 viajó a Venezuela y participó en reuniones con Carvajal y el CC1. El grupo habló sobre actividades anteriores de tráfico de drogas y suministro de armas, incluidos explosivos para las FARC”.

En esta cita “Carvajal también indicó que estaba al tanto de que Estados Unidos lo investigaba por su participación en el tráfico de drogas”, razón por la que evitó salir del país sin protección legal alguna, por lo menos, con inmunidad diplomática.

Para Carvajal, 2014 es un momento particular: Chávez había fallecido el año anterior y Maduro le había asignado de nuevo, en abril de 2013, la jefatura de la inteligencia militar, aunque duró en el cargo ocho meses tras los cuales pasó de nuevo a retiro.

En ese lapso y hasta 2015 “El Pollo” anidó en la vida civil para buscar una curul como diputado a la Asamblea Nacional, la que consiguió en las elecciones parlamentarias de 2015, cuando la oposición se hizo mayoría y tomó el control del Poder Legislativo.

En esos años como diputado, Carvajal se defendió de las acusaciones de ser un supuesto colaborador del narcotráfico. Llegó a pedir a la entonces fiscal general, Luisa Ortega Díaz, que lo investigara penalmente, pero nunca se dieron a conocer imputaciones en su contra dentro de Venezuela.

Una investigación de ITEMP reveló en septiembre de 2020 que la ahora exfiscal Ortega Díaz estuvo dispuesta a certificar ante la justicia española que no existían acusaciones formales en Venezuela contra el exjefe de los servicios de inteligencia, una aseveración que fue cuestionada por opositores al régimen de Maduro.

Iván Simonovis, el exjefe de policía de Caracas que fue encarcelado en 2004 con falsas acusaciones y mantenido en cautiverio durante casi 15 años, sostuvo que “el historial del señor Carvajal siempre estuvo manchado por su relación con líderes del narcotráfico en Venezuela. En varias oportunidades las investigaciones de droga que ejecutábamos terminaban señalándolo. Inocente, le puedo asegurar, no es”.

Simonovis, quien escapó en abril de 2019 y llegó a Estados Unidos para sumarse desde el exilio al proyecto del presidente interino Juan Guaidó desde la Asamblea Nacional, advirtió que la eventual caída de Carvajal “terminará por sellar muchos casos de narcotráfico en Venezuela, porque realmente él es una figura con mucho peso en esto”.

Un botín para todos

La mayoría de los testigos contra Hugo Carvajal en la última década fueron traficantes de drogas que, a cambio de dinero, trabajaron junto con él y el Cartel de los Soles para concertar la exportación de grandes cantidades de cocaína que tendrían como destino final los Estados Unidos, según la DEA.

Tras ser capturados y puestos a la orden de la justicia estadounidense, comenzaron a entregar información para recibir una reducción de condena, por cooperación, de conformidad con la Regla 35.

Es lo que hizo el Testigo 4 que, de acuerdo con el informe de la DEA, “estuvo involucrado en el tráfico de drogas a gran escala en Colombia y Venezuela desde 1996. Trabajó con proveedores de cocaína, militares venezolanos, controladores aéreos y las FARC”.

Al Testigo 4, expone el documento, “Carvajal (lo) ayudó a investigar un ataque e interdicción en una pista de aterrizaje clandestina” que estaba bajo control del capo. “Este preguntó al general si el ejército venezolano había realizado alguna operación en el área, a lo que (el acusado) respondió que no, y accedió a investigar el asunto”.

“Carvajal viajó al área y le dijo al Testigo 4 que se aseguraría de que no hubiera más operaciones como esta en el área en el futuro”.

La discusión sobre los precios de los cargamentos de cocaína entre los narcos era otro punto donde “El Pollo” salía a relucir, porque sus honorarios eran constantes y elevados.

A lo largo de cuatro años, entre 2006 y 2010, con Carvajal como director de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM), otro prominente narcotraficante (Testigo 5) que trabajó con el Testigo 4, confesó que el general venezolano estuvo involucrado en numerosos cargamentos de cocaína con su socio.

Solo el Testigo 5 “estuvo regularmente en contacto por teléfono y en persona con el Testigo 4 en relación con al menos siete cargamentos de cocaína”. Al discutir ambos los precios y la logística para el transporte de estos alijos, el Testigo 4 dijo varias veces “que los costos de transporte incluían sobornos para funcionarios corruptos venezolanos, incluido el ‘el general Carvajal’”, refiere el documento.

La mano derecha

Cuando en mayo de 2018 el Departamento del Tesoro señaló que Carvajal tenía como uno de sus colaboradores a Pedro Luis Martín Olivares, un veterano exagente de los servicios de inteligencia venezolanos, buscaba cortar los tentáculos con los que el general presuntamente extendió sus contactos con la mafia en compañía de su colega.

Martín Olivares, exjefe de inteligencia financiera de la policía política venezolana, fue incluido por el Tesoro en su lista de narcotraficantes. Desde 2015 está entre los prófugos más buscados por la DEA al revelarse una acusación por conspirar para traficar drogas hacia Estados Unidos.

Durante sus años de servicio, el fiscal del Distrito Sur de Florida, Richard Gregorie, interrogaba a sus detenidos sobre el papel que tendrían Carvajal y Olivares en las actividades de narcotráfico y lavado de dinero que ejecutaban.

Gregorie fue el fiscal que abrió la Caja de Pandora tras acusar a Carvajal por primera vez ante los tribunales estadounidenses. A su juicio, el general “jugó un papel importante en la corrupción que abarcó a Chávez y Maduro. Hugo Carvajal es testigo de primera mano de hechos significativos y movimientos de dinero en el régimen corrupto de Venezuela”, advirtió en una entrevista con ITEMP.

Al venezolano Antonio Arvelaiz, arrestado en 2015 por nexos con lavadores de dinero, el fiscal Gregorie lo entrevistó por varios asuntos. Sus declaraciones sirvieron para engrosar los expedientes de Carvajal y Martín Olivares e investigar la relación de Carlos “El Gordo” Orense, un presunto narco venezolano de alto nivel, con Tareck El Aissami.

“El Pollo, al igual que Pedro Luis, nos suministró credenciales oficiales de los servicios de inteligencia para que Orense Azocar pudiera transitar libremente por Venezuela, nos dio armas oficiales y suministró vehículos del Estado”, según relató Arvelaiz a los fiscales, contó en una entrevista con ITEMP.

En los negocios de trasiego a otros narcos “Orense, Carvajal y Martín Olivares cobraban un porcentaje por la custodia y paso de mercancía, por cuadrar radares aéreos para la salida de aviones y el resguardo y salida de lanchas”, agregó Arvelaiz, quien fue el pulmón financiero de la organización que movió “El Gordo Orense”.

“Carvajal hizo mucho dinero, muchísimo, porque cobraba por todo. Si no, recibía buenos regalos de sus socios; nosotros le dimos buenas pagas en dólares”, alertó el testigo en una entrevistadesde la prisión donde pagaba condena.

Hugo Carvajal Barrios sirvió como un guía turístico en la jungla de la ilegalidad para los criminales que querían una estancia en Venezuela realmente tranquila y segura. Era necesario, en todo caso, ganarse su favor, quizá dispensándole una buena paga, o por orden de Chávez.

Cuando en septiembre de 2019 la justicia española rechazó extraditar al general venezolano hacia Estados Unidos, el fundamento de su decisión fue que las pruebas y acusaciones tenían un tinte político y no criminal, y se quería más a Carvajal por lo que sabe del chavismo que por lo que habría hecho.

El vasto acervo de alegatos y pruebas que desde hace años reposan en las cortes de Estados Unidos contra el antiguo confidente de Chávez son una de las tantas radiografías de cómo los jerarcas del poder en Venezuela se corrompieron con el fin absoluto de perpetuarse o enriquecerse.

Son pocos los políticos del régimen o la oposición en Venezuela que quieren aparecer refiriéndose a este misterioso personaje del poder oculto del chavismo. Para bien o para mal, hay un aura de misticismo sobre lo que él sabe de cada una de las personas que por años vigiló desde la cima del poder. El temor a esas posibles verdades –o calumnias— son un escudo para Carvajal.

A sus 60 años de edad, sin duda, “El Pollo” tiene mucho que contar sobre el trasfondo del poder de la Venezuela bolivariana que Chávez edificó, pero lo más seguro es que de sus propias verdades nunca hablará.

Creer que solo actuó como un escudero del presidente Chávez al servicio de mafias o la ilegalidad es restarle responsabilidades a su accionar. Será con la restitución del orden democrático venezolano que pueda darse el primer paso para hacer justicia o lograr su absolución, aunque Washington no descansará hasta verlo en el banquillo de los acusados, o tras las rejas.

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